Adiós al multicines Alameda Las 2.700 butacas resistentes en los cines del centro de Sevilla

Las reconocible fachada del Alameda Multicines, en una imagen de archivo. Las reconocible fachada del Alameda Multicines, en una imagen de archivo.

Las reconocible fachada del Alameda Multicines, en una imagen de archivo. / Juan Carlos Vázquez

La noticia de la venta del veterano cine Alameda, pionero de las multisalas en la ciudad, y la futura construcción de un hotel en su solar supone, hasta el momento, la última baja en la larga lista de pantallas caídas en los diversos barrios de Sevilla durante las últimas décadas. ¿Recuerda nombres como Becquer, Apolo, Imperial, Fantasio, Corona Center, Cristina, Regina, Delicias, Florida, Rialto, Emperador, Azul, Alkázar, Rochelambert y otros tantos?

Con todo, el centro ha aparentado hasta la fecha una cierta resistencia a estos cierres encadenados que dejaron a tantas salas en el limbo de la memoria de sus espectadores. Pero con la metafórica caída del telón en el Alameda (994 localidades), la aldea gala cinéfila -si es que la cinefilia aún existe o cuenta- reduce su ya exiguo territorio a la apuesta por la versión original y el cine de autor en el Avenida 5 Cines (1.007 localidades); la programación convencional del también veterano Cervantes (1.000 localidades) y la indisimulada apuesta por el blockbuster del remodelado y reabierto complejo en la antigua Estación de Córdoba, rebautizado como Odeón Plaza de Armas (como Cinesa Plaza de Armas contaba con 732 localidades).

Las razones de esta paulatina desaparición de salas de proyección en la ciudad responden, sin duda, a cuestiones múltiples y complejas, muchas de ellas, sobre todo en los últimos años, relacionadas además con la conversión de los modernos centros urbanos en zonas de servicios. Entonces, ¿por qué no se quedan los cines? Al menos, los cines entendidos como servicios de ocio...

Quizás para explicarlo, más allá del urbanismo, haya que acudir a otra evidencia general constatable también en la rama cinematográfica de la industria cultural: la progresiva blockbusterización de su oferta, mayoritariamente centrada en ese público colonizador de los centros comerciales que atienden a grandes bolsas de población; complejos proclives a los títulos más taquilleros -con un indiscutible predominio estadounidense, claro- que, en el mejor de los casos, reservan una pequeña cuota a otras maneras de hacer y ver eso que antaño se denominó Séptimo Arte. El resto, se mire por donde se mire, es una mera reiteración de títulos.

Son esos gigantes, representados en la ciudad por Cinesur Nervión Plaza -con 4.379 localidades, capaz de ofrecer hasta 23 títulos en su cartelera-, Cinezona en Sevilla Este -ahora mismo con 17 películas en proyección para sus 1.647 butacas- y Arcos Cinema -14 títulos para un aforo de 1.723 espectadores-. Salvo salas resistentes en ciudades como Estepa, Lebrija, Marchena o Tomares, entre otras, es el mismo esquema repetido fuera de los límites municipales, pero siempre en el entorno cercano a la urbe, en localidades como Camas (Cinesa Camas, 2.200 localidades), Alcalá de Guadaíra (Los Alcores 3D, 2.011 localidades), Bormujos (Al Andalus Multicines, 2.809 localidades), Dos Hermanas (Cineápolis Multicines, 1.936 localidades) y Mairena del Aljarafe (Metromar Cinemas, 2.016 localidades).

Son esas modernas multisalas a menudo dotadas con las últimas novedades tecnológicas, a diferencia de ese Alameda ahora abocado al cierre, las que proporcionan el grueso de datos reflejados en estudios como el Anuario SGAE. Según el publicado en 2018, y que refleja datos de 2017, la provincia de Sevilla contaba entonces con 22 salas de proyección que, en su conjunto, sumaban 130 pantallas. Nada menos que 24 pantallas menos que cinco años atrás. Aunque el sector ha recuperado cierto empuje -en 2016 el número de salas cayó en la provincia hasta 16, el menor de los últimos cinco años-, las mismas estadísticas apuntan una rebaja en la oferta global: en 2016 todas esas salas ofrecieron un total de 177.094 sesiones; un año después, en 2017, con 3.782.407 usuarios que desembolsaron 20.055.740 millones de euros, fueron 162.935, lo que representa un 8% menos.

En paralelo a ese proceso de concentración de la oferta en centros comerciales, hay que atender también al profundo cambio en los hábitos de consumo de cine para buscar explicación al fenómeno de la desaparición de los cines convencionales. Es evidente que, tras el desembarco de las plataformas de streaming, cada vez vemos más cine en casa, sacrificando el placer de la pantalla grande por la perezosa comodidad del sofá. Y aún queda la guinda del pastel, ésta sí, íntimamente relacionada con los cambios urbanísticos y los procesos de gentrificación y turistificación que hoy experimenta Sevilla: ante un negocio de rentabilidad dudosa, cuando no inexistente, ¿quién se resiste a la golosina de un solar edificable en plena Alameda de Hércules?

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