Las catedrales del campo Silos de Bellavista: los hitos invisibles del patrimonio industrial

Los dos silos de Bellavista, en terrenos donde construirá Metrovacesa. Los dos silos de Bellavista, en terrenos donde construirá Metrovacesa.

Los dos silos de Bellavista, en terrenos donde construirá Metrovacesa.

Marcos Pacheco

Escrito por

· María José Guzmán

Redactora jefe

Se conocen como las catedrales del campo, pero la Red de Silos y Graneros de España reparte algunos de estos almacenes no sólo en la llamada España vacía, también dentro de los núcleos urbanos, incluso en capitales como Sevilla, donde se sitúan dos edificaciones que sirven como argumento para abrir un debate sobre la necesidad de proteger este legado histórico, una oportunidad que se mide también en términos de rentabilidad económica: los silos de Bellavista.

Éstos y otros 158 en el resto de Andalucía han formado parte del perfil de muchos pueblos y ciudades y, aunque la inmensa mayoría están en desuso o incluso amenazados, siguen contando con grandes oportunidades para su reconversión y puesta en valor. Hasta mil y un usos que convertirían estos hitos de la ingeniería en referentes arquitectónicos de vanguardia para soluciones que van desde el ocio y el turismo a los servicios y el emprendimiento empresarial. 

Los silos y graneros nacieron en la postguerra como infraestructuras rurales con una ingeniería que, menos desarrollada y con otro diseño, ya existía en las sociedades más preindustriales y que se impulsó en España en los años 40 como parte de una política agraria que pretendía regular el precio de los cereales y garantizar a la población el acceso a los alimentos básicos. Hasta  1990  el Estado construyó en España casi mil unidades, un legado que se ha ido cediendo al caer en desuso por la liberalización de los mercados y la pérdida de su funcionalidad. 

Sólo en la provincia de Sevilla hay 35 y la mayoría son propiedad de la Junta de Andalucía. Algunos están cedidos a los ayuntamientos y otros tres, que eran propiedad del Gobierno central, han sido subastados en los últimos cinco años y adquiridos por empresas del sector. Hace una década que un grupo de investigadores denominado Silosygraneros.es, prácticamente el único que se ha interesado por este patrimonio industrial en España, realizó un inventario andaluz para la Junta de Andalucía que revelaba que, en esos momentos, tres de cada cuatro estaban en un estado de conservación bueno o muy bueno y disponibles para su adecuación inmediata a otros usos.

Entre estos investigadores figura el sevillano Carlos Mateo que apunta cómo incluso se hicieron varias propuestas de intervención y refuncionalización de algunas unidades estratégicamente elegidas. Pero diez años después casi todo sigue igual, a excepción de una rehabilitación en Fuentes de Andalucía, un proyecto en el que este grupo diseñó y asesoró al Ayuntamiento para convertirse hoy día en todo un referente internacional. Hoy se usa como un mirador y centro de interpretación. “Nunca pensé que podría llegar tan lejos, he recibido peticiones de información desde Brasil, Italia o Francia”, explica Mateo, que también ha trabajado para el Ministerio de Agricultura en la rehabilitación del silo que en la etapa franquista se construyó dentro del Castillo de Arévalo, hoy convertido en el único museo sobre esta temática y célebre por ser el lugar donde se crió Isabel la Católica. Otros silos de la provincia han sido refuncionalizados, tales como Arahal, Ecija, Pruna o Alcalá de Guadaíra, pero en su mayoría ha sido obviada la puesta en valor del legado agroindustrial como parte de su recuperación.

Este investigador, natural de Carmona, trabaja e investiga sobre patrimonio arquitectónico e industrial desde hace 15 años, en el ámbito nacional e internacional, pudiendo contrastar como la pasividad de las Administraciones ha hecho mella en tan imponentes edificios. Debido a ello, ya en 2011 puso el foco especialmente en los silos de Bellavista, cuya protección podría marcar un camino para la reutilización de este patrimonio industrial y la configuración de éstos como hitos urbanos que doten de simbolismo a nuestras aveces insípidas periferias.  Éstos dos silos son de titularidad autonómica y se sitúan en unos terrenos donde avanza un nuevo desarrollo urbanístico: Palmas Altas. Quizás pasan inadvertidos para la mayoría de la población, pero son muy visibles desde el Puente del Centenario y suponen un hito en una zona de crecimiento de la ciudad carente de otros referentes y eso es ya un argumento para defender su protección.

