"No se me ocurre citar a nadie al juzgado en Feria o El Rocío"

Los invisibles · Diego Antonio León

Investigador y cronista de lo que ocurrió en Aznalcázar hace siglos, secretario de lo que acontece hoy mismo, prepara un libro sobre Quema, el Jordán rociero.

"No se me ocurre citar a nadie al juzgado en Feria o El Rocío"
Francisco Correal

18 de mayo 2013 - 05:03

EL 1de mayo de 1913 llegó la luz a Aznalcázar. Este siglo de las luces lo investigó Diego León (Aznalcázar, 1953), cronista oficial de la villa, secretario del juzgado de un pueblo por cuyo término, Vado de Quema, pasan 53 hermandades de siete provincias andaluzas camino del Rocío.

-Vive en el corazón del camino.

-Pasa una cosa muy curiosa. Allí al lado hay hermandades mucho más antiguas, Benacazón, Umbrete, que cumple 200 años, Villamanrique es la primera, Pilas la segunda. Aznalcázar es de las más nuevas. Se funda en 1958 y hace el camino en 1959. Aquí la gente está integrada en dos agrupaciones, los angustiados (de la Virgen de las Angustias) y los encarnados (de la Encarnación).

-¿Esa devoción dual que Isidoro Moreno estudia en Carrión?

-Yo he visto a Isidoro Moreno en la procesión de Santiago de Aznalcázar. La hermandad del Rocío y un nazareno local, el Padre Jesús, han hecho lo que hizo la selección española de Miguel Muñoz en Sevilla, unir a las dos agrupaciones.

-¿Por qué se funda tan tarde?

-Se hicieron intentos anteriores. Uno en 1890, a cargo del padre Corchero. Otro en 1935, mal año para fundar una hermandad.

-Uno de los personajes de su pueblo es el torero Cara Ancha.

-Nació en Algeciras. Es un torero del siglo XIX que había visto la muerte muy cerca en muchísimas ocasiones. Era el tercero en discordia con Lagartijo y Frascuelo. Toreó 101 corridas en Madrid. Llega a Aznalcázar cuando se retira del toreo y adquiere un compromiso con el pueblo. Paga el viejo reloj del cabildo, que un siglo después hemos descubierto que vino de Marsella.

-Llegan la luz y el traje de luces.

-Y se juntan en cierta forma. Cara Ancha se trae de Triana a José Cabrera León, barbero, para que le afeite todas las mañanas. En el libro de la luz que escribí con Pedro José Parra se cuenta que ese hombre se convirtió en el último farolero del pueblo y en el primero de cuatro generaciones de barberos.

-¿Cuál es la leyenda de Quema?

-Por allí pasa el Jordán rociero. El administrador del cortijo nos ha encargado un libro parecido al que hicimos de la luz. Había tres o cuatro nacimientos al año. En el pueblo queda el dicho de que vas a durar más que la misa Quema. Lo contaba Vázquez Soto, un hombre de Villamanrique que fue cura en Aznalcázar y vivía en Espartinas. El cura que daba la misa en Quema se quedó muerto, los más viejos del lugar decidieron que un mozo fuera en corcel al convento de San Francisco a buscar a un fraile franciscano para que la terminara. Duró entre cinco y seis horas.

-Además de cronista y secretario del juzgado, es pregonero.

-Me cuesta, porque me considero más investigador que escritor. En 1993 di el de la hermandad de Aznalcázar. En 1999 el de La Carolina. Este año he pronunciado el de San Fernando. Me presentó mi amigo Monchi, a quien debo que ya no me quede ninguna sangre verde. Así me presentó, sevillista converso, no de cuna. Con el autobús del Sevilla hemos pasado por el vado de Quema y yo bauticé en sus aguas a la mujer de Caparrós, que es de Cuenca.

-¿Cuál fue su 'plaza' más complicada?

-Cuando me encargaron el pregón del Rocío de Mataró. Mi Rocío es mucho campo, mucho camino y qué iba a decir yo de una hermandad que en el Rocío catalán pasaba por dos polígonos industriales y dormía en Montmeló. Les invité a soñar un camino como el que hago todos los años. Fue en 2003, al final del mandato de Maragall.

-¿Cómo entra la crisis en el registro?

-Hay un dato que puede ser significativo. En lo que va de año, se han celebrado en Aznalcázar ocho bodas, una por la iglesia y siete civiles. Las bodas por el juzgado son más ligeras, con menos solemnidad. Tienen su convite.

-¿Acabó la luz con años de oscuridad?

-El pliego de condiciones lo firmó el alcalde de entonces, Pedro García Mojeda, del que los dos autores del libro somos bisnietos, con Medina Garvey, el dueño de la zona. Se portó bien, porque la luz acabó con los que trabajaban con el petróleo y este hombre los recolocó en Autopileña, empresa que llevaba a los viajeros de Pilas a la estación de Aznalcázar.

-¿Sigue abierta la estación?

-Es pura arqueología. Por siete kilómetros quedamos fuera del plan de Cercanías que llegó a Benacazón, dejando fuera a los viajeros de Pilas, Villamanrique, Hinojos y Aznalcázar. Una estación histórica. Iba el cura a decir misa, hubo petición de abrir una escuela y había tres fábricas de transformación de la madera.

-¿Modifica la vida del pueblo el camino del Rocío?

-Suenan los cohetes y son como látigos llamando a la gente a prepararse. Condiciona todo. A mí no se me ocurre citar a nadie al juzgado en Navidades, Rocío o en la Feria del pueblo, que coincide con el Corpus. Y he tenido que ir a Sevilla a recoger el vestido canastero de mi mujer, la falda rociera para hacer la Raya. Los hace Antonia, una modista del pueblo que se vino a Sevilla porque el marido es taxista.

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