Sevilla FC Más equipado para la pelea

  • La transformación de la plantilla, particularmente en un centro del campo con más físico, ha ido dirigida en parte a citas como la del domingo ante el Alavés

Fernando, en el centro, junto a Franco Vázquez, Pozo y Joan Jordán. Fernando, en el centro, junto a Franco Vázquez, Pozo y Joan Jordán.

Fernando, en el centro, junto a Franco Vázquez, Pozo y Joan Jordán. / juan carlos vázquez

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Ha sido un episodio repetido en los últimos años en escenarios de similar corte. Mendizorroza, Ipurua, Butarque, incluso El Alcoraz y Montilivi de los descendidos Huesca y Girona... En esos estadios el sevillismo ha asistido impotente a encuentros en los que su equipo, simplemente, no competía. Un fútbol trabado, físico, de disputas aéreas y segundas jugadas, de duelos individuales, un fútbol de balón largo y carrera al espacio... El Sevilla perdió gran parte de sus objetivos en estos encuentros en los que nunca supo adaptarse quizá por las características de sus jugadores, la falta de carácter o por cualquier mínima circunstancia adversa a la que el equipo no sabía sobreponerse.

Ello, detectado por la nueva dirección deportiva que dirige Monchi, era un problema que este año ha tratado de subsanarse con la confección de una plantilla en la que en donde más movimientos ha habido ha sido en el centro del campo.

Físico –tanto en centímetros como en músculo–, carácter, agresividad... en definitiva, saber competir, es lo que ha buscado el de San Fernando con una serie de cambios que son evidentes en la plantilla. Entre el físico de Roque Mesa y el de Fernando o el de Joan Jordán va un trecho y ello debe empezar a notarse en duelos como el del próximo domingo en Mendizorroza ante un Alavés que va a plantear un envite de mucha pelea.

No cogerle asco al partido a la primera patada recibida es algo fundamental para lo que los once sevillistas que salten a la hierba vitoriana deben estar preparados. El club ha puesto especial hincapié durante el verano en la necesidad de recuperar la identidad perdida estos años (quizá desde el giro que se quiso dar la temporada de Sampaoli), ya que uno de los sellos tanto del Sevilla de siempre como del de los títulos ha sido el amor propio, la ambición y la fiereza competitiva.

Los dos himnos oficiales llevan a gala en sus versos este comportamiento. El equipo de la casta y el coraje y el dicen que nunca se rinde son fiel reflejo del carácter que el sevillismo quiere que sus jugadores pongan sobre el terreno de juego.

En Mendizorroza, estadio que deben visitar los de Lopetegui este domingo, aún recordarán los sevillistas que ya han pasado la treintena las lágrimas de un desconsolado Paco Gallardo tras una dura patada de Coloccini y cómo era cogido en volandas por un rival para sacarlo fuera del campo mientras Caparós se tiraba de los pelos en la banda.

Son duelos de esos en los que tener una mayor calidad técnica no basta para ganar los partidos y a menudo ni para arañar un punto. El Sevilla, con los futbolistas adecuados, tendrá que aguantar la pelea, saber competir en un partido que será feo y tendrá que esperar su momento para llevarlo al punto en que pueda decidirlo a través de las individualidades.

Saber conducir el choque como es debido, manejar las situaciones que también va a propiciar el arbitraje y no rehuir el cuerpo a cuerpo serán cosa de futbolistas inteligentes.

En esta campaña ya se ha visto cómo el Sevilla ha salido a competir con argumentos a sus dos primeras salidas, ante Espanyol y Granada, recordando cómo la pasada campaña estuvo muchos meses sin ganar fuera. Precisamente desde cuando derrotó al Eibar por 1-3 en un escenario, Ipurua, en el que el curso anterior recibió una sonrojante goleada (5-1). Y es lo que el Sevilla trata de erradicar: la imagen de ese día, la de la derrota ante el Huesca la pasada campaña con Pablo Machín, o la de Gerona y Getafe ya con Caparrós en el banquillo. La prueba de que se trataba de un problema de jugadores.

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