Cien años del incendio de la virgen del valle La restauración de Joaquín Bilbao y José Ordóñez

El fuego del que nacen los ojos verdes

  • La mañana del 5 de julio de 1909 un incendio fortuito se desató en el camarín de la Dolorosa en la iglesia del Santo Ángel · La rápida intervención de Carlos Bernáldez salvó a la imagen de la destrucción

La noticia corrió como un reguero de pólvora por toda la ciudad. Pasaban las 10:30 de la mañana del 5 de julio de 1909. Un incendio fortuito en su retablo de la iglesia del Santo Ángel podría haber destruido a la Virgen del Valle. Afortunadamente no fue así, y el fuego sólo deterioró la encarnadura. El motivo pudo ser un pabilo mal apagado que cayó sobre las flores de tela que adornaban el altar. Tras darse la voz de alarma, la rápida intervención de Carlos Bernáldez, que se encaramó al camarín en llamas para sacar a la Virgen, evitó la pérdida para siempre de una de las grandes Dolorosas de la Semana Santa sevillana.

Del suceso resultó la Virgen con la cara quemada, con una pequeña hendidura encima de la ceja izquierda y varios dedos de una mano rotos fruto de la violenta bajada del camarín, con la saya quemada por la parte del pecho, por la espalda y por las mangas y el manto casi consumidos, según recoge en su edición vespertina de ese mismo día El Noticiero Sevillano.

La Virgen fue conducida rápidamente al refectorio de los padres carmelitas y llaman al canónigo y hermano de la cofradía Juan Francisco Muñoz y Pabón para ver qué hacían. Éste se presenta con el pintor Gonzalo Bilbao, que era muy amigo suyo. Gonzalo es quien avisa a su hermano y escultor, Joaquín. Tras un primer examen visual de la imagen llegan a la conclusión de que las llamas habían quemado sólo la pintura en parte de la cara y que, por tanto, los desperfectos eran menores.

La hermandad rápidamente convoca un cabildo general extraordinario, que estará presidido por el propio Muñoz y Pabón, para el día 7 de julio, sólo dos días después del incendio. En su intervención el canónigo explica que "el fuego sólo ha deteriorado lo que vulgarmente se llama encarnación, la cual era de discutible mérito y relativamente moderna", palabras recogidas por el El Noticiero Sevillano, en su edición del día 8.

La restauración de la imagen fue confiada por el voto unánime del cabildo, a los escultores Joaquín Bilbao y José Ordóñez y es realizada en la casa de Muñoz y Pabón, en la calle Abades 16. "Ordóñez colaboraba habitualmente con Bilbao. Era muy minucioso y manitas. El que lo dirige todo es Gonzalo Bilbao, que es quien encarna de nuevo a la Virgen. Ordóñez le hace unas nuevas manos", asegura el poeta Manuel Lozano, una de las personas que más sabe del suceso en la hermandad: "A mí me lo contó de primera mano Vicente del Río, que era el prioste y estaba en el Santo Ángel cuando el incendio". La corporación también aprueba "consignar en acta un expresivo voto de gracias para don Carlos Bernáldez Martínez por su meritísima acción, así como su nombramiento como hermano honorario, como testimonio de gratitud y reconocimiento".

Tras la restauración, la imagen vuelve al Santo Ángel el 15 de septiembre, festividad de los Dolores Gloriosos de la Virgen. Fue bendecida el sábado 18, celebrándose una misa pontifical al día siguiente presidida por el arzobispo Almaraz y Santos, en la que se cantó la misa compuesta por Vicente Gómez Zarzuela dirigiendo él mismo la orquesta y los coros.

Mucho se ha escrito sobre aquella restauración de la Virgen del Valle. Hay una cosa que sí está muy clara, según el profesor de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla e imaginero, Juan Manuel Miñarro: "La Virgen actual no es de José Ordóñez. Ordóñez y Bilbao restauran a la Virgen y su trabajo consiste en reformar la policromía, aplicarle unos ojos nuevos y tallarle las manos". De acuerdo con esta afirmación está Manuel Lozano, quien ahonda: "Si Ordóñez hubiera hecho una nueva imagen la antigua se conservaría. Además no sería lógico que tuviera el corte en el cuello que tiene la Virgen, ya que habría tallado el busto completo".

Miñarro aclara que parece que no hubo calcinación sino un efecto de deterioro por el enorme calor: "Aunque las llamas no tocaran el rostro, con una temperatura de entre 300 y 400 grados basta para que se produjeran craquelados en la pintura. Por tanto, la Virgen se repolicroma". Los característicos ojos verdes de la Virgen del Valle también son fruto, o consecuencia, de ese incendio, según aclaran Miñarro y Lozano. "Los ojos que tenía de cristal estaban pegados por cera. Por ese calor se desprenden y caen dentro del hueco, debiendo presentar la Virgen un aspecto tremendamente trágico. Lo que se hace es que se aplica una pasta y sobre ella se pintan los ojos actuales", arguye Miñarro. "Los pinta Gonzalo Bilbao con una película muy fina, pero son marrones. Sólo se ven verdes en el paso por el efecto del azul del reflejo del cristal y el amarillo de la luz de la cera. Ahí está el misterio", desvela Lozano.

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