feria de jerez

Roca Rey corta cuatro orejas y un rabo en una tarde rotunda

  • El diestro sale a hombros de la plaza, mientras que El Juli corta un apénice y Talavante se va sin nada.

Roca Rey, sale a hombros de la plaza. Roca Rey, sale a hombros de la plaza.

Roca Rey, sale a hombros de la plaza. / Miguel Ángel Gonzalez

Roca Rey fue un huracán en Jerez desde que se hizo presente en el albero. A su primero le hizo un variado de suertes en un quite muy apretado. Chicuelinas, tafalleras y una gaonera inverosímil por achicar tanto los terrenos.

La apertura de su trasteo de muleta lo hizo con pases cambiados por la espalda. Uno increíblemente ajustado. Después vino el toreo en redondo y dos series con la izquierda largas y templadas. El toro era nobilísimo, obediente y pastueño, tanto que dejó que el peruano hiciese a su antojo. Bernadinas finales y estocada entera. Dos orejas y palmas al toro en el arrastre.

El sexto de la tarde tuvo cierta movilidad que Roca Rey supo aprovechar. En los medios, el torero le condujo las embestidas con temple sobre todo con la diestra. Con la izquierda enjaretó una serie templada y larga. Muy buena.

Dejo atrás los efectismos para torear con temple y mucha suavidad. Tandas que fueron a las sobresaliendo magníficos naturales. En definitiva una faena maciza. La tarde era suya. Estocada en la yema y máximos trofeos.

El Juli llevaba nueve años sin pisar la arena de la plaza de Jerez de la Frontera. Su tarjeta de presentación ante el público jerezano tuvo lugar con un bonito recibo de capote a la verónica a su primero, con una media también muy buena y un posterior quite por ceñidísimas chicuelinas.

El toro fue noblote sobre todo por el pitón derecho, y el Juli lo corrió con temple y mano baja con la diestra en dos series de muletazos largos y cadenciosos. Con la izquierda no hubo la misma sintonía. Agarró un espadazo arriba, un descabello y cortó una oreja.

Su segunda labor, sin embargo, no pasó de voluntariosa. Muchos muletazos pero sin llegar a calentar lo suficiente. No anduvo tampoco fino con los aceros, y recibió una cariñosa ovación.

Alejandro Talavante no le cogió el son a su primero, al que toreó siempre "fuera de cacho" y sin pasar nunca de las meras probaturas, que no llegaron a buen puerto. Silencio en filas. Y para ahondar en su aciaga tarde, al segundo de su lote no lo quiso ni ver. El público, muy enfadado con él, le despidió con una pitada.

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