Un altar con tubos de la Feria y muchas grapas contra el viento

40 años de Juan Pablo II en Sevilla

Rafael Carretero se encargó de toda la logística de la gran ceremonia de beatificación de Sor Ángela

Así fue la visita del Papa Juan Pablo II a Sevilla en 1982

El escenario de la beatificación de Sor Ángela de la Cruz en Sevilla
El escenario de la beatificación de Sor Ángela de la Cruz en Sevilla / Departamento De Infografía

El arquitecto Rafael Manzano diseñó un altar del que no había precedentes ni se ha visto nada igual en ninguna de las numerosas visitas papales a otras grandes ciudades. Luis Becerra fue uno de sus grandes colaboradores. Y Rafael Carretero Moragas fue el gran brazo ejecutor del Ayuntamiento, el hombre que se responsabhilizó de toda la logística del campo de la Feria. Curiosamente, la Feria terminó centrando su carrera profesional, pues le correspondió su modernización y renovación. De hecho, la gran fiesta de abril que ha llegado a nuestros días es obra en buena medida de este Carretero.

Rafael Carretero Moragas con el Papa Juan Pablo II en 1982
Rafael Carretero Moragas con el Papa Juan Pablo II en 1982 / M. G.

Su padre, Rafael Carretero Flores, era el jefe de protocolo del Ayuntamiento de Sevilla cuando se produjo la primera visita de Juan Pablo II: el 5 de noviembre de 1982. Su carrera hoy sería imposible, pues ejerció de funcionario durante 55 años. Suya era la pluma con la que Juan Pablo II firmó en el libro de honor de la ciudad, en el escenario instalado en el Prado de San Sebastián donde la Corporación municipal recibió al jefe de Estado del Vaticano. El Santo Padre empleó la pluma, la bendijo y se la devolvió a Carretero Flores, quien con el paso del tiempo se la regaló a su hijo, que la conserva hoy como un auténtico tesoro.

Carretero Moragas era un aparejador municipal vinculado al Ayuntamiento desde 1969. Hasta de jefe de los Bomberos ha hecho cuando así se lo pidió el alcalde Luis Uruñuela, el mismo que le encargó toda la logística del altar y las parcelas de público de la ceremonia de beatificación de Sor Ángela. “Nunca se ha hecho nada igual”, le comentó al alcalde andalucista.

Plano de servicios de la beatificación de Sor Ángela oficiada por JuanPablo II
Plano de servicios de la beatificación de Sor Ángela oficiada por JuanPablo II / Departamento de infografía

Las parcelas debían organizar la presencia de 300.000 personas. El diseño era el de un gran abanico en semicírculo con radiales que eran las calles que debían garantizar la seguridad y facilitar un posible paseo del papamóvil que no fue ni mucho menos tan largo como se esperaba. El papa recorrió la calle central a su llegada, pero se marchó directamente del recinto al término de la ceremonia por orden repentina del jefe de seguridad. “Quizás vio demasiado nerviosismo y ansiedad en el público, que se quedó con las ganas de ver de cerca a Juan Pablo II cuando llegó. El atentado de la Plaza de San Pedro estaba reciente y es posible que no quisiera correr el mínimo riesgo. Dio la orden y allí nadie le discutió”, recuerda Carretero.

Rafael Carretero, en una imagen actual con el Guadalquivir de fondo
Rafael Carretero, en una imagen actual con el Guadalquivir de fondo / Juan Carlos Muñoz

Se congregaron muchas más de 300.000 personas y, por lo tanto, no tardó en difundirse la teoría del millón de asistentes. Para el altar se emplearon los tubos de la portada de la Feria, pues la empresa encargada era la que entonces y ahora se hace cargo de su construcción: Ferrovial. Muchos tubos, muchas grapas y todo bien lastrado para impedir el efecto de posibles rachas de viento. La espalda del bellísimo altar era una sucesión de contenedores de basura cargado de kilos de material para tenerlo todo bien fijado.

A las dos de la madrugada, Carretero Moragas se dio cuenta de un olvido: los urinarios para minusválidos. Telefoneó al responsables de la empresa Remsa, Antonio Álvarez, y le pidió unos retretes especiales que llegaron a las siete y media de la mañana. Cada parcela contó con urinarios, punto de venta de recuerdos y el de reparto de la sagrada comunión.

Dispuso un gran aparcamiento cercano para los cientos de autobuses que procedían toda Andalucía, puntos de venta de comida y bebida, pues el público comenzó a llegar la tarde previa; una estancia privada para descanso del Papa y otra para Doña María de las Mercedes y, por supuesto, unas dependencias que hicieron las funciones de sacristía para cardenales y prelados concelebrantes.

El Ayuntamiento se hizo cargo de toda la estructura del altar y del baldaquino donde se colocó el óleo de la nueva beata, una obra que fue regalada por el Arzobispado. El presbiterio estaba más preparado para garantizar la sombra que para evitar la lluvia. Por fortuna, el temido aguacero se produjo ya tarde, cuando todo había terminado. Por momentos se vivió un desastre con todo el altar empapado. Pero todo había salido bien. No hizo falta para nada el ala completa que se reservó del Hospital Militar para emergencias sanitarias.

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