Espanyol-Sevilla | El reestreno de Caparrós Mariscal de campo en veteranía

  • Caparrós ya es el entrenador con más victorias en la historia del Sevilla junto a Emery, 106 en total, al ganar su partido 500 en Primera División

Joaquín Caparrós realiza indicaciones desde la banda del RCDE Stadium. Joaquín Caparrós realiza indicaciones desde la banda del RCDE Stadium.

Joaquín Caparrós realiza indicaciones desde la banda del RCDE Stadium. / Alberto Estévez / EFE

Con la voz quebrada por la emoción, Joaquín Caparrós le dedicó el triunfo del Sevilla en Cornellá a Roberto Alés, recientemente fallecido. Sin la figura de Alés quizá no habría llegado Caparrós a los 500 partidos en Primera División. Lo logró ayer precisamente, en su segunda interinidad como entrenador del Sevilla tras la del final de la temporada pasada y el ciclo entre 2000 y 2005. El respetadísimo ex presidente nervionense le confió el equipo en Segunda División, a instancias de José Castro. Y ahí empezó a construir su trayectoria como entrenador de la Liga. A sus 63 años es el más longevo actualmente, el decano de los técnicos de la que posiblemente es la liga más potente y más rica tácticamente del mundo.

Si la veteranía es un grado, Caparrós es mariscal de campo en veteranía. Sobre sus hombros reposan tantos galones como patas de gallo junto a sus ojos. Y esa veteranía le dictó lo que debía hacer para sacar al Sevilla del agujero.

El honor del pentacampeón de la Liga Europa estaba manchado y eso, anímicamente, era una losa sobre el grupo de futbolistas que de nuevo tenía a su mando. El utrerano debía curar las heridas de Praga y hacerlo a domicilio, ese factor externo que tanto daño hizo a Pablo Machín.

Caparrós, con rostro serio. Caparrós, con rostro serio.

Caparrós, con rostro serio. / Xavier Bonilla / Europa Press

Desde el 29 de septiembre no ganaba el Sevilla lejos de Nervión y ese aspecto anímico también era una tecla que tocar por el provecto técnico en los dos días que ha tenido a su plantilla, la que él configuró, antes de su reencuentro con el banquillo.

Con la voz quebrada le dedicó el triunfo a Roberto Alés, el hombre que le confió el Sevilla en Segunda División

Caparrós nunca se despidió de su ansiado banquillo. Y quizá por eso siempre ha tenido una visión de entrenador desde su nueva atalaya de director de fútbol, la figura que inventó José Castro para convencerlo y darle el cargo que dejara vacío Monchi, que ahora lo ha retomado para poner las cosas como hace 19 años... Salvo que ya no está Alés. De ahí la voz quebrada.

Si importante era la tecla anímica, más lo era la táctica. Desde la visión inherente a su ser de entrenador, Caparrós tenía en la mente lo que había que hacer con esa plantilla para hacerla más competitiva. Y lo aplicó en Cornellà, desde su lógica pragmática. Lo primero, deshacer la zaga de tres centrales y reforzar una medular que estaba asfixiada desde hace meses.

El utrerano sacó a seis de sus fichajes, ocho de los 14 que jugaron, con un 4-4-2 más lógico y funcional

El utrerano le quitó a Banega la responsabilidad de llevar el peso del equilibrio en el eje. El máximo robador de balones de la Liga no podía ser al mismo tiempo el armador de juego de un equipo con más talento técnico que físico. Y Caparrós optó por poner a dos de sus fichajes, dos de los hombres llamados a dotar de fuerza a la medular, juntos, para desplazar a la derecha al argentino. Con Amadou, el Sevilla gana un robador de balones, aunque no esté llamado para bordar el fútbol con los pies. Con Gonalons, ahora sí, después del infortunio de sus dos lesiones óseas, un buen centrocampista para el equilibrio perfecto: físico y fútbol; robo y distribución.

Más de la mitad del equipo, seis, fueron fichajes de Caparrós: Juan Soriano, Wöber, Amadou, Gonalons, Promes y Andre Silva. Ocho de los 14 que jugaron, pues hay que sumar a Marko Rog y Munir. Y le salió cara. El viejo mariscal de campo sevillista ya es el entrenador con más victorias en Nervión: igualó a Unai Emery con 106 entre todas las competiciones. El viejo zorro volvió a salirse con la suya y su Sevilla, ya con Monchi al mando, mira al futuro de otro modo.

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