Onomástica con ausencia

Triana vivió ayer un atípico 26 de julio, ya que la imagen de Santa Ana no se encontraba en la parroquia por restauración

La parroquia de Santa Ana, ayer,  con la lona que simula el altar mayor.
La parroquia de Santa Ana, ayer, con la lona que simula el altar mayor.
Diego J. Geniz

27 de julio 2009 - 05:03

Macetas de mejorana a los pies del prebisterio, campanario engalanado de banderolas, trasiego de tostadas y cafés en Vázquez de Leca a primera hora de la mañana, misas diurnas y vespertinas, templo que no se queda vacío de fieles... La descripción es idéntica a la de cualquier 26 de julio en Triana, el día de Santa Ana, la titular de la parroquia más antigua de Sevilla.

La estampa es igual a la de todos los años, sólo que en esta ocasión no se encontraba la imagen de la Abuela de Jesús, lo que no fue óbice para que los trianeros volvieran a demostrar su devoción por la que consideran su patrona, que va más allá de una representación iconográfica, máxima que, por tópica y manida que parezca, pudo constatarse ayer durante la jornada en la que el arrabal conmemoró la onomástica de la Madre de la Virgen.

La fiesta se inició el día anterior con las Nanas a Santa Ana desde el campanario de la parroquia, una melodía con la que la banda del Cristo de las Tres Caídas anunciaba la llegada del día grande entre el humo y el colorido de las bengalas. Después el periodista Moisés Ruz saludaba a la santa en un presbiterio cuyo fondo lo constituía un trampantojo con la foto del grupo escultórico de Santa Ana, la Virgen y el Niño que el IAPH restaura junto al retablo.

No era la única representación de este misterio maternal, que se repetía en el grupo argénteo que se aloja en la Custodia del Corpus trianero, colocado sobre el altar, así como la miniatura que contiene el portapaz gótico (un antíquisimo objeto de gran valor artístico) que se dio a besar en sustitución del besamanos a la Santa que comienza todos los años en la madrugada del día 26.

Por la mañana las devotas que se acercaron a Triana, muchas procedentes de localidades cercanas, se encontraron con la última etapa de la vuelta ciclista a Sevilla. Frente a un pelotón de maillots apretados y piernas depiladas, estas mujeres llegaban provistas de su inseperable abanico a un templo que suponía un gran alivio ante las altas temperaturas que ya se registraban a primera hora. Muchos devotos no se habían enterado de que la imagen de la Santa no se encontraba allí hasta llegar a las plantas del mismo altar mayor. No importaba. Los rezos continuaron hasta que se cerraron las puertas del templo. No hay ausencias en Triana que puedan con esta devoción.

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