Un juez reabre el caso de los 'novios de Cádiz' que mató ETA

  • La banda terrorista mató en 1979 al guardia civil de Tarifa Antonio Ramírez y a su novia Hortensia González, de San Roque

  • El fiscal y la acusación particular pidieron la investigación

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Un ramo de flores frescas adorna la lápida de Hortensia González en el cementerio de San Miguel de San Roque. Son las últimas que ha llevado su cuñado Eugenio, que lo hace cada semana desde hace 38 años, cuando un atentado de ETA segó la vida de la joven y de su novio, el guardia civil de Tarifa, Antonio Ramírez en Beasain (Guipúzcoa).

El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno ha reabierto la investigación de este caso, que fue conocido como el de los novios de Cádiz. Él tenía 24 años y ella 20. En su auto, Moreno Moreno acuerda la reapertura de la causa a instancia de la Fiscalía y de la acusación particular ejercida por la hermana de Hortensia, Aurora González, que asistida por la Fundación Villacisneros y el despacho Milans del Bosch Abogados solicitó que se reabriera el caso.

Se desconoce si el delito ha prescrito porque no se ha identificado a los autores del atentado

El atentado tuvo lugar el 6 de enero de 1979 en la calle Jardines de Beasain, donde el guardia civil y su novia fueron ametrallados cuando estaban en el interior de un Renault 5 ante una señal de stop. La pareja volvía de una sala de fiestas. Dos etarras los acribillaron. Antonio recibió ocho balazos; Hortensia, diez. Tras la investigación, el Juzgado Central de Instrucción nº2 sobreseyó el caso en dos meses por "falta de autor conocido".

La Fiscalía ha informado ahora a favor de la reapertura, alegando que es posible porque se desconoce si está prescrito el delito de integración en banda terrorista que se imputaría a los autores. El plazo de prescripción de ese delito empieza a contar desde que los etarras autores de las muertes dejan la banda y, en este caso, al no saberse quiénes son, tampoco se puede saber si ha transcurrido el plazo o no.

El juez considera además que los delitos de integración y de asesinato que se dan en este atentado "no pueden separarse" porque "forman una conexión natural, íntima e indestructible al tener un único proyecto", por lo que ambos estarían vigentes si no se demuestra su prescripción.

"Estamos contentísimos, a ver si ahora podemos descansar. Lo hago por mi hermana, mi cuñado y por las casi 300 personas que están en la misma situación. A mí me cambia todo porque la diferencia es saber quién o quiénes son los culpables", explica Aurora González, que habla junto a su hermana Carmen en su casa de Algeciras. "He llorado y he sufrido mucho, pero hay que continuar y sólo si se hace justicia podemos tener paz".

El dolor también está instalado permanentemente en la casa de la familia de Antonio en Sabadell (Barcelona). Su madre, Leonor, de 90 años, mantiene una habitación convertida en santuario con fotos y enseres personales de su hijo y de la que iba a ser su nuera.

"La reapertura del caso supone para mí la satisfacción moral porque quiero ver la cara de esos dos valientes que mataron a dos personas indefensas", señala con dolor Diego Ramírez, sargento de la Guardia Civil en reserva. Su hermano Antonio y él nacieron en Tarifa y Algeciras respectivamente, porque su padre, también miembro de la Benemérita, estuvo destinado en Tarifa. Tras varios destinos posteriores se asentaron en Sabadell. "Yo estaba en Cazorla cuando me llamaron y en dos días me iba a mi destino en Jaén. Hice 1.200 kilómetros con mi mujer embarazada de siete meses para ir a primero a Guipúzcoa y después a Barcelona, y renuncié a mi plaza para quedarme con mis padres", apunta.

Su familia conserva como "la joya de la corona" el coche de Antonio, el último lugar donde estuvieron juntos los dos. Un R-5 naranja se mantiene impoluto en un garaje. "Es lo que nos queda de él y el único coche en el que se quiere subir mi madre cuando la llevamos al cementerio todos los domingos porque dice que es en el que no se marea", dice Diego. El coche fue reparado y se modificaron los asientos por los impactos de bala, el resto se mantiene igual.

La familia de Hortensia es mucho más numerosa, sus seis hermanos viven entre San Roque y Algeciras. Jesús González, que regenta una carnicería, no sabe explicar la sensación que tiene desde que conoció la decisión de la Audiencia Nacional. "Siento como una relajación en el tiempo, es saber que los crímenes de ETA no quedarán impunes, o al menos esa es la esperanza". No pasa un día que no se acuerde de Hortensia.

"Yo conocía a Hortensia, era de mi edad y a toda su familia, muy conocidos en San Roque, de la barriada de la Paz. Era muy buena y tímida. Fue la primera mujer que asesinó ETA y cuando se supo aquí, produjo una gran conmoción. Fue un entierro multitudinario e impresionante", recuerda Antonio Pérez Girón, cronista de la ciudad que relata la historia en su libro Cuando éramos mejores. Memoria de la transición en San Roque. Tras los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, la Corporación aprobó designar una plaza con el nombre Hortensia González Ruiz. En recuerdo de las víctimas del terrorismo.

Al igual que su hermano, Aurora lleva 38 años pensando cada día en su hermana. "Voy al psiquiatra y me tomo pastillas desde entonces, he intentado dejarlas varias veces pero no puedo y tengo que volver. Ya nunca las dejaré". Pero a lo que no se ha resignado en estos años es a seguir luchando por su hermana, y por eso, cuando desde la Fundación Villacisneros se pusieron en contacto con ella, ha movido cielo y tierra y ha viajado a Madrid varias veces "y lo haré las veces que haga falta" con carpetas llenas de documentos.

Las fotografías de Hortensia llenan su casa, incluso las de sus hijos aunque algunos no la conocieron. "Para todos es la tata, y también para mis sobrinas, que me piden fotos continuamente. Siempre vivió conmigo desde que me casé y me fui a Villafranca de Ordicia, donde destinaron a mi marido Eugenio. Ella se vino y allí conoció a Antonio. Era tan bueno y tan cariñoso", recuerda.

Aurora y Carmen evocan pequeños detalles de aquella noche. "Es curioso cómo se dieron los regalos de Reyes antes del día 6. Y también una cadena que él le iba a regalar el día de los enamorados quiso dársela esa misma noche, como si presintiera algo". Aquella noche aciaga, la del 6 de enero de 1979, Antonio y Hortensia salieron con otro agente y su pareja a una discoteca. "Era el guardia civil Miguel Maestre, que murió meses después en otro atentado de ETA, y se sospecha que era él a quien la banda terrorista tenía en el punto de mira", relatan.

El atentado marcó para siempre a las dos familias, que han mantenido el contacto todos estos años. "Conocía a Aurora meses antes y con un día tuve bastante para saber sus cualidades. Mi madre y la suya hablaban a menudo y se entendían muy bien. Cuando me explicó lo de la Fundación Villacisneros le dije que adelante y que después iba yo", concluye Diego Ramírez.

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