Tribuna de opinión
Invierno normal húmedo y riesgo en el Guadalquivir
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Repasemos nuestros conocimientos de climatología ibérica. El anticiclón de las Azores es un factor clave de la dinámica atmosférica que afecta a la península. En invierno, estación en la que estamos, dicho anticiclón desciende o debe descender al Sur del paralelo 35º (es decir, al Sur de Gibraltar) y con ello también lo hacen las bajas presiones subpolares. Con esta situación se favorece el paso de los frentes de borrascas o depresiones frontales (las denominadas Kristin, Joseph, Leonardo…) del Oeste o Suroeste y con ellos llegan las lluvias a la península. Como suelo citar en estas ocasiones, el maestro de climatólogos Pierre Pagney (1919-2017), recordaba en su manual y en sus clases de las décadas de 1970-80, que el ritmo de esos frentes tenía una duración de 4 a 6 días en diciembre-enero-febrero, no siendo extraña la sucesión de ciclos encadenados de esta duración.
Bajo estas circunstancias el mapa de la distribución de las precipitaciones en España tiene en Andalucía tres grandes complejos montañosos de concentración de las lluvias: Sierra Morena, las cordilleras Subbéticas y la Penibética. La dinámica pluviométrica que estamos viviendo en el actual invierno (sobre todo enero-febrero) es la que corresponde a la estación de invierno. La excepcionalidad de este invierno es la alta concentración e intensidad de las lluvias en el núcleo de Grazalema en la Subbética.
Junto a esta situación hay que tener en cuenta la tendencia de los inviernos de las últimas tres décadas, durante las que no siempre el descenso invernal del anticiclón de las Azores ha cumplido las enseñanzas de Pagney, dando lugar a períodos de años secos o con inviernos poco húmedos de largos ciclos quinquenales-decenales; mientras que los húmedos o excepcionalmente muy húmedos, son cortos y bi-trianuales. Inviernos húmedos fueron los de 1995 y 1996-97, 2003-2004, 2009 y 2010-2011, y sin duda el final del invierno de 2025 y el actual 2026. Nada desdice que no vayamos a seguir con esta tendencia.
Cuando escribo estas líneas estoy atento al caudal del Guadalquivir en sus tramos medio y bajo, pues recepciona la escorrentía pluvial de las Subbética y Penibética. El más preocupante es el registro de más de 3.200 m3/seg. en Alcalá del Río (Sevilla) ya que acumula los aportes de los afluentes y descargas de embalses de Sierra Morena (Melonares y Gergal) que han llegado al límite de su capacidad, y los de las Béticas, particularmente los ríos Corbones y Genil.
Aguas arriba, hacia Córdoba, el caudal es igualmente inquietante: en Lora del Río está por encima de los 2.500; en Écija el Genil aporta al Guadalquivir más de 400; en Peñaflor el caudal supera 2.200 m3/seg.; y en Fuente Palmera sobrepasa 2.600. En todos estos casos los valores superan el umbral de riesgo alto establecido, por lo que se han puesto en marcha las actuaciones de prevención y emergencia. Sin embargo, si comparamos en términos de m3/seg. la crecida actual del Guadalquivir, aguas abajo de Alcalá del Río, con la secuencia histórica de las riadas en Sevilla, concluiremos que, al día de hoy, estamos ante una crecida ordinaria quinquenal del Guadalquivir (aproximadamente 1.000-3.000 m3/seg.), que ni siquiera llegaría al nivel de una gran crecida decenal extraordinaria (aproximadamente 4.000 a 6.000 m3/seg.) de las destacadas por Jean-René Vanney (1930-2019) en su monografía de 1970.
Si se superara el umbral de los 4.000 m3/seg se recuperaría la imagen histórica de una Tablada inundada"
Se trata por tanto de una crecida reducida regulada por la construcción de presas y embalses, con una especial repercusión en los grandes núcleos urbanos por los que discurre el Guadalquivir, pues esta regulación ha favorecido la desaparición de las antiguas llanuras de inundación convertidas en parcelas para usos urbanísticos residenciales o dotacionales. Bajo estas condiciones, a mi entender, el riesgo se concentra ahora en el cauce estricto del río, con las márgenes hormigonadas a las que se le añade una gestión de compuertas de defensa. Es el caso de Sevilla, donde a las alarmas de crecidas en el reducido cauce se añade el cierre de compuertas del Muro de Defensa en el Charco de la Pava.
En consecuencia, este es un invierno normal del ciclo húmedo, con alta concentración e intensidad de lluvias en las Subbéticas y fuerte repercusión en la cuenca del Guadalete. La crecida del Guadalquivir en Sevilla muestra una vez más que, con menos caudal, el riesgo se ha incrementado. Lo vimos en las crecidas del río durante los inviernos de 2009-2010-2011, ocurriendo en ese último año y en el pasado 2025 que, con 3.000 m3/seg., se superó ligeramente el bujarrete del cauce, llegándose aproximadamente a un temido +5 m.
Según mis propios cálculos, si se superara el umbral de los 4.000 m3/seg se recuperaría la imagen histórica de una Tablada inundada, la última llanura de inundación que mantiene intacto el archivo sedimentario y geoarqueológico del antiguo meandro del Guadalquivir.
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