El cerebro masculino, al aire

Estudios neurológicos Durante cientos de miles de años han desarrollado papeles diferentes

Ni los hombres son tan simples ni las mujeres tan complejas, sólo crean realidades esencialmente distintas para afrontar las dificultades que la vida les plantea

Una chica lleva una careta de hombre en una fiesta de carnaval celebrada en Múnich.
Una chica lleva una careta de hombre en una fiesta de carnaval celebrada en Múnich.
Isabel P. Del Puerto (Efe) / Madrid

31 de mayo 2010 - 05:01

Existen diferencias a nivel hormonal entre los cerebros masculino y femenino y, como consecuencia, hombres y mujeres crean realidades esencialmente distintas para afrontar las dificultades que la vida, individual o en pareja, les plantea. La clave para superarlas no es otra que entender al otro tal como es.

Ésta es la principal conclusión del libro El cerebro masculino, de la neuropsicóloga estadounidense Louann Brizendine, quien tras abordar en un primer texto el "complicado" mundo del cerebro femenino, y con más de 25 años de experiencia clínica en esta área, ha decidido arriesgarse con el "complejo" universo masculino.

"Cuando decidí escribir el libro sobre el cerebro masculino", explica Louann en una entrevista con Efe, "todo el mundo, en más de 40 países me dijo que no sería un libro sino un panfleto" y, por ello, asegura que le gustaría eliminar la creencia de que la complejidad pertenece a lo femenino y la simplicidad a lo masculino.

Durante cientos de miles de años, el hombre y la mujer han desarrollado papeles biológicamente diferentes y, por ello, han evolucionado de forma "ligeramente" distinta.

El hombre, destaca la doctora Brizendine, ha tenido que perseguir a la mujer, defenderla frente a otros hombres y luego ayudar a proteger al bebé, mientras que la mujer, al desarrollar un embarazo, ha necesitado protección y alimentos porque su responsabilidad era que el bebé indefenso sobreviviera.

El objetivo de ambos es proteger a los hijos, pero se lleva a cabo de forma diferente y en ello, afirma esta experta neuropsicóloga, influyen el tipo y la cantidad de hormonas que llegan al cerebro.

A partir de las ocho semanas de gestación, el cerebro de los niños se llena de grandes cantidades de la hormona testosterona, que desarrolla en este órgano los circuitos del comportamiento masculino y provoca un mayor crecimiento de algunas zonas, como en el hipotálamo, donde el área del deseo sexual es en los hombres 2,5 veces mayor que en las mujeres.

Después, durante la pubertad, el nivel de testosterona en los hombres se multiplica por veinte y será quince veces mayor en ellos que en la mujer durante toda su vida, lo que Louann destaca como uno de los motivos por los que los hombres tienen mayores necesidades de "persecución sexual".

En este sentido, el libro aborda un estudio reciente en el que se establece una "posible" responsabilidad genética en la infidelidad de aquellos hombres que tienen una versión corta del gen receptor de la hormona vasopresina, un gen que, en su versión larga, determina que el macho de mamíferos como el ratón de campo sea monógamo.

La doctora Brizendine advierte de que estos resultados no deben servir como "excusa" para eludir responsabilidades, ya que aunque su libro está basado en analizar la influencia de las hormonas en el comportamiento, deja claro que éstas "sólo" tienen capacidad para impulsar determinados deseos y explica que el cerebro dispone de otros elementos mediante los que ponerles límites.

El libro El cerebro masculino organiza sus relatos a partir de las etapas biológicas del hombre y comienza su camino en la infancia masculina, donde explica por qué los niños prefieren juegos competitivos o violentos y rechazan, desde una edad muy temprana, lo que califican como "cosas de niñas".

A los niños, que estimulan desde muy pequeños los circuitos de la ira y la defensa, les gusta "desafiar sus límites físicos", llegando incluso a situaciones peligrosas porque su cerebro en esta edad aún no ha desarrollado "los frenos", mientras que las niñas empiezan a experimentar con su capacidad de ser "sexy" y cómo atraer al mayor número de hombres posible.

Con el tiempo, continúa Brizendine, las diferencias se acentúan especialmente en el modo de enfrentar los problemas.

La mujer se mantiene durante más tiempo en la zona emotiva del cerebro porque éste está preparado para leer las expresiones emocionales del bebé cuando aún no puede expresarse verbalmente y, sin embargo, el cerebro del hombre "sale muy rápidamente" de la zona emocional, para buscar soluciones prácticas a los conflictos.

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