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Cuatro años de Covid en Sevilla: el virus que cambió la forma de intubar en la UCI

Enfermeras de un hospital tratan a un paciente con Covid en la UCI.

Enfermeras de un hospital tratan a un paciente con Covid en la UCI. / M. G.

Ayer se cumplieron cuatro años de la detección del primer caso de coronavirus en Sevilla: un empleado de banca que se convirtió en el primer contagio local de la enfermedad en España. Después vinieron decenas de miles más. El Covid-19 provocó una pandemia mundial, forzó el confinamiento de la población y tensionó hasta el límite los sistemas sanitarios durante aquella primera ola. Un impacto que, irremediablemente, dejo huella, sobre todo, en las unidades de Cuidados Intensivos.

Desde una de ellas, en Sevilla, en el Hospital Virgen Macarena, se estaba coordinando desde antes de aquella explosión de enfermos sin precedentes el primer estudio nacional sobre el impacto de las intubaciones en el paciente crítico en UCI, a fin de documentar las mejores prácticas y sus efectos secundarios. La pandemia cambió el paso a ese estudio que se gestó cuando el coronavirus ni siquiera existía y culminó tras el paso del huracán Covid por las UCI de toda España. Las miles de intubaciones que se hicieron en tan breve periodo de tiempo, y en situaciones límites, marcó la investigación. Sus conclusiones, que acaban de ser publicadas en la prestigiosa revista internacional Critical Care Medicine, han supuesto un antes un después en la forma en la que se maneja y aplica esta técnica en los enfermos críticos.

"La idea cuando empezamos era reclutar de las unidades casos de intubaciones durante tres meses consecutivos y eso se desarrolló desde abril de 2019 hasta el inicio del 2020 cuando irrumpió el Covid en nuestras unidades y nos hizo añadir al estudio una serie de objetivos en medio de una nueva situación que no conocíamos previamente", explica el doctor José Garnacho, intensivista sevillano y coordinador del estudio Intupros, vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (SEMICyUC), que ha respaldado el trabajo.

La intubación es una técnica que consiste en meter un tubo por la tráquea, generalmente para garantizar que el paciente pueda respirar, y no está exenta de riesgos. El doctor Garnacho explica que es "mucho más delicado cuando se realiza a un enfermo crítico que llega a la UCI que a una persona sana que está en quirófano por cualquier otra razón" y que la tasa de complicaciones crece cuantos más intentos de intubaciones son necesarias para alcanzar el éxito. Las principales intubaciones en UCI se hacen por por insuficiencia respiratoria, por hipotensión o shock y por situación de bajo nivel de conciencian o estado de coma y está demostrado que cuantos más intentos hagan los médicos, más riesgo corre la vida del paciente y más secuelas deja.

Y aquí vienen las claves descritas por el estudio liderado desde la UCI del Macarena y en el que se analizaron los casos de 1.837 pacientes críticos que ingresaron en 43 unidades de Cuidados Intensivos de toda España entre abril de 2019 y octubre de 2020. Y es que, lo observado en esta investigación durante la pandemia acabó con la controversia científica que existía en torno al uso de bloqueantes neuromusculares y del videolaringoscopio, un instrumento que permite al intensivista ver con una cámara cómo va insertando el tubo, como herramientas claves en el día a día en la UCI. Los primeros ya se usaban con bastante frecuencia para practicar la intubación y demostraron con creces su capacidad para reducir los eventos adversos, sobre todo, los cardiovasculares; y, lo segundo, con cuyo uso había ciertas dudas antes de la pandemia, han pasado a ser instrumento "casi indiscutible" en las unidades de Cuidados Intensivos españolas tanto por la mejora de la tasa de éxito del primer intento de intubación, como a nivel de protección de los sanitarios, ya que permite alejarse unos centímetros de las vías respiratorias del paciente durante el proceso y, de esta forma, estar menos expuestos.

El intensivista sevillano y vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (SEMICyUC), coordinador del estudio, José Garnacho. El intensivista sevillano y vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (SEMICyUC), coordinador del estudio, José Garnacho.

El intensivista sevillano y vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (SEMICyUC), coordinador del estudio, José Garnacho. / Juan Carlos Muñoz

"Este hecho nos ha permitido analizar cómo la pandemia modificó la práctica de la intubación del paciente crítico no sólo en el paciente con Covid, sino también en otros pacientes críticos no infectados por el virus SARS-CoV2 y que ingresaron en las UCI de España por otro motivo durante ese periodo", explica José Garnacho. "Es más, de todos los factores que se estudiaron, estos son los únicos que consigue una mejora significativa en el porcentaje intubaciones al primer intento", añaden desde la SEMICyUC. 

No obstante, el primer estudio sobre intubaciones hecho en España constata que la intubación es un procedimiento con un alto riesgo de efectos adversos, que oscilan entre el 37% entre los que hubo éxito al primer intento hasta el 54% de los que fueron intubados al cuarto o más intentos. Con lo cual, este trabajo también ha puesto sobre la mesa que hay margen de mejora. "Debemos trabajar para establecer la mejor estrategia que permita reducir al máximo los eventos adversos graves, en especial la aparición de inestabilidad hemodinámica o shock durante la intubación", apunta el intensivista.

Por su parte, el estudio también aporta datos sobre el perfil tipo del paciente que sufre esos efectos adversos. En su mayoría es un varón de 65 años, con sobrepeso y probabilidad de insuficiencia cardiaca y/o enfermedad pulmonar crónica previa al ingreso. En su ingreso en la UCI, se le diagnostica con mayor frecuencia una insuficiencia respiratoria. En el caso de los pacientes que no sufrieron eventos adversos importantes, la media de edad baja a los 64 años, presentan un índice de masa corporal ligeramente inferior y también menos comorbilidades de todo tipo. El diagnóstico de insuficiencia respiratoria al ingreso en la UCI es también menor.

Estos resultados obtenidos en los servicios de Medicina Intensiva españoles bajo la batuta del intensivista sevillano son equiparables a lo que ocurre en otros países del entorno. "Tenemos una tasa similar de eventos adversos a los publicados en otras series recientes de países europeos o Estados Unidos. Según los datos del estudio, la tasa de parada cardiaca en el proceso de intubación (1,9%) e incluso la de fallecimiento (1,1%) en nuestro caso son muy bajas, incluso inferiores a las que reporta ese estudio internacional similar publicado en 2021 y que incluyó pacientes críticos de 29 países. Con lo cual podemos afirmar que las intubaciones que se hacen en las Unidades de Medicina Intensiva que se hacen en nuestro país son procedimientos que se realizan con una alta calidad, aunque obviamente quedan como siempre cosas que se pueden mejorar", concluye el doctor.

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