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El reinventor de las sevillanas

"Algo se muere en el alma cuando un amigo se va", reza una de las sevillanas que más ha sonado en el recinto ferial desde que éste se trasladase a la zona de Los Remedios. Y no sólo en el real se han escuchado estos versos, de manos de Enrique Ayarra las escuchó el mismísimo Juan Pablo II en el Vaticano. Como única competidora a esta sevillana está la más que mítica Pasa la vida que, desde el más pequeño hasta el más anciano, todos han coreado en alguna que otra jornada festiva. Ambas coplillas, cantadas y bailadas hasta el infinito, son de Manuel Garrido, un hombre que, desde la humildad y apartado del mundo de la farándula, es todo un referente en la composición de sevillanas. Ahora, la editorial Samarcanda ha reunido todas sus letras en una antología poética, de nombre Pasa la vida, que se presenta hoy a las 19:30 en el salón de actos de la Hermandad de la Esperanza de Triana (c/ Betis, 28).

Manuel Garrido, de 92 años, nació en Morón de la Frontera y fue durante su época de estudiante donde le surgió su afición a la literatura. Después de hacer sus pinitos como actor en la capital andaluza, además de ejercer como guionista y presentador de programas, percibe que en la Feria de Abril hay algo que se está perdiendo. Son los años 60 y cada vez se escuchan menos sevillanas en las casetas. Sólo las antiguas y las llamadas corraleras sobreviven difucultosamente a las cada vez más habituales orquestas. Frente a esa situación se le ocurre la idea de revitalizar este género y darle el sitio que se merece. Es entonces cuando comienza a escribir letras y crea el dúo Los Giraldillos. A partir de ahí muchos son los que se suman a la iniciativa de Garrido, dando a las sevillanas el lugar que se merecen.

Además de ser el revitalizador de este género, a Manuel Garrido se le debe que cada año se lancen nuevas sevillanas y que hayan surgido artistas como Los Tarantos, Los del Río, Los Romeros de la Puebla, Los Marismeños o Los Amigos de Gines, primeros en cantar las Sevillanas del Adiós.

Universales, como La Internacional o La Marsellesa, estas sevillanas tienen su historia. Manuel Garrido solía acudir al Rocío todos los años con unos amigos. En una de esas ocasiones, como suele ocurrir cuando se va al Rocío, Garrido tenía invitados en su casa. Un inglés que acudía a la ermita por primera vez y que allí se encontró con un empleado del banco en el que trabajaba. Éste, el empleado, debía marcharse antes del lunes por motivos laborales y, para despedirlo, a Garrido le salió del alma eso de "no te vayas todavía, no te vayas por favor". Al receptor de la despedida no lo volvió a ver jamás, pero, gracias a eso, de su cabeza nacieron las sevillanas más cantadas en la historia de las despedidas (y también de la Feria).

Responsable de que este cante tenga el sitio que le corresponde, no sólo se ha dedicado a escribir sevillanas. De su pluma han brotado saetas o La Salve de la Misa del Alba, además de haberle escrito a artistas de la talla de Lola Flores o Marifé de Triana. Aunque lo de juntar letras no era su oficio. Manuel Garrido trabajó durante 37 años en el Banco Central, a pesar de tener despierto el espíritu literario.

Como era de esperar después de su larga trayectoria, muchas son las letras que este compositor ha ido acuñando a lo largo de los años. Reunirlas todas, las conocidas y las que nunca vieron la luz, era todo un reto que desde la editorial Samarcanda tenían ganas de asumir. No sólo porque todas esas letras merecían ser ordenadas, catalogadas y mostradas al público, sino porque este referente en el mundo de las sevillnas merecía que se le rindiera homenaje al reunir toda su antología.

Al pie del cañón pero retirado de la vida pública, Manuel Garrido coge su pluma de vez en cuando si un amigo se lo pide. Porque aquel que le canta al compañero que se va es incapaz de negarle una letra si éste se lo pide.

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