Músculos químicos

Los anabolizantes para el crecimiento muscular se mezclan cada vez más en la oferta del narcotráfico

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P. Ingelmo

04 de mayo 2014 - 05:04

"¿Habéis probado Espidrol? Qué maravilla. Gané siete kilos con un solo bote". El entusiasmo de este consumidor de anabolizantes expresado en un foro de fácil acceso, un adicto a Anabolandia, como llaman los cultivadores del músculo artificial al mercado negro de medicamentos de este tipo, se desvanecería al conocer que se acababa de tomar una bomba para el hígado. La Agencia Española del Medicamento decidió retirarlo después de que se dispararan los casos de hepatitis colestática de suma gravedad relacionadas con su consumo y que fueron denunciados por el Centro Andaluz de Farmacovigilancia.

En Andalucía hubo cinco casos irreversibles el año pasado. Espidrol se había escapado del control farmacéutico, sus canales ya estaban dentro de la órbita del mercado negro dispensándose a través de internet y en el boca a boca de los gimnasios. Espidrol es sólo una de las etiquetas de un negocio pujante que, según la Guardia Civil y la Policía ya forma parte del portafolio de los narcotraficantes. "No es un negocio tan lucrativo como la droga, pero los investigadores han observado cómo personas con antecedentes por narcotráfico se han pasado al tráfico ilícito de medicamentos porque las penas son mucho menores", apuntan desde la Guardia Civil, que, aun así, considera que cerca del 70% del mercado negro de estos fármacos se comercializa a través de internet y, en un amplio porcentaje, son falsificaciones.

Que el consumo de anabolizantes entre usuarios habituales de gimnasios es un problema de salud es algo en lo que están de acuerdo desde los más distintos ámbitos. La Agencia Española de Protección de Salud en el Deporte lleva a cabo varias líneas de investigación sobre los efectos de un amplísimo espectro de marcas destinadas a la mejora del rendimiento deportivo, dopaje legal o ilegal, profesional o amateur. En los últimos años han publicado conclusiones que son irrebatibles: en un estudio inyectaron nandrolona y estanozolol en ratas durante cuatro semanas a dosis equivalentes a las utilizadas en humanos. "Los datos obtenidos muestran que dosis suprafisiológicas de esteroides anabolizantes androgénicos producen desequilibrio neurotrófico y trastornos del comportamiento, por lo que el abuso en humanos podría afectar a mecanismos que residen en el núcleo de la plasticidad neuronal".

Estos estudios no detienen el negocio. Es muy fácil encontrar en internet foros donde usuarios de gimnasios se recomiendan formas para encontrar estas sustancias. Desde las unidades policiales se rastrean estas pistas, aunque se reconoce que es difícil llegar a ellas, ya que los distribuidores suelen encontrarse en el extranjero. "Puedes llegar a la fase final del mercado, como hace dos años ocurrió en un gimnasio en Rota, donde se traficaba con estas sustancias, pero no puedes llegar al verdadero entramado. Lo más, encontrarás esteroides, como es cada vez más habitual, en redadas antidroga".

En la provincia de Cádiz se llevó hace unos meses la mayor operación sobre este tráfico de sustancias y destapó un modus operandi mucho más cercano y menos vaporoso que la compra por internet. Hubo 25 detenidos. Entre ellos se encontraban catorce médicos. Bautizada como la operación Muscle y denunciada por la Inspección de Farmacia de la Delegación de Salud de la Junta, se detectaron recetas falsificadas de medicamentos cuyo fin último era el crecimiento muscular. No era una trama. Los agentes no encontraron conexión alguna en las seis líneas de investigación abiertas. Esto es un dato, reconocen en la Guardia Civil, alarmante, ya que quiere decir que aisladamente el mercado se mueve sin control.

El caso más grave era el de un médico de Puerto real, que había solicitado 538 envases de un anabolizante para tratar a un paciente de una rotura del bíceps. Buena parte de esos envases acabaron en un gimnasio. Otro médico de San Fernando llegó a firmar 129 recetas de un anabolizante a un solo paciente y acabaron, igualmente, en un gimnasio. En La Línea era una farmacia la que suministraba a un celador del hospital, conocido culturista, fármacos que, una vez más, terminaban en el mercadeo negro de un gimnasio. Ninguna conexión, pero un circuito similar.

No hay estadística de cuánto dinero mueve este negocio, pero el culto al cuerpo ha ido creciendo y con él un negocio paralelo que no es fácil de controlar. Sus riesgos se miden a medio plazo y la Policía y la Guardia Civil ha decidido declarar la guerra a este mercadeo.

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