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Empate, gana el Betis (2-2)

  • Los verdiblancos tienen muchísimos más motivos para la fiesta que un Sevilla que sí se rebeló.

  • Tras el 1-0 inicial, los visitantes se repusieron y en juego tal vez fueran algo mejores.

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El Betis tiene motivos para celebrar. El marcador registró ese empate que conducía a ambos a finiquitar sus objetivos más inmediatos, aunque en el caso de los locales era el máximo y en el de los sevillistas era sencillamente un mal menor, llegar a una competición europea por la gatera, obligado a disputar dos rondas previas. Por eso, las tablas que figuraban al final en el electrónico del Benito Villamarín eran figuradamente un triunfo para la escuadra de Quique Setién por mucho que Joaquín Caparrós quisiera tirar de orgullo al pedir a los suyos que fueran a agradecerle a sus aficionados el apoyo. Dicho todo lo dicho, el Sevilla, sin ser nada del otro mundo, fue en este partido mejor en el juego en líneas generales, pero el fútbol no entiende de méritos y sí de goles sumados en el marcador.

Ésa es la única verdad de este deporte por mucho que todos utilicen la dialéctica en beneficio propio para tratar de agradar a quienes quieren oír lo que ellos pregonan. El Betis anotó dos goles, a través de Bartra y Loren, mientras que el Sevilla se fue al final de los vestuarios con otros dos tantos, obra de Ben Yedder y Kjaer. Resultado, empate.

Sé que es perogrullesco, un análisis demasiado simplista tal vez, pero es una verdad tan contundente que bien merece ser resaltada a pesar de que traten de imponernos filosofías sobre el amor eterno al balón y otras zarandajas que no sirven de nada, sólo para colgarse etiquetas futbolísticas que se quitan del cuello siempre que es necesario para pelear por el resultado. Como todos, vaya. Y en este sentido no se salva nadie, ni Setién, con todos los méritos que ha contraído durante su primera temporada en el Betis, que son muchísimos, ni los tres entrenadores que precedieron a Caparrós en el Sevilla alardeando del gusto por tener la pelota siempre, cuando a la hora de la verdad no era cierto.

Todo eso, de cualquier manera, tiene más que ver con balances globales y lo mejor es centrarse en desmenuzar este Betis-Sevilla tan cargado de condimentos por el hecho de coincidir con la penúltima jornada del campeonato liguero. Empecemos por las alineaciones. Setién salió como lo viene haciendo desde que hallara la piedra filosofal de las victorias. Tres defensas atrás, dos carrileros, dos medios que combinan la fuerza y la salida de la pelota, restaba por conocer quiénes eran los tres que completaban la escuadra. Y el cántabro apostó por la calidad de los dos veteranos, Guardado y Joaquín, y por la pimienta que le pone Sergio León por el hecho de haberse criado en Los Bermejales. Ahí tal vez estuvo su error, pues ninguno de los tres, pese a las pinceladas, llegaron a un nivel alto, lo que imposibilitó la salida del balón desde atrás ante la presión de los hombres que vestían de negro cuando se pusieron por detrás en el marcador.

Caparrós, mientras, apelaba a las piernas frescas, como él las denomina. Era el mismo equipo que arrancó en su primera cita contra la Real con Kjaer en el lugar de Layún. Seis futbolistas nuevos en la alineación respecto al triunfo contra el Real Madrid, pero a la hora de la verdad el lastre está en las dos bandas ofensivas, donde ni Sarabia ni Nolito ofrecen en estos momentos la capacidad mínima para un fútbol de élite. Fue un error por parte del utrerano, pues con dos delanteros y otras soluciones tácticas el funcionamiento de los suyos hubiera sido infinitamente mejor a tenor de lo visto.

Encima el juego arrancó con un primer golpe del Betis que llegaba muy prontito, en el minuto 5. Falta lateral, posición dudosa, pero casi imposible de ver, mala defensa ante un bloqueo de Javi García y cabezazo en solitario de Bartra dentro. El Sevilla, lógicamente, quedó aturdido, pero fue capaz de tener arrestos para ir reconduciendo la situación hasta llevarla a su terreno.

No es que los visitantes tuvieran ocasiones diáfanas, sí una de Nolito con un cabezazo inocente ante la salida de Pedro, pero el Sevilla presionó la salida de la pelota del Betis y la verdad es que fue haciéndose dueño del juego. Sin embargo, hasta el cambio del intermedio, con la entrada de Ben Yedder, no iba a tener algo de mordiente arriba.

Los jugadores de ambos equipos, al término del partido. Los jugadores de ambos equipos, al término del partido.

Los jugadores de ambos equipos, al término del partido. / Antonio Pizarro

Paradójicamente, eran instantes con tres delanteros, con un juego con cierto parecido en la presión al que propugnaba Berizzo en la persecución individual arriba. El Sevilla, entonces, sí tuvo llegadas, resueltas con mucha inocencia hasta que Ben Yedder sí tuvo picardía para, después de fallar él por un resbalón, anotar el empate.

El Betis igualó el juego desde ese momento, entre otras cosas porque el cansancio acumulado por los visitantes durante todo el curso, también se notaba. Incluso pudo marcar a través de Loren en una acción que evitó al final Lenglet. Fue hasta inesperado que en un saque de esquina, Ben Yedder se sacara de la chistera una prolongación con el tacón para que Kjaer remachara a quemarropa.

La situación había girado 180 grados y el Sevilla pasaba a mandar en el marcador, pero su tanque de combustible estaba más allá de la reserva y no tardó el Betis en igualar. David Soria le devolvió los errores del primer gol sevillista y Loren empató desde el suelo. Teóricamente, todos debían estar contentos con el empate, pero quien más lo estaba, y con toda la lógica, era el ganador del duelo, de la temporada en clave local en definitiva: el Betis.

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