Las consecuencias sociales de la crisis

Trabajar ya no garantiza salir de la marginación

  • El 96% de los contratos firmados en la provincia el año pasado fueron temporales y a tiempo parcial

Una persona sin hogar duerme en un banco en la Plaza Nueva. Una persona sin hogar duerme en un banco en la Plaza Nueva.

Una persona sin hogar duerme en un banco en la Plaza Nueva.

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Otra de las nefastas consecuencias que ha dejado la crisis ha sido el empleo precario. El director de Cáritas Diocesana de Sevilla, Mariano Pérez de Ayala, incidió este martes en los peligros que entraña el nuevo modelo laboral. Para ello, hizo uso de los últimos datos estatales. El 96% de los contratos firmados en la provincia en 2017 fueron temporales y parciales. A ello se une un dato bastante preocupante: la tasa de riesgo de pobreza de las personas con empleo en Andalucía ha aumentado del 23% al 24,45% en tres años. Además, casi una cuarta parte de la población andaluza vive en hogares con una baja intensidad de empleo. Ante esta situación, Cáritas exige a las administraciones públicas y a los empresarios "promover un trabajo decente que permita vivir con dignidad", pues se demuestra que actualmente contar con un empleo no garantiza el abandono de la exclusión.

La recuperación económica queda lejos de las amplias capas sociales. Según Cáritas, el 41,7% de los andaluces sufren las consecuencias de la pobreza y el 78% se encuentra con serias dificultades para llegar a fin de mes, un panorama que no dista mucho del que se vivió durante la crisis, por lo que resulta difícil creer que la salida de la debacle haya supuesto también una mejora de las condiciones laborales. En la provincia, además, existen 67.799 personas (casi el 34% de los parados) que no reciben prestación alguna por desempleo.

Cáritas Diocesana cuenta actualmente en Sevilla con varios programas para hacer frente a la indigencia. El primero de ellos está dirigido a los inmigrantes, a través, principalmente, del Proyecto Nazaret. En él se otorga a las familias que proceden del extranjero las herramientas necesarias para desenvolverse con autonomía en la sociedad. En 2017 se atendió a 136 personas.

El programa para la inserción laboral se lleva a cabo a través del Centro Diocesano de Empleo. A él acuden personas de entre 26 y 55 años. Se trata de desempleados de larga duración, con bajo nivel formativo y con falta de cualificación profesional. Gracias a este programa 174 personas encontraron un trabajo el año pasado.

El Centro Amigo es otro de los medios que utiliza Cáritas para atender a personas en grave riesgo de exclusión social. Se trata de un centro de día donde se acompaña a quienes necesitan buscar un desarrollo y potenciar sus capacidades. El equipo de trabajo lo conforman 20 técnicos y 28 voluntarios. En 2018 acudieron a él 46 personas.

Otra de las apuestas de Cáritas Diocesana es la economía social, una de las medidas que más favorece la prosperidad en los hogares. Para ello, se ha creado la cooperativa Bioalverde, que ya ha creado seis puestos de trabajo para la inserción sociolaboral y ha puesto en marcha el segundo curso de formación en agricultura ecológica.

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