Vivir

Aprendizaje lúdico cerca de casa

El verano es sinónimo de descanso y diversión. Aunque estas ociosas ocupaciones estivales de los más pequeños de la casa son incompatibles con las responsabilidades de sus padres, no lo son con tener la oportunidad de aprender cosas nuevas de forma amena. Cinta Rodríguez, directora de la empresa de eventos infantiles Activamentes y madre trabajadora, conoce esta situación. Éste es el tercer verano que se organiza Acticampus, un campus urbano que pretende no sólo compatibilizar la jornada laboral de los adultos con el ocio veraniego de sus hijos, sino aportar a los escolares un extra de conocimiento y desarrollo personal. El Hotel Silken Al-Andalus ha cedido sus instalaciones para acoger este programa, en el que pueden participar niños de entre 3 y 14 años y que estará disponible hasta el 29 de agosto.

La cita se repite de lunes a viernes, excepto los festivos, frente al expositor de Acticampus en el establecimiento hotelero de la avenida de la Palmera. A las ocho de la mañana, los monitores recogen a los niños y comienzan a organizar la jornada con ellos. Según explica Cinta Rodríguez, una de las dificultades de los campus de verano es trabajar con menores que suelen llegar cansados porque, en esta época del año, se acuestan más tarde. Por eso, apunta la directora, las actividades y las franjas horarias en que se desarrollan están pensadas para que haya un equilibrio entre las físicas y las didácticas.

Después del desayuno, una sesión leve de ejercicios, a veces de yoga, y estiramientos despierta a los pequeños antes de poner en marcha un coloquio en el que cada uno ha de compartir con sus compañeros de juegos cómo se siente en ese día. La directora de Activamentes se ha inspirado en las reflexiones que Ken Robinson para elaborar los talleres de este programa, por eso se hace "especial hincapié en ayudar al niño a entender, categorizar y afrontar sus estados de ánimos", puntualiza. Y aclara que no se imparten clases rígidas, sino que se pretende que los menores empiecen a descubrirse y aprendan a expresar sus emociones de manera concreta: "No nos vale que nos digan que se encuentran bien o mal, sino que con ellos vamos más allá, a descifrar si ese mal significa cansancio o aburrimiento y ese bien, euforia o expectación por algo. Sólo así sabremos ponerle remedio". En el taller de educación emocional se profundiza en los gustos de los pequeños y se les anima a disfrutarlos.

Los 15.000 metros cuadrados de jardines del hotel, en los que se encuentra la piscina, son los espacios favoritos de los niños. Entre las 10:00 y las 12:00, es aquí donde se llevan a cabo las actividades deportivas y acuáticas. En ese momento, los pequeños del Acticampus suelen llamar la atención de los niños que se hospedan en el establecimiento y que terminan por unirse al grupo. Los hijos de los huéspedes tienen precios especiales y, como, habitualmente, son de otra nacionalidad, su participación aporta al campus el matiz de la inmersión lingüística, según comenta la directora.

Durante estas horas del día, Jesús Rodríguez, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, es quien acompaña a los menores. Cinta Rodríguez presume de contar con un equipo de profesionales comprometidos con la iniciativa. Las otras tres chicas que forman parte del grupo de monitores, Sara Nogales, Paula Marchena y Carmen Borrego, son pedagogas.

Las semanas se planifican en el campus por temáticas. Mientras en junio y julio, los continentes protagonizaron las sesiones creativas, durante esta primera semana de agosto es la Prehistoria. En la línea filosófica de la empresa, que busca incentivar el desarrollo cognitivo del menor a través de su creatividad, uno de los talleres ha sido introducir a los pequeños en la cultura de las pinturas rupestres. Se les explica que aquellos hombres creían que si pintaban lo que deseaban, lo conseguirían. Así que, en las mesas de uno de los salones del hotel, caracterizadas como cuevas prehistóricas, los niños deben dibujar aquello que desean. Nora, por ejemplo, dibuja princesas y Miguel, de 6, pinta las manchas de su guepardo: "Quiero ver a uno en la selva correr. Lo hacen muy rápido". Antes de que haya que almorzar, es hora de dejar volar la imaginación con la lección histórica ya aprendida.

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