El bar Antonio el Espolaina dice adiós tras 44 años en Nervión: "Este sitio no era solo para subir una foto a Instagram, estábamos como en casa"

El buen ambiente y la comida casera han sido las claves del éxito de este negocio familiar que emprendieron dos campesinos onubenses al llegar a Sevilla

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El serranito, el lomo en manteca o los garbanzos con menudo eran algunas de las tapas estrella del Espolaina.
El serranito, el lomo en manteca o los garbanzos con menudo eran algunas de las tapas estrella del Espolaina. / Instagram

El bar Antonio el Espolaina se despide tras más de cuatro décadas de historia en el barrio de Nervión. Antonio y Chelo concluyen su etapa al frente de la emblemática cervecería, según han hecho saber en un comunicado a través de Instagram. Este negocio familiar fue fundado en los años 80 por los padres de Antonio, Gabriel e Isabel, campesinos oriundos de la localidad onubense de Villalba de Alcor que encontraron en la hostelería una nueva oportunidad en Sevilla. Desde entonces, tres generaciones han hecho del Espolaina un punto de encuentro en la calle Alejandro Collantes, donde ahora ya cuelga el cartel de "cerrado permanentemente".

"Está todo el mundo triste, porque el bar de mis padres no ha sido solo el sitio donde vas a comer y haces una foto para subir a Instagram. Mi madre hacía mucha comida casera y la gente pasaba el tiempo allí como si estuviera en casa", asegura Isabel Infante, hija de los propietarios, en conversación con Diario de Sevilla. Desde que los vecinos de Nervión han conocido la noticia no han dejado de repetirse los mensajes de agradecimiento, cariño y parabienes para los Espolaina, aunque el sentimiento es mutuo.

En la memoria quedan los desayunos y almuerzos alrededor de tapas como el lomo en manteca o la sangre encebollada. "Era comida típica del pueblo que hacía mi abuela Isabel", cuenta su nieta. De los primeros años todos recuerdan "la tiza en la oreja del abuelo Gabriel y la barrra llena de números blancos", además de las mesas repletas de fichas de dominó.

El Espolaina fue, con mucho sacrificio y trabajo, el medio de vida que sacó adelante una familia de cuatro hijos, del que uno de ellos, Antonio, tomaría el mando unos años más tarde. Él, en la barra y el comedor, y su mujer Chelo, y su hermana Juani, en la cocina, hicieron de este un lugar de referencia para los vecinos de Nervión. "A la salida del trabajo muchos tomaban su menú diario, con platos calientes como los garbanzos con menudo", apunta Isabel.

Pero si ha habido una tapa estrella ese ha sido su serranito, servido con una loncha de jamón, tortilla, pimiento y patatas fritas con alioli. Junto a otras como las lagrimitas de pollo o el lomo con tomate han acompañado a la cerveza en este local durante décadas. "A la gente se la conquista por la comida", algo cada vez más difícil en una hostelería saturada de precocinados, —opina la hija de Antonio y Chelo—.

Tres generaciones haciendo comunidad en Nervión: "Mi casa era el bar"

Isabel y su hermana han sido la última generación en trabajar en el Espolaina, donde han crecido "entre cerveza". A ellas les inculcaron los valores de sacrificio y compromiso, pero también les dieron sin saberlo la oportunidad de conocer a personas que acabarían siendo parte de su familia. "Mis amigas del colegio de toda la vida no conocían mi casa, porque mi casa era el bar y allí era donde comíamos", afirma.

Atrás quedan los servicios y las jornadas interminables, pero queda la satisfacción por el trabajo bien hecho. La saga de hosteleros del Espolaina se despide orgullosa y feliz de haber compartido su historia e infinidad de momentos con su barrio de Nervión. "Ahora toca otra etapa diferente, la de disfrutar de la vida, así que Antonio, ¡borra las alarmas a las seis de la mañana!", bromean.

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