TV-Comunicación

Esta RTVE no tiene arreglo

  • José Antonio Sánchez deja su presidencia el 22 de junio y se integra como consejero en una interinidad de incierta duración

El consejo de RTVE: Andrés Martín Velasco (PP), Teresa Aranguren (IU), el independentista Óscar Pierre, Rosario López Miralles (PP), José Antonio Sánchez, presidente, (PP), María Luisa Ciriza (PP), José Manuel Peñalosa (PP), Miguel Ángel Sacaluga (PSOE) y Fernando Navarrete (PP). El consejo de RTVE: Andrés Martín Velasco (PP), Teresa Aranguren (IU), el independentista Óscar Pierre, Rosario López Miralles (PP), José Antonio Sánchez, presidente, (PP), María Luisa Ciriza (PP), José Manuel Peñalosa (PP), Miguel Ángel Sacaluga (PSOE) y Fernando Navarrete (PP).

El consejo de RTVE: Andrés Martín Velasco (PP), Teresa Aranguren (IU), el independentista Óscar Pierre, Rosario López Miralles (PP), José Antonio Sánchez, presidente, (PP), María Luisa Ciriza (PP), José Manuel Peñalosa (PP), Miguel Ángel Sacaluga (PSOE) y Fernando Navarrete (PP). / rtve

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Al presidente de RTVE le quedan dos Telediarios en el cargo, concretamente, 19 días. El 22 de junio concluye los seis años de presidencia iniciados por el bien olvidado Leopoldo González-Echenique. A partir de ahí, llegará el caos. O esa fue la insinuación de José Antonio Sánchez en su última (y encendida) comparecencia parlamentaria de esta semana, sólo unas horas antes de la moción de censura. La moderación nunca ha sido el distintivo del periodista onubense que aparece en los papeles de Bárcenas, cuando era redactor de Abc. Su estilo ha sido siempre de tiburón de los despachos con la impresión de ser impermeable a las críticas, las que afectan a los contenidos y, sobre todo, a las que aluden a su control interesado de la línea editorial informativa. Ya eso pasó en su anterior etapa al frente de RTVE, la de Urdaci al frente de los informativos. La actual, con un José Antonio Álvarez Gundín que pasó bastante tiempo ausente de sus responsabilidades por enfermedad, va a terminar igual, con redactores de luto exigiendo el proceso que renueve la directiva de la corporación.

Salvo que el nuevo gobierno quiera reemprender con celeridad el relevo al frente de la corporación pública (con un presupuesto al filo de los 1.000 millones de euros y casi 7.000 trabajadores), el cambio de Gobierno no va a afectar a corto plazo la esencia de RTVE, aunque sea sólo por este detalle: el consejo de administración que se encargará de manera interina de RTVE a partir del día 22 está formado por 6 consejeros del PP de los 9 en total (más 1 de IU, 1 de PSOE y otro de los independentistas catalanes). Menudo consejo para tiempos de cambio. Y Sánchez no se marcha, sino que de presidente muta a consejero tras dejar bastantes cosas atadas, sin cambios en los informativos y renovada su parrilla rancia en La 1, desde el Hora punta de Javier Cárdenas al Centro Médico que ha superado mil tardes tristes. Y con un furgón de telefilmes alemanes para convertir a TVE en una sucursal de Hamburgo. Nada va a cambiar en TVE con el cambio en la Moncloa, por ahora. Y menos con un directivo como este Sánchez, correoso. El PP no tiene visos de desbloquear una normativa con defectos de forma consensuada por PSOE, Ciudadanos y Podemos para que se lleve adelante el concurso de renovación del consejo.

El PP controla el consejo de administración de RTVE con 6 de 9 miembros

González-Echenique, el predecesor de Sánchez, ya entró en su momento con mal pie. El PP reformó la ley de 2009 que obligaba a nombrar un presidente por consenso y el directivo que relevó al período de interinidad posterior a Alberto Oliart llegó por mayoría absoluta y sólo con el apoyo de los populares. Aquella desafortunada gestión incluyó abruptos despidos como el de Juan Ramón Lucas en las mañanas de RNE o el de Ana Pastor en Los desayunos. La credibilidad quedaba tocada desde el primer momento tras el prolongado período de Fran Llorente en los informativos de TVE.

Sánchez, que venía de liquidar más de media plantilla de Telemadrid, un año después, en junio de 2012, se encontró con la caída de audiencia sin frenos, con una programación que hacía aguas y unas cuentas que llegaron a sumar más de 328 millones de euros de deuda, unos 60 millones de media por año. Entre los logros del todavía presidente de RTVE se encuentra haber eliminado los números rojos de cada ejercicio. Una gestión de contención, sin excesivas alegrías presupuestarias. Sólo con la conclusión de los derechos futbolísticos de la Champions TVE tuvo margen para mejorar el prime time. Hay cierta trampa en estas cuentas: el gobierno alivió la soga de la corporación aceptando la figura de los indiscriminados patrocinadores culturales, y por los que RTVE se embolsa unos 100 millones de euros anuales, lo suficiente para erradicar los números rojos, con la resignación aceptada de las grandes privadas, que al fin y al cabo han sobrellevado con bonanza la crisis gracias a esa ley de 2009 de Zapatero. Un rasgo de conciliación entre los grandes grupos se detecta en la creación de la plataforma on line conjunta, LovesTV, que comenzará en pruebas poco antes de que Sánchez se apee de la poltrona principal.

El actual presidente luce la peor media anual de RTVE en su historia, el 9,8% de 2015, pero en los tres años siguientes se ha ido remontando por esa mayor producción de series y espacios de prime time que han maquillado una presencia de La 1 cada vez con menos influencia en la sociedad española, espejismos de OT al margen. En los últimos diez años, con un 16,9% en 2008, el primer canal ha perdido más de un tercio de su audiencia (10,4% fue la media de 2017); La 2 ha perdido cerca del 40%, del 4,5 al 2,6. Los informativos de TVE lideran por migajas ante las privadas, 1,9 millones de espectadores de media en mayo, 13,6%. En 2012, el último año de Llorente, superado el apagón analógico, eran 2,3 millones, 16%.

A Sánchez, confeso feligrés del PP como ha gritado en sus comparecencias en el Congreso, no hay quien le tuerza la idea de su triunfo en la corporación pública y el servicio prestado a la patria. En eso se parece a los gestores más intransigentes de su partido, una actitud que, como poco, ha contribuido al batacazo sufrido por el gobierno de Rajoy en esta semana.

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