Testigo de la historia de tres siglos
Hostelería
La Bodega San Lorenzo, fundada en 1864, celebró este miércoles sus 160 años de historia Forma parte del Círculo de Restaurantes Centenarios de España
En su libro San Lorenzo. Un barrio en la historia de Sevilla, de Ramón Cañizares, en una completísima cronología que arranca en el siglo XI, en que “se levanta el palacio de Bib Arragel por la dinastía de reyes musulmanes sevillanos en la zona del actual monasterio de san Clemente”, dice el autor al referirse al año de 1864: “Se derriba la Puerta de San Juan y la parte de la muralla perteneciente al barrio de San Lorenzo. Se acaba la Casa del Recreo de la Alameda conocida como de las Sirenas. Es adoquinada la plaza de San Lorenzo y parte de la calle Palmas. Se funda la Bodega de San Lorenzo en la calle Caldereros, hoy Juan Rabadán, 7”.
La Bodega de San Lorenzo celebró ayer por todo lo alto sus 160 años de historia. Una institución que ha aglutinado al barrio desde mediados del siglo XIX. Cuando nace todavía vive Gustavo Adolfo Bécquer y no ha nacido Rafael Montesinos. Dos de los grandes poetas de la ciudad de Sevilla, ambos vecinos de esta barriada, uno nacido en la calle Conde de Barajas y alumno del instituto San Isidoro; el otro en la calle Santa Clara.
Como los otros dos bares de la plaza, la Bodega de San Lorenzo también fue fundada por una familia procedente de la Montaña, ese movimiento migratorio que tantos nombres ha tenido: montañeses, jándalos, foramontanos, chicucos en Cádiz. Los otros dos, El Sardinero, donde trabajaban Juan y sus hermanos, y el bar San Lorenzo, con Fidel y Servando, cambiaron de propiedad aunque conservan sus nombres antiguos. La Bodega de San Lorenzo, que en los años veinte del siglo XX pasó a la familia que lo regenta en la actualidad, se mantiene fiel a sus orígenes después de cinco generaciones.
En las paredes están enmarcadas sus primeras escrituras a nombre de Manuel Acosta Sánchez y Daniel Saña y del Castillo y posteriores ventas y traspasos. Cuando cogió el timón Joaquín González Gutiérrez y después su hijo Joaquín González Salguero, emprendieron sendas reformas en 1947 y 1994 sin modificar lo sustancial. Eran muy llamativos los barriles de Sanlúcar detrás de su barra de caoba cubana en los que se acopiaban vinos como el moscatel, el oloroso, el vermut o la manzanilla. Forma parte del Círculo de Restaurantes Centenarios de España y aparece en el libro Más de cien años creando empresa en Sevilla, que editó la Confederación de Empresarios de Sevilla con patrocinio de Cajasol.
Cuando nace la Bodega, San Lorenzo es una barriada eminentemente industrial. Este establecimiento ha sido testigo de todos los vaivenes de la ciudad y del país a lo largo de tres siglos. Era lugar de encuentro de las hermandades cuando éstas no disponían de lugar para reunirse. Esta plaza, presidida por la estatua de Juan de Mesa, acoge las del Gran Poder, Buena Muerte (Bofetá) y la Soledad de San Lorenzo. En la Bodega de San Lorenzo nació la tertulia artístico-tabernaria Cuadernos de Roldán que ha editado casi un centenar de cuadernillos de otros tantos viajes.
Muchas cosas han cambiado en el entorno. Se jubiló Sixto Tovar, aunque Eslava sigue en buenas manos; Ramón López de Tejada traspasó la Abacería de San Lorenzo, en la esquina de Teodosio con Marqués de la Mina. Hasta el párroco de san Lorenzo (donde también lo fue Marcelo Spínola antes de ser cardenal de Sevilla) cambió: a Paco Reyes lo relevó Miguel Vázquez Lombo. Pero la Bodega de San Lorenzo sigue fiel a su estilo y a su clientela. Decano de los negocios montañeses junto a una plaza donde desemboca la calle Cantabria.
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