Un helicóptero con taxímetro

plaza de españa

baleares Toni Barea Mestre. Un suspenso en Matemáticas le llevó a estudiar Ingeniería Aeronáutica. Sale de nazareno en Jesús Despojado y aprendió antes las sevillanas que el bolero mallorquín

Francisco Correal

02 de noviembre 2014 - 01:00

PASA una pareja de novios por la plaza de España y Toni Barea (Consell, Mallorca), recuerda que el próximo 25 de abril se casa con Cristina. Se conocieron en la época de los colegios mayores de Madrid. El enlace matrimonial es una manera de homenajear la aventura de sus padres, un jerezano hijo de emigrantes que en un bar de Consell se quedó paralizado ante "las piernas bonitas" de una mallorquina. Silvana Mangano en una versión muy dulce de Arroz Amargo.

De niño le gustaba hacer el helicóptero en su casa y construir cometas. No imaginaba que terminaría trabajando de ingeniero aeronáutico en el departamento de Aviónica y Guerra Electrónica de Airbus. Tenía buenas notas en Historia, y conoce el episodio que refleja el banco de su tierra, el juramento de los Privilegios y Franquicias de las Islas por el rey Jaime III. Pero fue un suspenso en matemáticas, "supendió toda la clase en el instituto de Inca", el que le puso en bandeja los estudios de Aeronáutica y en cierta forma llegar a Sevilla.

"Me apunté en verano a unas clases que daba un coronel retirado de la Fuerza Aérea que fue jefe de la base de radares de Puigmayor, el punto más alto de la sierra de Tramontana". Fue este profesor, "se llamaba Manolo", el que apreció el instinto volador y le dijo que el futuro era la Ingeniería Aeronáutica.

Hoy no le hubieran podido pagar la carrera. Y para detallarlo le sale un relato de las vivencias de un emigrante andaluz en Mallorca. "Mi padre trabajaba de albañil, un día se cayó de un andamio y se partió varias costillas. Aprovechó el tiempo para sacarse el carnet. Quería ser camionero, pero era el mejor momento para ser taxista. Era el boom del turismo alemán en Mallorca. No existía el euro, llegaban con marcos, se sentían ricos y dejaban unas propinas del copón. Con el euro se acabaron las propinas y con la crisis ni te cuento". Antonio Barea, su padre, comparte la licencia del taxi con Antonia Mestre, su madre, que dejó de limpiar habitaciones de hoteles.

Padres taxistas de un hombre que vive de los aviones. La precariedad laboral de sus padres al principio le dejó "una espinita clavada". "Tenía diez años, todos mis amigos vinieron a la Expo y yo me quedé sin la ilusión que tenía de tocar a Currro porque mis padres no se lo podían permitir".

Llegó a Sevilla en octubre de 2009, hace cinco años. Y se ha integrado con una velocidad trepidante. "De Sevilla tenía dos imágenes, lo que veía en la tele, una visión distorsionada, y el aire de forasteros que tenían muchos andaluces que llegaron a Mallorca". Hizo dos aprendizajes de manual, propios de Benito Mas y Prat. Aprendió a bailar antes las sevillanas que el bolero mallorquín y a través de un compañero de departamento se hizo hermano de Jesús Despojado.

"Llevo dos años saliendo de nazareno. Estoy en el primer tramo de la Virgen con lo que puedo ver la salida del Cristo y la entrada de la Virgen. Hace dos años vinieron mis padres, mi madre me ayudó a colocarme la túnica. En la Campana empezó a llover y tuvimos que refugiarnos en la Anunciación. Eso que no entendía por televisión, lo estaba sintiendo".

Retrasaron la fecha de su boda para no coincidir con la de su cuñado, pero el destino lo volvió a acariciar. "El 25 de abril, fecha de la boda, se cumplen once años de nuestro primer beso. Haré la penitencia saliendo de nazareno. El día de la boda es sábado de Feria, tengo toda la Feria para mi despedida de soltero".

Una boda cuarenta y un años después de la revolución de los claveles. Otra coincidencia. "En una reunión de trabajo a Madrid entré en una joyería para comprarle un anillo. Se vino conmigo a Toulouse en otro compromiso laboral y en un hotel de Rocamador le pedí la mano. Le entregaron un ramo de rosas".

En Sevilla halló la horma de los zapatos que hacía su madre. "A Madrid le debo todo: la carrera, mi novia, mi futuro, pero es demasiado grande y estresante. No tiene una cultura propia como Sevilla, es multicultural".

Los topónimos de su archipiélago lo trasladan a la belleza de Valldemosa, Sóller y Deja, paraísos de Chopin y Robert Graves; Manacor, a sus intentos fallidos por cruzarse algún día con Rafa Nadal; Inca, donde juega el Constancia de Inca, a ese suspenso que lo suspendió en los aires; Sineu, un pueblo próximo a Consell al que iba "en mi motillo. Tocaba en un grupo y los instrumentos me los pagaba trabajando de jardinero, recogiendo almendras o en la vendimia". Muchos compañeros volvieron a Mallorca, con un aeropuerto de relevancia mundial. Después del accidente de Spanair, despidieron a mil personas, la empresa se fue a Barcelona y quebró.

stats