la tribuna económica

Reactivación laboral

Joaquín / Aurioles | Actualizado 07.05.2009 - 01:00
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EL comisario de Almunia ha vuelto a poner el dedo en la llaga. La recuperación tardará en llegar y a España todavía un poco más que al resto de Europa. La razón es que el desplome inmobiliario está provocando aquí más desperfectos que en otros sitios y, por lo tanto, también las reparaciones serán más costosas y duraderas. Si trasladamos el razonamiento a Andalucía, la conclusión es clara: hay que ser pesimistas porque, antes de que la crisis se instalara del todo, el peso de la economía andaluza en la española era del 14% y el de la construcción del 16,7%.

El argumento es simple, pero si se intenta complicar con otras aproximaciones colaterales, los resultados tienden a empeorar. Desde el año pasado, por ejemplo, en Andalucía se destruye más empleo que en España y se crea menos, además de que la tasa de temporalidad es considerablemente más acusada. En los años de más intenso crecimiento del empleo, aquí se registraba uno de cada seis nuevos contratos por cuenta ajena, pero también uno de cada ocho contratos fijos y uno de cada tres eventuales. La buena noticia, aparentemente, es que desde finales de 2008, la tasa de temporalidad de los asalariados andaluces viene cayendo más intensamente que en el conjunto de España, pero en el fondo no se trata más que de un espejismo. La explicación se encuentra en que el aumento del desempleo se está cebando especialmente con los eventuales.

La fragilidad de un mercado de trabajo aparentemente distorsionado por un peso excesivo de la temporalidad refuerza, por tanto, la hipótesis pesimista sobre el coste y la duración de los ajustes previos a la recuperación, pero lo cierto es que las cosas todavía pueden ser peores. Un nuevo argumento es que tanto la economía española como la andaluza arrastran un desequilibrio entre lo que producimos y demandamos que no ha dejado de crecer desde hace una década. A la altura de 2007 los españoles gastábamos un 10% más de los que producíamos, lo que significa que llevamos mucho tiempo buscando en el exterior la financiación necesaria para cubrir el desequilibrio. En Andalucía se estima que la diferencia es todavía mayor, en torno al 16%, y la buena noticia, aunque otra vez sólo aparente, es que a lo largo del último año se ha corregido considerablemente el exceso y que el gasto se está ajustando rápidamente a la producción. El espejismo en este caso se explica porque a la contención de gasto contribuye decisivamente la imposibilidad de encontrar en estos momentos financiación para mantenerlo. Lo significativo es que se trata de otro factor que presiona sobre la magnitud del ajuste de la demanda, con su correspondiente impacto en términos de empleo. En definitiva, un cuadro de circunstancias que invitan al pesimismo, especialmente en Andalucía, pero que también deberían invitar a la receptividad de iniciativas como las del documento Propuesta para la reactivación laboral en España, suscrito por un centenar de economistas españoles. Es seguro que las propuestas pueden ser mejorables, pero al menos se sabe que en otros sitios donde aplican recetas similares, los resultados son bastante mejores que los de aquí.
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