El derbi sevillano | La contracrónica

El Sevilla de Lopetegui, a falta de piernas, corazón

  • Un Sevilla muy tocado en el plano físico y psíquico se agarró a un gran gol para morder luego atrás

  • Extrañó que Pellegrini olvidara a Lainez y Tello

Jesús Navas y Joaquín, que jugaron su vigésimo derbi en Primera, en un gesto deportivo. Jesús Navas y Joaquín, que jugaron su vigésimo derbi en Primera, en un gesto deportivo.

Jesús Navas y Joaquín, que jugaron su vigésimo derbi en Primera, en un gesto deportivo. / Antonio Pizarro

El Betis dejó escapar una ocasión propicia para meterse de lleno en la lucha por la cuarta plaza. El discurso bético de puertas para fuera, como no podía ser de otra forma, no va más allá de la quinta plaza, de volver a la Liga Europa. Normal, si la Real estaba, y sigue estando, a sólo tres puntos más el average. Pero en los cenáculos verdiblancos, sotto voce, cualquiera estaba legitimado, por esa imponente racha de 23 puntos de los 30 por los que había litigado en 2021, a soñar con dispararse hasta las estrellas de la Liga de Campeones. Antes del derbi la tenían a seis puntos, que serían tres con una victoria en Nervión. Como para no pensar en volver a repetir la faena de 2005.

Y la ocasión fue propicia no sólo por la briosa, casi imparable dinámica positiva sobre la que cabalgaban los heliopolitanos. También por el desgaste físico y psíquico que padece el Sevilla, cargadísimo de piernas por ese doble pulso tan intenso y exigente con el Barça, el último y desbocado duelo en Dortmund y los dos duros reveses que sufrieron los blancos, sobre todo en las semifinales de Copa.

Diez partidos más habían disputado los sevillistas que los béticos cuando Mateu Lahoz ordenó que el balón echara a rodar. Los anfitriones ya acumulaban en sus piernas 41: 26 de Liga, 8 de Liga de Campeones, 7 de Copa del Rey más el de la final de la Supercopa de Europa ante el Bayern Múnich en Budapest, que alzó el telón de la temporada después de que los campeones de la última Liga Europa sólo disfrutaran de dos semanas de vacaciones. Ese hándicap se cernía como una franca amenaza cuando rompiera la primavera y se reflejó en toda su magnitud ante el Betis. “Desde el 18 de septiembre, venimos jugando dos partidos a la semana”, recordaba Julen Lopetegui en la sala de prensa tras el intensísimo partido. “Si hubiéramos perdido, sonaría a excusa, pero como hemos ganado, lo digo”, abundaba sobre esa extenuante acumulación de esfuerzos Joan Jordán, aún con la respiración alterada por el mayúsculo trabajo que desempeñó en el derbi.

El Betis quiso repetir su buen partido del 2 de enero en el Benito Villamarín y de nuevo empezó a ganar las pequeñas batallas físicas que suelen decantar un partido, pero una genialidad de Jesús Navas y En-Nesyri inyectó en la mente de los sevillistas la confianza y la fe necesarias para paliar su falta de vatios en las piernas.

Esta vez, a diferencia del último derbi, estaba Fernando por delante de Koundé y Diego Carlos, y con el 1-0, Julen Lopetegui se confió a la zona del campo donde su equipo concentra sus mayores virtudes, ese triángulo de contención.

Pellegrini, quien con los cinco cambios diluye con maestría la frontera entre titulares y suplentes, apeló al dúo Juanmi-Joaquín por la pareja Ruibal-Guardado, pero esta vez ese retoque no se tradujo en un Betis más agudo. Juanmi apenas la tocó y llamó la atención que Lainez, quien tanto daño hizo por la banda derecha el 2 de enero, y Tello no saltaran al campo.

Los derbis se deben jugar con cabeza, mucha cabeza, y piernas . Pero en duelos de este pelaje, lo que suele mandar es el corazón. Más corazón le puso el Betis en el duelo que abrió el año y que cambió su dinámica. ¿Reactivará también el triunfo al Sevilla?

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