Sevilla

Sevilla dejará pasar cuatro olimpiadas para volver a concurrir

  • El Consistorio sólo recuperaría el interés por presentar una cuarta candidatura para 2028 si el Comité Olímpico Español lo pidiera, y nunca en competencia con otra ciudad nacional

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Más que sueño olímpico, el entusiasmo político de Sevilla por optar a celebrar unos Juegos Olímpicos está todavía en fase de duermevela. Las tres derrotas anteriores de la capital andaluza en la preselección de los Juegos de 2004, 2008 y 2012 y, sobre todo, la intromisión en la carrera de la capital española, Madrid, que lo intentó por segunda vez en su historia para 2012, estando a punto de conseguirlo, forzaron al gobierno local de Sevilla a apearse de la pugna y dejar el camino libre de las próximas convocatorias a la sede madrileña por lo menos hasta 2020.

Así, al menos, quedó recogido por escrito en un documento institucional suscrito por la junta de gobierno local el pasado mandato en el que el edil de Presidencia, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis (PSOE), reconocía la "prioridad de Madrid", a la que dejaba "camino libre y exclusividad" en la convocatoria de 2016, en primer lugar, y en la de 2020 si no tiene éxito en la anterior. "Sevilla lo ha intentado en más de tres ocasiones y lo lógico es que Madrid tenga prioridad porque ha quedado en óptima posición", defiende Celis.

Sin embargo, la ventaja dada a la plaza madrileña hasta 2020 es relativa. Entra ahí la regla no escrita del Comité Olímpico Internacional (COI) de la alternancia de continentes para la celebración de los Juegos Olímpicos, lo que se viene cumpliendo prácticamente desde 1912, el inicio de la era moderna. La premisa interna con la que trabaja el Consistorio hispalense es la no volver a presentar una candidatura en competencia con otras capitales españolas, en este caso con Madrid. Fuentes municipales aseveraron que "sólo si el Comité Olímpico Español y los máximos responsables de Deporte en el Gobierno central entienden que a España le interesa presentar una candidatura y que ésa sea Sevilla, la ciudad daría el paso al frente con su clase política en primera fila".

Las posibilidades de que Sevilla recupere el pulso olímpico, por tanto, rebasarán el calendario de 2020. Tras Londres 2012, Madrid volverá a presentarse para 2016 -cita poco probable, ya que implicaría la celebración de dos Juegos Olímpicos en Europa- y en 2020, año para el que la capital española tiene las mayores probabilidades de éxito. Tanto si Madrid consigue ser sede como si no en 2020, se entiende que la ciudad que organizará los Juegos entonces será europea, lo que implicaría que las aspiraciones de otras capitales del viejo continente, entre ellas Sevilla, sean aplazadas a 2028, saltando la cita de 2024 en tanto en cuanto se supone que el COI preferirá cambiar de continente.

El alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín (PSOE), parece no contar con el mismo entusiasmo olímpico que sí compartieron sus predecesores en el cargo, tanto Alejandro Rojas Marcos (PA) -el verdadero instigador de la causa olímpica hispalense- y, por simpatía de socio de gobierno, Soledad Becerril (PP). Tanto es así que la principal construcción que alimentó el sueño de Sevilla durante los años del frenesí olímpico, el Estadio de la Cartuja, ha sido expuesto por el regidor socialista en más de una ocasión como ejemplo del "despilfarro" más absoluto de los ejecutivos locales anteriores, que invirtieron más de 123,3 millones de euros en la década de los 90 en el conocido como Estadio Olímpico, monto que no incluye los intereses de la deuda suscrita. La rentabilización del espacio por el gobierno local también ha dejado mucho que desear en estos años. El deseo abortado de convertirlo en estadio único de los dos clubes de fútbol de la capital, Sevilla y Betis, tras su inauguración en 1999 poco antes del Campeonato del Mundo de Atletismo derivó en una suerte de abandono del que salió puntualmente para la celebración de encuentros futbolísticos internacionales, conciertos y, ya en el tramo final, de la celebración de la final de la Copa Davis.

Resucitar el sueño olímpico, ahora, no es tarea fácil, sobre todo porque siguen pesando los puntos negativos citados en un informe por el COI en 2003, cuando Sevilla se apeó de la carrera olímpica tras tres derrotas consecutivas. El principal reproche abundaba en la tesis de fondo de que una ciudad con 700.000 habitantes carecía de tamaño, de infraestructura suficiente y de peso en el contexto internacional como para aspirar a organizar unos Juegos. Casi 15 años después de que Sevilla presentara su primera candidatura al rebufo del éxito de la Expo 92 y de los Juegos de Barcelona y con la bendición de Samaranch -tanto fue así que pasó el primer corte olímpico del COI y llegó a Lausana sin competencia nacional alguna-, la ciudad está pendiente aún de materializar los mismos proyectos reseñados por entonces por el Comité Internacional como sus graves carencias: el Metro y la SE-40, entre otras.

El alto en la camino por el que Sevilla ha apostado le ha apeado del selecto grupo de capitales no que aspiren ya a organizar unos Juegos, sino al menos en ser ciudad candidata. Lograrlo significa codearse por igual con la grandes urbes, aquellas capaces de aguantar durante 15 días a cientos de miles de personas y exportar al universo avances tecnológicos y solvencia económica. Quizás nunca se celebren unos Juegos Olímpicos a orillas del Guadalquivir, pero la campaña publicitaria a nivel planetario que conlleva optar a ellos bien merecen un puñado de millones de euros de inversión y alguna que otra confrontación.

La primera candidatura presentada por Sevilla para los Juegos de 2004 fue un ejemplo de ello. Entonces pasaron el corte Atenas -que fue la sede-, Roma Estocolmo, Buenos Aires y Ciudad del Cabo. Quedaron fuera San Juan de Puerto Rico, Río de Janeiro, Estambul, San Petersburgo, Lille y Sevilla. Lo mismo ocurrió en 2008, cuando la capital de Andalucía quedó emparejada con las perdedoras -Kuala Lumpur, Bangkok, El Cairo y La Habana- frente a las que pasaron el corte, Pekín -la vencedora-, París, Osaka, Toronto y Estambul.

Entonces, Sevilla fue considerara por el COI como una "ciudad mediana de mediana entidad", un mensaje que hirió su orgullo y que le forzó a agachar la cabeza para dejar el camino libre a Madrid.

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