Calle Rioja

Las tres batallas de La Roda

  • Inventario. La Casa de la Provincia hace honor a su nombre para presentar el libro de un historiador sobre la composición de los ayuntamientos en el Frente Popular.

AL cronista local le ha salido una crónica negra. Joaquín Octavio Prieto Pérez es un historiador nacido en La Roda de Andalucía, paisano de Silvio y de Fernando Rodríguez Villalobos, presidente de la Diputación, que ayer lo acompañó en la presentación de su libro Las corporaciones locales de la provincia de Sevilla durante el gobierno del Frente Popular. 1936.

Un libro con 1.144 protagonistas, los cargos públicos de los 102 ayuntamientos de la provincia. Sevilla capital aparece entre El Saucejo y Tocina por orden alfabético. Su alcalde, Horacio Hermoso Araujo, de Izquierda Republicana (el partido de Manuel Azaña) fue fusilado, corrió la misma suerte que otros 38 alcaldes de la provincia. Diecinueve fueron condenados a prisión, donde fallecieron otros cinco regidores municipales, nueve se exiliaron y sólo cinco consiguieron huir.

El libro lo presentó Juan Gallo, durante dos años comisario de la memoria histórica en Andalucía. Cuando Gallo recordó el cruento balance de la guerra en Sevilla, 12.507 víctimas, y comentó que "aquí no hubo guerra civil, no hubo batallas, fue un ejército golpista contra la gente", el autor de la obra abrió un frente de discrepancia. "En mi pueblo sí hubo guerra civil, hubo tres batallas", dice Prieto Pérez. Venían buscando pelea, y no precisamente la que jalonaba la canción de Antonio Molina que inmortaliza el rockero Silvio y utiliza Alfredo Valenzuela para titular su biografía.

La Roda de Andalucía era un nudo ferroviario y el pueblo, como la Ibiza en la que le cogió la guerra a Alberti, cambió tres veces de signo político. "Un teniente de carabineros se quedó con el pueblo y cortó las comunicaciones entre Madrid y Málaga", dice el nacido en La Roda. Del 21 al 29 de julio, inicios del Alzamiento, el pueblo fue republicano. Dos trenes militares llegaron para que La Roda volviera con los rebeldes.

El historiador ha rebuscado en los archivos municipales, aunque en algunos se encontró con los estragos de las riadas y en otros con "misteriosas desapariciones". La escasa información de los bandos de guerra da paso a una riquísima documentación cuando a partir de 1937 se ponen en marcha los consejos de guerra.

Un guionista se quedaría con lo que el autor del libro contó sobre los alcaldes de Peñaflor y Aguadulce, los socialistas Andrés Cañete y Juan Martín Guerrero. Ambos crearon sus propias columnas militares. El de Peñaflor, el pueblo donde se casó Blas Infante con María Angustias Parias, desarmó a la Guardia Civil. El de Aguadulce, en la Sierra Sur, "va a liberar Puente Genil e intenta ocupar Osuna".

Munícipes y sindicalistas fueron objetivos prioritarios de un aparato represor con nombres y apellidos: Gonzalo Queipo de Llano, Cuesta Monereo y Manuel Díaz Criado. El autor del libro pretende desmontar "el mito de la excesiva radicalización" de aquellos representantes municipales. 42 ayuntamientos estaban gobernados por el PSOE; 30 por la Unión Republicana que crea Diego Martínez Barrio en 1934; cuatro por Izquierda Republicana; uno por el Partido Republicano Democrático Federal y otro por el Partido Comunista.

Este profesor de Geografía e Historia en el instituto Joaquín Turina de Sevilla recorre toda la geografía de la provincia y a veces sale de ella para señalar los recónditos destinos donde encontraron la muerte o el presidio algunos de estos hombres que no habían cometido más delito que el de haber sido elegidos por sus vecinos. El concejal de Alanís Francisco Espínola Espínola, albañil de profesión, muere en la batalla del Ebro. Pedro Brenes Cantón, concejal de Burguillos, estuvo preso en la colonia penitencia de El Dueso, en Santander, esa cárcel evocada en un libro de poemas de José Hierro. Juan López García, edil de Pruna, fallece en la colonia penitencia de la isla de San Simón, en Pontevedra. Juan Capdepont Sánchez, concejal de Villamanrique de la Condesa, estuvo preso en el barco Cabo Carvoeiro.

Émulos de Papillón, en esta nómina de mártires civiles hay castigos más domésticos, como los dos concejales de Valencina que sufrieron sendas condenas de treinta años a trabajos forzados en el canal de los Presos. El autor estuvo acompañado por familiares, paisanos y colegas, es decir, historiadores y cronistas. Entre éstos, José Antonio Filter, conocedor de la intrahistoria de Cañada del Rosal. "No aparece porque todavía pertenecía a La Luisiana". Juan Ortiz Villalba, estudioso de la época y de los pormenores geográficos del conflicto, no pudo acudir a la presentación del libro de su amigo porque estaba inmerso en la batalla del Ateneo.

El libro lo ha editado el servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Sevilla que dirige Carmen Barriga. La única corporación provincial andaluza, recordó Juan Gallo, que suscribió un convenio para comprometerse en actividades relacionadas con la memoria histórica.

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