Crítica de Música

Equilibrios y agilidades barrocos

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Presentaba la Sociedad Musical de Sevilla un programa ambicioso, que reunía dos de las obras corales más conocidas y difundidas del repertorio barroco. Para la ocasión, el grupo coral, que fue fundado en 2003, contó con la dirección del mexicano Raúl Moncada y con un pequeño conjunto instrumental de músicos bien conocidos de la escena barroca sevillana.

Es el coro de la Sociedad Musical de Sevilla un conjunto de una cuarentena de voces, muy nutrido para las actuales prácticas barrocas, por lo que acompañarlo de un contingente instrumental a voz por parte (dos violines y viola más el continuo a base de violonchelo, violone y clave) provocó inevitables desequilibrios, aunque no tan grandes como pudiera preverse a priori. Las condiciones acústicas de la Iglesia de San Alberto tampoco son las mejores. Afectaron especialmente a las dos piezas instrumentales, que sonaron sin brillo y espesas, apelmazadas, inanes.

Las obras corales funcionaron en cambio de forma más que notable. Moncada escogió tempi siempre adecuados, logró equilibrar todas las secciones e incidió con especial acierto en los contrastes de dinámicas, obteniendo una sonoridad global redonda y de muy apreciable agilidad articulatoria pese al tamaño del conjunto, con perfiles bien definidos (algo más débil por los bajos) y volúmenes movidos con detallada plasticidad. Espléndidos los dos solistas, muy suelta Rocío de Frutos en la pirotecnia melismática de su Tecum principium, delicadísimo de fraseo y muy intenso expresivamente Gabriel Díaz.

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