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Cuando ir al museo o al dentista es lo mismo

  • Exhibición de piezas centenarias odontológicas en Garcelán Clinic, que cumple 70 años

En 1940 el doctor José Rodríguez Iserte instaló su gabinete odontológico en pleno centro de Sevilla. La coyuntura económica y social no era fácil, pero su buen hacer profesional le valió para hacerse un nombre que hoy, tres generaciones después, mantienen su hijo (José Manuel Rodríguez Moreno) y nietos (Manuel Rodríguez Garcelán y José Luis Rodríguez Garcelán). Garcelán Clinic cumple 70 años en su remozada sede de Alfonso XII, una clínica que cuenta con las últimas tecnologías y avances en tratamientos pero que conserva la solera de antaño, una característica que muestra con orgullo a quien acude a consulta. Un museo de piezas centenarias relacionadas con la odontología sorprende y transporta a otros tiempos al paciente que, una vez accede al interior del gabinete para ser atendido, cuenta con comodidades como pantallas donde se proyectan videos o aromaterapia. "Todo está pensado para el bienestar de quien apuesta por nosotros, para su comodidad", destaca José Luis Rodríguez Garcelán.

Fue hace dos años, en la ampliación y restauración de la clínica, cuando de unas cajas olvidadas salieron auténticas piezas de museo que hoy se exhiben en la clínica. Son utensilios, manuales, mobiliario, medicamentos e instrumental de principios del siglo pasado que fueron empleados por el fundador del centro, Rodríguez Iserte, presidente del Colegio de Odontólogos e impulsor del primer congreso hispanoamericano de esta disciplina.

Curioso resulta descubrir en las vitrinas del museo objetos como la balanza con la que se pesaban las piezas dentales de oro que, "una vez se quitaban, según su peso, se descontaban del precio de la factura del cliente". Entre pastas de diente antibióticas, agujas que se reutilizaban esterilizándolas con alcohol o prótesis recubiertas de caucho, algunos fármacos hoy prohibidos, como las pastillas de mentol y cocaína para el dolor.

Un equipo dental del 60, en perfecto estado de conservación, o dientes cortados, sin láser, con una precisión milimétrica para exposición, están entre los objetos que más llaman la atención del visitante. No pasa desapercibida una antigua cámara fotográfica con la que el doctor Rodríguez Iserte fotografiaba las dentaduras de sus pacientes, así como una maqueta de su gabinete, que él mismo realizó demostrando su destreza manual. Casi un siglo ha pasado de la creación de esta clínica que hoy destaca por, entre otros motivos, su inmersión en las redes sociales. Así lo cuenta Rocío Herrera, responsable de marketing: "Es posible coger cita hasta por Whatsapp, y nuestros doctores son blogueros; sus posts tienen mucha repercusión en el sector".

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