Recados de Almagro y Hernán Cortés
Calle rioja
Literatura. Un peruano que vino a Sevilla y un andaluz que fue al Perú unidos por una novela, 'Hijos de la espuma del mar', en La Carbonería.
UN peruano que vino a Sevilla. Un andaluz que viajó al Perú. Ambas trayectorias se juntaron en la presentación de una novela, Hijos de la espuma del mar (En Huida), de Arsenio Moreno. Fernando Iwasaki, sevillano del Perú, se siente deudor de los trece del Gallo, los héroes de la historia que cuenta Arsenio Moreno en su novela, que el lunes se presentó en La Carbonería. Quien suscribe era el único de los tres que nunca ha estado en el Perú. Camino de la presentación, encontré algunos signos: los apellidos Campos Dávila y la palabra Oculista en un piso de la Encarnación, sobre el bar La Centuria. Un médico bético, peruano de Arequipa. Donde termina Regina me encontré con Luis Miguel Martín Rubio. El que fuera concejal en el Ayuntamiento de Soledad Becerril tiene dos nexos peruanos: el primero, su reciente encuentro en Nueva York con Mario Vargas Llosa, con quien se fotografió; el segundo, que sus apellidos aparecen en la cuidada bibliografía del libro de Arsenio Moreno, aunque María del Carmen Martín Rubio, autora del libro Francisco Pizarro el hombre desconocido no sea pariente del concejal, pues se trata de una americanista que da clases en la Universidad de Palma. La estela de Pizarro no estuvo sola en La Carbonería. Acudieron dos paisanos de Diego de Almagro, el otro socio de Pizarro, amén del tercer hombre, el cura Luque. La estatua ecuestre de Almagro preside la plaza mayor de la ciudad manchega famosa por su Corral de Comedias y las berenjenas de Almagro, la misma plaza donde desemboca la calle Ramón y Cajal en la que vivían mis abuelos y donde Pedro Almodóvar rodó parte de La flor de mi secreto. En La Carbonería estaban Encarnación Naranjo y Ramón Antequera, embajadores de Diego de Almagro. Muy cerca del local de Paco Lira (su hijo Sergio recibía y tocaba la guitarra), está el convento de Madre de Dios, donde están enterradas Juana Zúñiga y Catalina Cortés, viuda e hija de Hernán Cortés, la parte contratante de la primera parte, de la conquista de México.
Iwasaki habló primero por miedo a perder el último tren de San José de la Rinconada. Entre el público, Ramón Bocanegra, del grupo teatral La Tarasca, que llevó a escena el otro libro de Arsenio Moreno que figuraba en el puesto de venta, 'Roldana'. Nombre de la histórica librería de Sevilla que regentó José Luis Rodríguez del Corral. Durante la presentación, era incesante la llegada de extranjeros, japoneses la mayoría, que acudían al espectáculo flamenco en el patio, presidido por un cartel de El Cabrero.
Arsenio Moreno fue alcalde de Úbeda y director del Museo de Bellas Artes de Sevilla. La historia la centra en un paisano, Alonso de Molina, que tiene calle en su ciudad natal. Se inventa un regreso a la patria chica que nunca se produjo, para reencontrarse con don Lope, un personaje de ficción muy verosímil. Pizarro, Almagro, Molina, Peralta: extremeños, manchegos, andaluces de interior, tipos sedentarios que se hicieron a la mar de lo desconocido. En el caso de Molina, hombre de frontera. No es casual, lo ha contado muchas veces Eslava Galán, que en un palmo de terreno, con seis siglos de diferencia, en Jaén se libraran las dos batallas más importantes de la historia de España, Las Navas de Tolosa, en 1212, y Bailén, en 1808. Justo en medio, primer tercio del siglo XVI, esta gesta de abril de 1531. De una España con reyes que nunca pusieron los pies en América, pero cuya contribución fue decisiva: Isabel la Católica firmó con Colón las Capitulaciones de Santa Fe en 1492; la conquista del Perú tiene lugar en la época de Carlos V, ahora protagonista de una serie televisiva; y a su hijo, Felipe II, lo llama Hugh Thomas El señor del mundo en su biografía.
Alonso de Molina viene de Úbeda a Sevilla para embarcarse. En Sevilla se hospeda en una casa de la calle Galera, conoce una ciudad de patíbulos y beaterios, de motines y picaresca, ciudad que es, dice el autor, madre de los forasteros y madrastra de los naturales. En mi modesta aportación, hablé de Carmen Balcells, la editora que se ha muerto en Barcelona en plena campaña electoral. Si ella fue la madre del boom latinoamericano cuando Barcelona era la capital literaria de España, García Márquez era amigo de Vargas Llosa e Isabel Preysler estaba casada con Julio Iglesias, aquellos cronistas que ha leído Arsenio Moreno para esta novela (Pedro Cieza de León, Bernal Díaz del Castillo, Gonzalo Fernández de Oviedo, López de Gomara, Francisco de Jerez) abrieron la trocha de este realismo mágico, aventureros y cronistas que antes fueron soldados, que filtraron la tinta de sus escritos en la sangre, sudor y lágrimas.
Los españoles descubrieron un continente habitado por el oso hormiguero, recordó Iwasaki, y dejaron que otros trajeran la papa, el tomate y el chocolate. Al menos no fueron ellos los que llevaron la guillotina, especialidad de los franceses.
También te puede interesar
Lo último