La Península del Lago y dos Islas Mágicas
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Efémeride. En el trigésimo aniversario de la Exposición Universal de 1992, Antonio Rodríguez Almodóvar reúne en Sevilla a comisarios de los pabellones autonómicos
El Ayuntamiento surgido de las elecciones municipales de 1979, las primeras de la democracia, coincidió con el cincuentenario de la Exposición Iberoamericana de 1929. Cuatro munícipes de diferentes partidos tuvieron un protagonismo fundamental en la Exposición Universal de 1992, aunque el acontecimiento que les tocó organizar, en tiempos muy difíciles (incluidas las restricciones de agua) fue el Mundial de Fútbol de 1982 que ganó Italia, del que Sevilla fue una de las sedes, cuartel general de la selección de Brasil.
Tres de los cuatro encabezaron las candidaturas de sus respectivos partidos a la Alcaldía. El andalucista Luis Uruñuela fue el alcalde y como tal asistió a las primeras reuniones del Bureau Internacional de Exposiciones (BIE) con sede en París, que adjudicó a Sevilla el certamen de 1992 que debía organizar al alimón con Chicago. El nuevo alcalde de esta ciudad norteamericana, que ya acogió la Exposición de 1893 (conmemoraba el descubrimiento de América cinco años antes de que España perdiera su última colonia) se desvinculó del proyecto, que quedó sólo para Sevilla.
Antonio Rodríguez Almodóvar fue el candidato más votado de la izquierda, cabeza de lista del PSOE, pero el tripartito formado para que no gobernara la UCD lo dejó sin la Alcaldía. Le tocó ser delegado de Educación y alcalde accidental. Hizo de sus Cuentos a la luz de la lumbre un best-seller, Ana María Matute le llamó el tercer hermano Grimm, participó con Borges, Calvino y Torrente Ballester en el Seminario de Literatura Fantástica de 1984. Fue comisario del pabellón de Andalucía. Actual sede de la RTVA, obra del arquitecto Juan Ruesga Navarro, colaborador de Diario de Sevilla, es el único que queda en pie de los pabellones autonómicos junto al Lago. Los demás fueron absorbidos por Isla Mágica. Rodríguez Almodóvar recibe hoy, trigésimo aniversario de la inauguración de la Expo, a media docena de comisarios de aquella España de las autonomías que trajo obras de Tapiès o Antonio López, el mapa de Juan de la Cosa o el submarino de Isaac Peral. Los pabellones de Aragón, Asturias y Galicia fueron reubicados y siguen en pie en Zaragoza, Gijón y Santiago de Compostela, respectivamente. Hoy volverán a la Cartuja los comisarios de Aragón (Francisco Javier Mateo), Asturias (Eduardo Méndez Riestra), Canarias (Pedro Bordes Benítez), Euskadi (Iñaki Irusta), La Rioja (Jacinto Antón) y Navarra (Alfonso Bañón Irujo).
El candidato más votado en aquellas municipales del 79 fue Rafael López Palanco, ingeniero de Caminos y catedrático emérito de la Escuela de Arquitectura. Abandonó muy pronto la Corporación y jugó un papel esencial en el equipo de Manuel Olivencia cuando éste fue nombrado comisario de la Expo 92. El ingeniero López Palanco se adentró en lo que era una ciénaga informe como la Doñana que describía Caballero Bonald en las primeras páginas de Ágata ojo de gato.
Víctor Pérez Escolano figuraba en la lista del Partido Comunista de Andalucía que encabezaba Alonso Balosa y de la que también formaba parte su actual esposa, Amparo Rubiales. Era uno de los cuatro arquitectos de la Corporación, uno por partido, un auténtico grupo mixto: Francisco Pavón (UCD), Vicente Sanz (PSA), Javier Queraltó (PSOE) y Víctor Pérez Escolano (PCA). Este arquitecto abrió en el Espacio Santa Clara con la periodista Charo Ramos, en presencia del alcalde Antonio Muñoz, unas jornadas tituladas La Sevilla de las Modernidades para preparar el centenario del 29. Pérez Escolano dirigió el Museo de Arte Contemporáneo siendo todavía estudiante. Publicó la biografía de Aníbal González (reeditada, como también Rodríguez Almodóvar ha reeditado su novela Variaciones para un saxo). Estudió la carrera en edificios del 29: la empezó en el pabellón de Brasil y la terminó y ejerció la docencia en la Escuela construida sobre el pabellón de Málaga.
El biógrafo de Aníbal González que hizo su tesis doctoral sobre Juan de Oviedo habló de ese doble carril de Sevilla, la tradición y la modernidad. Estudioso del regionalismo arquitectónico, su generación coincidió con el crepúsculo de Gropius, Mies van der Rohe o Le Corbusier. La Expo de Sevilla fue un caso atípico de un tipo de certámenes que apuestan por ciudades septentrionales e industriales: Osaka, Montreal, Barcelona. "En reuniones en Madrid o Barcelona tenía que escuchar críticas a que la primera línea de alta velocidad fuera de Madrid a Sevilla".
El río sigue siendo para este arquitecto la asignatura pendiente. Cree que la ciudad está en deuda treinta años después con Jacinto Pellón y que el mejor pabellón de la Expo fue el de la Navegación, de su compañero de promoción Guillermo Vázquez Consuegra. Las Exposiciones traen un aire ecléctico de concordia que Víctor Pérez Escolano vincula a la reconciliación nacional que postuló el Pecé para que los hijos de los ganadores y los de los perdedores "pudieran ir juntos, se casaran, salieran en la misma cofradía o fueran socios de la misma caseta".
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