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Cuando la bronca está asegurada

  • El equipo de Montella se expone hoy al duro juicio de la afición, que no le perdona el desastre del derbi

  • El 0-2 de la ida debe espantar los nervios

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La bronca a los jugadores y al cuerpo técnico está asegurada. También al palco, sin duda, y si en esa zona del estadio no está sentado Óscar Arias, seguro que gran parte de la música de viento que hoy suene en el Ramón Sánchez-Pizjuán estará dedicada al director deportivo, que, si no se demuestra lo contrario, es el responsable con sus decisiones de muchos de los males que están sacudiendo la que podía ser una de las temporadas más bonitas en el Sevilla exitoso de la contemporaneidad.

El Sevilla pasará la eliminatoria, a nadie le entra dudas sobre eso -¿o sí?-, el equipo de Montella le ganará el segundo partido al Cádiz, pero la bronca seguirá estando presente y se repetirá al final de la noche por mucho que sus jugadores borden el fútbol ante el conjunto amarillo y lo manden camino de la AP-4, con su peaje incorporado, con un saco de goles en el autobús.

Porque la del último derbi fue muy fuerte, de las que no se perdonan, y el aficionado sevillista lo único de lo que tiene ganas hoy es de expresar su rabia y su enfado, una sensación que los más jóvenes ni siquiera conocían y que los viejos casi que tampoco, ya que nunca el Betis en la historia de los derbis había celebrado cinco goles en terreno sevillista.

FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía. FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía.

FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía.

Vincenzo Montella tiene desde ya una deuda pendiente con el sevillismo, una deuda que no es cualquier cosa y que lo mejor que puede hacer el profesional (llámese futbolista o miembro del cuerpo técnico) es empezar a olvidarla para que el sombrajo no se caiga del todo. El aficionado, no. Ése no la va a olvidar nunca y, como ya ha quedado dicho, se lo va a recordar hoy a base de silbidos a los responsables tanto antes del inicio del partido como al final del mismo.

Para evitar males mayores sí sería conveniente que el crispado ambiente que se viva en el estadio nervionense no se recrudezca durante el partido, pues lo único que le hace falta a este grupo de futbolistas es que el Cádiz se le suba a las barbas y les meta el miedo en el cuerpo como, por ejemplo, lo hizo en la segunda parte del partido celebrado hace una semana en el Ramón de Carranza, en la que una falta de tensión muy parecida a la del derbi afeó la agradable puesta en escena del modelo Montella, pudiéndolo meter de lleno en la eliminatoria, con penalti parado por Sergio Rico incluido.

En la Copa del Rey, el 0-2 debe ser suficiente rédito para un equipo de Champions ante un rival de Segunda, pero, como sentenció Benito Floro, el fútbol es un estado de ánimo y si empiezan los nervios el Sevilla puede verse obligado a hacer un sobreesfuerzo que no está en el guión y que tampoco ayudaría para la construcción del nuevo bloque que necesita para reconducir su situación deportiva.

Montella no cometerá esta vez el error de usar a los mismos futbolistas que tres días después deben competir en la Liga, pero tampoco puede fiarse porque ha dejado su crédito, no a cero, sino en números rojos, en su primer compromiso medianamente serio. Que la eliminatoria se le complique lo más mínimo puede resultar muy grave para Montella y pondría en situación más que incómoda a los que han tomado la decisión de echar a Berizzo y poner el proyecto del Sevilla más caro de la historia en sus manos.

En circunstancias normales era un partido para pasar una noche agradable, vivir una fiesta del fútbol junto a los hermanos de Cádiz, y esperar con tranquilidad al próximo duelo liguero en Vitoria y el rival que caerá en suerte en cuartos de final. El fútbol no lo ha querido así y toca apechugar con las consecuencias...

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