Sevilla FC

Los escalones falsos de la Liga

  • El arbitraje permisivo de Alberola Rojas le dio continuidad al ritmo de juego de un Sevilla que sigue creciendo, pero en las áreas fue letal para los blancos

Jesús Navas y Lenglet se lamentan del empate del Getafe en el minuto 93. Jesús Navas y Lenglet se lamentan del empate del Getafe en el minuto 93.

Jesús Navas y Lenglet se lamentan del empate del Getafe en el minuto 93.

Remontar ocho o nueve puntos en la Liga es subir una empinadísima escalera que, cuando menos te lo esperas, te deja con el pie al vacío porque falla un escalón podrido. El Sevilla estaba a punto de colocarse a cinco puntos del Valencia hasta que el permisivo árbitro no vio falta de Cala a Sergio Rico. Alberola Rojas dejó jugar hasta el punto de no observar faltas en las áreas que otro árbitro podría haber pitado. Y en todas esas contingencias arbitrales habría salido ganando el Sevilla, tanto en la falta de Cala a Sarabia en el área nada más arrancar el partido como en los dos posibles penaltis a Franco Vázquez, más el de la segunda parte que el de la primera. Pero sobre todo, en la clarísima falta de Cala a Sergio Rico en el último centro, en el último instante, que deparó un gol que afeó un gran partido del Sevilla.

Al Sevilla le faltó contundencia. Tanto en el portero para solventar de otra forma un centro sin peligro como para rematar un partido que tuvo de cara en la segunda parte, cuando le faltaron quizá fuerzas para saltar cualquier escalón podrido. La Liga tiene esas trabas, ése es uno de los secretos del atractivo fútbol español. Un modesto como el Getafe te puede aguar la fiesta cuando más confiado estás, y un árbitro puede estropear su buena labor por tener un criterio muy distinto al de otros compañeros de oficio. Porque en lo positivo hay que denotar que, sin Alberola Rojas y su permisivo criterio, el Getafe habría trabado mucho más el partido con constantes faltitas.

Franco Vázquez, un hombre hecho al choque al que no es fácil derribar, quizá no se habría ido al suelo en el área si hubiese sabido que el castellano-manchego, con su musculada fisonomía, es uno de los que permite el contacto en las áreas, al contrario que la mayoría. Banega, por ejemplo, no se dejó caer al sentir el contacto en la jugada en la que prefirió seguir y disparar a gol, pero su tiro fue al palo. Habría sido el justo 2-0 y el Sevilla estaría hoy felicísimo, en semifinales de la Copa y pujante en la Liga.

Pero la suerte también influye y aguarda para ponerse de cara o de espalda siguiendo su propia naturaleza azarosa. Y ayer no la tuvo este equipo al que algunos acusan de tener suerte cuando el rival que le cae es el Leganés, en lugar del Atlético o el Manchester United...

Sin haber subido ningún escalón en la Liga, el Sevilla sí dejó la gratísima impresión de que sigue creciendo. Supo madurar el partido ante el correosísimo Getafe, un equipo que no tiene ninguna distracción copera y se empleó a fondo hasta el final. Montella encauzó el duro pleito con los cambios trascendentales de Muriel y Nolito, artífices del triunfo frustrado.

Este Sevilla va a más, con la pega de que sólo unos pocos se están subiendo al carro. Repitió prácticamente el mismo once que en los tres partidos anteriores, ya con Jesús Navas confirmado como una válida solución para el lateral derecho. Pero, por esa misma reiteración de un once en crecimiento de juego, adoleció de falta de frescura para rematar el partido. Y ésta es otra de las trabas de la Liga: requiere una plantilla de garantías si, como el Sevilla, son tres los frentes. Porque los refuerzos de invierno eran necesarios desde verano. Por eso Montella repite tanto su once. Al menos ya llegó Roque Mesa para refrescar la medular.

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