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Instantes únicos

  • Dos libros de Alejandro Simón Partal coinciden en las librerías: el sobrio y emocionante poemario 'La fuerza viva' y su ensayo sobre González Iglesias.

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Instantes únicos

Alejandro Simón Partal (Estepona, 1983) escribió algunos de los poemas de La fuerza viva, según cuenta en la nota final, en Boulogne sur Mer, "una pequeña ciudad portuaria muy próxima a Calais, en el norte extremo de Francia, donde vivía y trabajaba como lector. Estos poemas me arreglaron algunos días que parecían sin arreglo, y me ayudaron a mantener la ilusión por algo en un sitio donde casi no es ético hablar de ilusión". Es su cuarto poemario y ha sido galardonado con el Premio Arcipreste de Hita 2016. Mientras el poeta daba clases en el "norte extremo" de Francia, su padre agonizaba en el sur extremo de España: a ese dolor, a esa duda ante cómo enfrentarse a la enfermedad y a una ausencia ("¿cómo se prepara uno / para lo que no se puede aceptar?", escribe) está dedicado el núcleo central del libro. Se abre con la observación de tres chicos ("Atléticos y pobres, / comen un shawarma con coca-cola"), después se ve a un grupo de jóvenes ("En ellos no hay nada real, / pero sí algo extraordinariamente posible"), y a continuación llega el primer poema memorable del libro: "Un hombre acoge en su casa a otro hombre (Refugees Welcome)". Es un ejercicio arriesgado el que acomete aquí Simón Partal: hacer poesía social sin sonar ridículo o cínico o antiguo, es decir, librarse de los prejuicios que acarrea la etiqueta. "Miro mi baño vacío y desearía / que todos los hombres del mundo / agotaran todos los embalses de Europa / en mi casa", escribe y en esos versos encierra, con una inocencia preclara, la impotencia ante la incapacidad de los Estados para acoger a los refugiados. Va de unos hombres a otros hasta llegar al más importante (al menos en este volumen): el padre. En Últimas fuentes recuerda un largo paseo con él, "Los dos, sin apenas mirarnos. Los dos en silencio", y abre la serie de textos dedicados al padre y a su agonía. Viene después el deslumbrante Un hombre-padre y su agonía, un poema en cuatro partes en el que repasa la relación con el padre a la luz de la enfermedad, y en el que lo grave ("Siempre tarda más en desaparecer / lo que no sabemos si amar") aparece mezclado con lo popular (Rocío Dúrcal, Lola Flores) y lo contemporáneo ("nueva tienda de Apple").

Como sucede a muchos otros escritores, la conciencia de la propia mortalidad despierta el deseo de vivir y de apreciar cada instante como lo que es: único. Despierta la alegría de vivir y la voluntad tenaz de vencer a la melancolía a base de disfrutar de instantes que quedan aquí capturados para siempre. En este tramo del libro hay poemas que recogen escenas de un presente a veces doloroso, a veces aparentemente intrascendente, pero precioso por el hecho de ser. Y así, aparece uno de los poemas más redondos del libro y que concentra la idea central del libro, Mon père: el padre agoniza mientras el hijo está lejos, en una ciudad en la que desde la muerte del general San Martín "no ha pasado mucho más". El hijo fantasea con encontrarse con Louis Garrel, piensa en su belleza, "en su piel de verbena humilde, / mientras pierdo a mi padre". Hay cuerpos, "sexo atropellado" con un hombre casado, poemas que preceden y anticipan una resolución: centrarse en lo concreto, ese es el camino hacia la felicidad. En ese sentido van poemas emocionantes y aparentemente ligeros como Notas al margen de una casa o Lo justo sólo, un cierre impecable para un poemario contenido y emocionante que es la confirmación de una voz contundente y de un poeta "auténtico, emocionado, hondo", como ha escrito Antonio Lucas.

La aparición del poemario coincide felizmente con la publicación del ensayo A cuerpo gentil, un estudio sobre la poesía de Juan Antonio González Iglesias con el que Simón Partal se doctoró en Filología Hispánica. Es un trabajo lleno de fuentes e inteligentes lecturas que analiza la obra del poeta salmantino al mismo tiempo señalando su singularidad y situándola en una genealogía que empieza en los clásicos, pasa por Luis Cernuda, Vicente Aleixandre o Gil de Biedma y llega hasta poetas jóvenes como Sergio DeCopete. Para armar este ensayo, Simón Partal se apoya en un corpus donde caben María Zambrano, Charles Baudelaire, Byung-Chul Han, Luis Cernuda y también Ingmar Bergman, David Bowie o Lou Reed. Lo que hace Simón Partal en este estudio es muy complicado: un análisis inteligente y erudito unido con gracia a elementos reconocibles que le restan aridez al tema para que "la poesía y, por qué no, la filología vuelvan a formar parte de la vida de la gente, vuelvan a ser complementos de lo fundamental que apenas ocurre, en lugar de meras advertencias". Es un valioso estudio sobre la poesía de González Iglesias, con la que la obra de Partal establece un rico diálogo. A cuerpo gentil permite entrever la poética del escritor malagueño, que puede resumirse en lo que enunció González Iglesias en el prólogo de La hermosura del héroe: "hacer de la belleza una cualidad moral".

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