Ambos se asientan en suelos propiedad de la Consejería de Agricultura, titular también de los silos que se usan en estos momentos como archivo y almacén de la Junta de Andalucía. Tanto estos edificios como un solar anexo, que fue cedido a la Consejería de Justicia, albergan el depósito judicial de vehículos que ahora la Junta de Andalucía planea trasladar porque quedará afectado por un proyecto urbanístico. Se trata de Isla Natura, un desarrollo de la inmobiliaria Metrovacesa que construirá un complejo de viviendas y zonas verdes y de ocio en estos terrenos de Palmas Altas.

Para dar entrada a este nuevo enclave residencial, Metrovacesa construirá una carretera, un vial que atraviesa dichos suelos y parte por la mitad el actual depósito judicial y que discurrirá por el centro de ambos silos que, de momento, no se verán afectados. En estos momentos se está a la espera de la liberación de estos suelos de Bellavista, impasse propicio para replantear el futuro de estos dos grandes almacenes para los que el equipo de Carlos Mateo ya elaboró hace una década un proyecto que fue entregado a la Consejería de Justicia.

Se trataba de convertir los silos, o uno de ellos, en un depósito  automatizado, esto es, aprovechar la gran capacidad estructural de estos silos de hormigón armado para dotar todo su volumen para hacer un gran contenedor de archivos públicos que podría ir creciendo dada la disponibilidad de suelo anexo con la misma lógica volumétrica. En resumen, cambiar el peso del cereal por el peso del papel que las diferentes consejerías generan como parte de su diario trabajar.

Adicionalmente, el uso depósito es compatible con otros usos más recreativos tales como que las terrazas superior de estos silos (situadas a unos 25 metros de altura), cuyas vistas son algo inédito, pudieran albergar un restaurante, mirador o sala para eventos, entre otras ideas que Mateo pone sobre la mesa.

Los silos de Bellavista forman una bonita composición arquitectónica, diríamos que son dos grandes columnas, podrían convertirse en la puerta de entrada de ese nuevo barrio en la zona sur y dotar de identidad a esa zona periférica, convirtiéndose en referentes donde no hay otros históricos o culturales de semejante escala. Además, harían de transición con una zona que también se transformará, el distrito portuario que está en proceso de reconversión e integración en la ciudad. “Buscar una identidad a esos barrios de la periferia es una política que se ha seguido en ciudades como Madrid, con Sanchinarro por ejemplo, o en Ciudad del Cabo, donde ahora lo más distinguido es el Silo District, o en Buenos Aires con la zona del Puerto Madero”, comenta Mateo.

En Bellavista la oportunidad está en mantener estos silos, definir su futuro uso y no derribarlos. Ello pondría en escena una alianza público-privada también referente en el modelo de gestión de las nuevas ciudades, una operación que tendría igualmente un atractivo tanto en términos patrimoniales como económicos. Y basta una estimación que aporta Mateo: derribar los silos de Bellavista puede suponer 300.000 euros, sin contar el costo ambiental. “Y otro ejemplo, para barajar un cálculo: el silo de Fuentes de Andalucía se rehabilitó por 375.000 euros y tirarlo costaba el 25%”, añade.

“Establecer una adecuada estrategia de intervención es una de los puntos fuertes de nuestro equipo”, comenta Mateo, quien desarrolló en 2009 un catálogo de estrategias de intervención en estos singulares edificios de concreto basado en casos de éxito internacionales y nacionales. Seguir estos pasos para el caso de Palmas Altas sería un valor añadido a los barrios periféricos de la capital, en ocasiones a la sombra del espectacular tejido monumental del centro.

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