sucesos| la justicia quiere averiguar si el agente sabía lo ocurrido o ayudó al parricida

El juez ordena investigar a un hermano guardia civil del asesino de Alcolea

  • El hombre que mató a su ex mujer y la arrojó a un cauce seco dentro de una maleta llamó a su hermano varias veces la noche del crimen, antes de acudir al cuartel donde éste estaba destinado

La Guardia Civil trabaja en la vivienda de la calle Cádiz de Alcolea del Río, donde residía la pareja y donde se cometió el crimen. La Guardia Civil trabaja en la vivienda de la calle Cádiz de Alcolea del Río, donde residía la pareja y donde se cometió el crimen.

La Guardia Civil trabaja en la vivienda de la calle Cádiz de Alcolea del Río, donde residía la pareja y donde se cometió el crimen. / m. g.

El juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Lora del Río, que lleva el caso del crimen de Alcolea, investiga ahora si el asesino confeso tuvo ayuda por parte de su hermano, guardia civil de profesión. El presunto autor del crimen, Antonio María Gómez, reconoció haber asfixiado a su ex mujer, María del Rosario Luna Barrera, con los cordones de unas botas, para luego introducir el cadáver en una maleta y arrojarlo a un cauce seco en una finca de este municipio de la Vega del Guadalquivir, en el que residía la pareja.

El homicidio se cometió la tarde del 16 de abril y cinco días después el asesino presentó una denuncia contra su ex pareja por abandono de hogar. Lo hizo en el cuartel de la Guardia Civil de Los Alcores, en el que está destinado su hermano. Dos días más tarde, el 23 de abril, la hija de nueve años de la pareja hizo la comunión en Alcolea del Río. Fue en ese momento cuando la familia de la madre tuvo conocimiento de la desaparición y presentó otra denuncia por este motivo en el cuartel de la Guardia Civil de Lora. A raíz de ahí comenzó una investigación que terminó el 5 de mayo con la detención y confesión del asesino y el hallazgo del cuerpo.

Cinco días después del crimen, el parricida denunció a su ex mujer por abandono de hogar

En un auto emitido el 18 de mayo, el juez del caso ordena que se investigue el tráfico de llamadas registrado por dos teléfonos móviles del hermano guardia civil del asesino entre las cinco de la tarde y las diez de la noche del día 16 de abril de 2017, es decir, en la franja horaria en la que su hermano mató a la ex mujer y se deshizo del cadáver. Precisamente es este hermano a quien, junto con su esposa, el juez atribuyó la función de guardador de la hija del asesino y la víctima.

El magistrado explica que esta medida se fundamenta "en la necesidad de continuar con la investigación iniciada por el equipo de Policía Judicial de Lora del Río en torno a la muerte violenta de María del Rosario Luna Barrera, y ello a fin de averiguar la posible participación que en la misma hayan podido tener terceras personas coadyuvando o colaborando de algún modo en actos anteriores o posteriores a su muerte".

A raíz de la investigación del teléfono móvil del parricida, los investigadores conocieron que éste había llamado en varias ocasiones a su hermano la tarde del crimen. Incluso fue preguntado por este asunto en el interrogatorio, pero "no dio razón ni explicación de las mismas". Consta, además, que el hermano "sería la persona que le habría atendido en el cuartel" el día que el presunto autor del crimen interpuso una denuncia contra su ex pareja, "no denunciando más que un abandono de hogar".

El auto especifica que lo que se pretende averiguar es si el hermano guardia civil "pudo haber tenido conocimiento en su día de los hechos que se le imputan a Antonio María y si, en ese caso, pudo haberlo ayudado o participado de algún modo para encubrir a su hermano". Por ello, el juez ordena a la Policía Judicial de la Guardia Civil de Lora que investigue el posicionamiento del teléfono móvil del hermano "esa tarde y esa noche, y las posibles llamadas o mensajes que pudiera haberse intercambiado" con el parricida. Para ello, ordena a la compañía telefónica que facilite la actividad de dos números de telefonía móvil cuyo titular es el hermano del asesino confeso.

Aquella tarde hubo un intercambio de llamadas y mensajes entre ambos hermanos, según se ha podido conocer en los informes de la compañía telefónica examinados por la Guardia Civil y aportados al juzgado. El primero de los dos teléfonos del agente del instituto armado realizó dos llamadas al móvil de su hermano a las 20:10. Según el informe enviado por los investigadores al juzgado, "parecer tratarse de una llamada de atención porque tiene una duración de cero minutos". A las 22:07, el teléfono del guardia civil recibe dos llamadas del parricida, también de cero minutos cada una. Dos minutos más tarde, a las 22:09, es ahora el hermano el que hace dos llamadas al parricida, de nuevo ambas con una duración de cero minutos. Instantes después, vuelve a recibir una llamada del asesino y por fin hablan durante más de diez minutos. En todas estas conexiones, el teléfono del guardia civil aparece posicionado en Sevilla capital.

El segundo número de teléfono también registró dos conexiones entre los dos hermanos la noche del crimen. Este móvil recibió dos llamadas del asesino a las 22:09, de nuevo de cero minutos de duración cada una de ellas y, por tanto, "parece tratarse de una llamada de atención". Estos dos toques ocurrieron unos segundos antes de que ambos hermanos lograran hablar con el primero de los números del guardia civil. Este segundo número de teléfono también figura posicionado en la misma barriada de Sevilla capital.

María del Rosario Luna Barrera estaba ya muerta a la hora en la que hablaron los dos hermanos. Así se desprende de la confesión de Antonio María Gómez, que asegura que dejó a su hija en casa de unos amigos sobre las seis de la tarde y regresó a su domicilio "como 20 minutos o media hora" después. Allí se inició una discusión entre la pareja. Según el testimonio del asesino, la mujer le dijo que su hija y él tenían que morir, lo que provocó que cogiera un cordón y se lo pusiera al cuello a su ex mujer. Como había sangre en el suelo, cogió una bolsa y se la colocó en el cuello a la víctima. Una vez muerta su mujer, "cogió el cuerpo y lo metió en una maleta, con la que salió de su casa entrada la tarde, no era de noche todavía". Salí de la casa con luz del día y con la maleta, que metió en el maletero del coche, la llevó a una finca de naranjos y la arrojó en un "regajo seco". Luego, recogió a la niña en casa de los amigos sobre las 21:00.

En esta declaración, el asesino dijo que no recordaba "haber llamado" ni haber mantenido una conversación con su hermano ese día, y creía que "había sido el día siguiente". Cinco días después, el 21 de abril, presentó la denuncia por abandono de hogar, algo que hizo por "intentar tener la custodia de su hija". Según su versión, esto se le ocurrió a él, sin que nadie lo asesorara. El parricida aseguró al juez que "no habló con nadie antes de poner la denuncia", que presentó en el cuartel en el que trabaja su hermano.

El asesino alegó que hablaba con su hermano casi todos los días, "que le preguntaba por la niña", al igual que hablaba casi todos los días con sus padres. Tras cometer el crimen, manipuló ropa para que pareciera que su ex mujer se había ido del domicilio de manera voluntaria, si bien no se deshizo el teléfono móvil de ella -dijo que se había llevado uno más antiguo que tenía- ni de su tabaco, algo que difícilmente olvidaría ella por tratarse de una fumadora empedernida.

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