Los cielos que ganamos

Calle Rioja

Fue un niño sin libros que a los 12 años abandonó el colegio y se puso a trabajar en un taller de bicicletas.

Francisco Correal

Sevilla, 26 de abril 2011 - 09:44

Fue un niño sin libros que a los 12 años abandonó el colegio y se puso a trabajar en un taller de bicicletas. Eduardo Fernández Baquero fue creciendo en años (tiene 71), en hijos (12), en nietos (32). El abuelo se ha estrenado como escritor y en su ópera prima pide a los niños y niñas de Los Palacios y Villafranca, donde nació en 1939, "que se acerquen a la obra literaria de Joaquín Romero Murube".

No es un escritor al uso. Su capacidad creativa iba por otros derroteros: fabricó remolques, cisternas y aperos agrícolas e incluso llegó a patentar una sembradora que tuvo buena acogida en los campos de Andalucía y Extremadura y entre cuyos compradores figuró la duquesa de Alba. Un día apareció por el Archivo Municipal de Los Palacios para historiar la vida de su abuelo, José Fernández Campos, que desde Huévar llegó a Los Palacios para dirigir las escuelas Juan José Baquero.

Aquella investigación cambió su vida. Llevado por una mezcla de pasión y de intuición, llegó a la conclusión de que su tía Angelita, hija del maestro, hermana de su padre, fue el amor eterno de Joaquín Romero Murube. Para confirmarlo, se dedicó a leer toda la obra del poeta que durante 35 años (de 1934 a 1969, en que falleció) fue conservador del Alcázar. Catalogó los 17 pseudónimos que utilizó su ilustre paisano para camuflar la verdadera identidad de su amada, cumpliendo, en su opinión, un pacto secreto que habís suscrito con Angelita.

En Los cielos que perdimos, al poeta le preguntan su opinión sobre la primavera. "Yo, señor, soy poeta abstracto. Y le tengo la guerra declarada a la primavera". El sobrino de Angelita está convencido de que esa aversión, contrapunto de un ritual tan sevillano, es una de las muchas secuelas que le dejó la pérdida de aquella chiquilla que murió el 7 de junio de 1924, a los 21 años de edad, víctima de la tuberculosis.

"Romero Murube estuvo en el entierro, en el velatorio y hasta en la mortaja", dice Eduardo Fernández Baquero, que prepara un segundo volumen dedicado a sus pesquisas que titulará Angelita la Sevilla mujer de Romero Murube. El primero pudo editarlo con la colaboración de las empresas de tres de sus hijos: Eduardo (Movical, Montaje y Calderería), Juan Carlos (Moescasur, Montaje de Estructuras y Calderería) y María del Mar (Canastilla. Detalles para el Bebé).

El escritor tardío nunca conoció en persona a Romero Murube. "Es una espinita que tengo clavada". Ha rebuscado en toda su obra, en la biografía que escribieron Jacobo Cortines y Juan Lamillar. El colegio que dirigía su abuelo es el escenario nuclear de esta historia de amor. "Mi tía Angelita era dos años mayor que Joaquín y fue decisiva en su vocación literaria. Ella es la que en el patio del colegio le lee unos versos de Gustavo Adolfo Bécquer". Angelita, coetánea por nacimiento de Cernuda y Alberti, será recurrente en la producción de su vecino. "Le cambia el nombre, le cambia el color del pelo, incluso traslada el colegio de Los Palacios al convento de Santa Inés".

El director del colegio se casó sucesivamente con las hermanas María de los Ángeles y Paulina Sigler, hijas de un montañés que se afincó en Huévar. "Tuvo siete hijos de cada una", dice de su abuelo. Paulina Sigler, nombre de escritora o de espía, es la madre de Angelita y de Fernando Fernández Sigler, el padre del autor del libro, precursor en cierto modo de esta afición a trasmano, ya que murió siendo escribiente del Ayuntamiento de Los Palacios.

Doce hijos, los árboles que plantó "en un campito que tengo" y ahora los libros. La trilogía simbólica de la creación recreante. Cuenta la historia en el Alcázar donde gobernó el amor eterno de su tía y se fotografía con el libro en la calle Joaquín Romero Murube que da por un lado al Patio Banderas del Alcázar y por otro a la Casa de la Provincia. Una historia provincial que arranca en Huévar, se desarrolla en Los Palacios y tiene su epílogo en El Rubio, pueblo de la Sierra Sur al que parte de la familia se traslada a la muerte de Angelita. "Su hermana Paulina también murió de tuberculosis".

"Dicen que Joaquín tuvo muchas novias, pero ninguno tiene lo que yo tengo: la familia, las trenzas, la fecha exacta de su muerte". Romero Murube fue "un escritor de acentuado carácter autobiográfico", escribe Julio Mayo, archivero de Los Palacios, en el prólogo. El libro es una forma de patentar ese hallazgo, como lo hizo cuando inscribió en el registro la máquina sembradora con las iniciales de sus apellidos: Ferba. El sobrino de Angelita, 32 veces abuelo, fue concejal andalucista en Los Palacios.

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