Janet, una venezolana que lleva 35 años en Sevilla: "Me alegro de que Maduro esté preso"

Testimonios

Ha logrado que su familia llegue a Europa tras sufrir "secuestros" y amenazas de muerte

Tuvo que pagar a un agente para poder regresar a España

El madurazo realza más la Transición

Janet O'Day, venezolana que lleva 35 años residiendo en Sevilla.
Janet O'Day, venezolana que lleva 35 años residiendo en Sevilla. / Redacción Sevilla

Se llama Janet O'Day y se vino a vivir a Sevilla en 1990. Llegó aquí desde su país natal, Venezuela, que tantos titulares ha copado la última semana tras la captura de su anterior presidente, Nicolás Maduro, a raíz de la intervención militar de EEUU. Ha seguido muy de cerca los acontecimientos, aunque cuenta con su propia experiencia tras cruzar el charco, en varias ocasiones, para auxiliar a la familia que allí dejó siendo joven. En estas décadas ha sufrido la detención de su hermano y amenazas de muerte a su sobrino, de ahí que sea tajante sobre lo ocurrido: "Me alegro de que hayan capturado a Maduro".

Cuando Janet llegó a la capital andaluza aún quedaban ocho años para que Hugo Chávez se hiciera con el Gobierno venezolano. Eran los tiempos de la pre Expo. Precisamente, en 1992, cuando la ciudad hispalense disfrutaba de la muestra universal, en su país natal Chávez preparaba un golpe de Estado que resultó fallido. El ambiente se había vuelto ya "bastante turbio". "No me gustaba la situación de Venezuela. Existía mucha corrupción política. Asistíamos a una tremenda descapitalización y los gobernantes eran muy poco eficientes", recuerda O'Day. Fueron los precedentes que llevaron a que el régimen chavista -con el que se acabó el Pacto de Puntofijo- triunfara en las urnas a finales de aquella década.

Esta venezolana reconoce que los primeros años del Gobierno de Chávez fueron "buenos". "Se hicieron mejoras importantes que el país necesitaba, pero al poco tiempo se volvió loco y viró hacía el régimen cubano", explica Janet, quien considera que "Maduro ha sido más cruel que Chávez".

Miseria constante

Cuando llegó a Sevilla en 1990 lo hizo en compañía de su madre (a la que ahora cuida debido al alto grado de dependencia que sufre) y del que era su marido, de la que está separada. Ha pasado 35 años en suelo hispalense. En este largo tiempo ha viajado en muchas ocasiones a Venezuela. Lo hacía para visitar a su hermano, cuñada y sobrinos. A tal nivel de persecución llegó el régimen chavista que su hermano fue "secuestrado". "Le perdonaron la vida, pero lo que sufrió en el secuestro le causó tal trauma que la familia decidió mudarse a la playa para alejarse de la ciudad", recuerda O'Day.

Los problemas no acabaron ahí. A la persecución por motivos de disidencia se unieron los económicos y sanitarios. Vivir allí suponía enfrentrase a una constante miseria. Ante tal cúmulo de circunstancias, en 2021 la familia de su hermano salió de Venezuela. Seis años antes habían sufrido otro angustioso momento, cuando a su sobrino, parado en un semáforo en rojo, "lo apuntaron con una pistola". "Se ha convertido en una práctica habitual allí", lamenta.

Tras la salida del joven, le tocó el turno al resto. Para ello, resultó fundamental el pasaporte que la República Checa concede a los descendientes del país europeo. Su cuñada procede de allí. La familia se trasladó primero a Turquía y luego a la antigua Checoslovaquia. Janet subraya la importante ayuda que Cáritas prestó en ese momento, así como el auxilio dado a través de los programas de repatriación europeos.

Carne de perro como comida

"Mi hermano y su mujer lo dejaron todo en Venezuela. Se fueron con una mano delante y otra detrás. Sólo se trajeron al perro, porque a tal punto de pobreza se ha llegado que, por hambre, se comen la carne de las mascotas", refiere Janet.

Mientras su familia estuvo allí, viajaba cada dos años al país de origen. "Cuando me reencontraba con ellos, lo que hacía principalmente era comprarles comida, medicinas y productos de higiene. Tuve que soportar colas kilométricas para adquirir los productos. Todo escaseaba". También sufrió la corrupción en primera persona. "Una de las veces que viajé, lo hice con pasaporte español. Ya en suelo venezolano me dijeron que no era válido y que me tenía que sacar el de allí, algo inexplicable. Para regresar, me vi obligada a pagar una importante suma de dinero a uno de los muchos cargos policiales, que me lo expidió. Así ha funcionado este país 30 años", refiere.

El futuro, con prudencia

Hasta ahí el pasado de Venezuela, de la que se marchó con 35 años. Sobre el futuro que se abre tras la intervención del Gobierno de Donald Trump, se muestra muy cautelosa. "Es un porvenir bastante incierto, hay que tomárselo con mucha prudencia". Lo que no disimula es su "alegría" por la captura y detención de Maduro. "Espero que no lo dejen libre", añade. Sobre los planes del presidente estadounidense para Venezuela, considera que "aún no es el momento de que María Corina y Edmundo González regresen, su vuelta inmediata puede complicar las cosas, es necesaria una transición controlada desde fuera", reflexiona.

"Yo crecí en un sistema democrático en el que EEUU gestionaba buena parte de nuestro petróleo, pero en el que teníamos garantizados servicios públicos de calidad y no existía tanta pobreza", defiende Janet, para quien uno de los cambios que dio pie a la gran corrupción en su país fue la nacionalización del petróleo (PDVSA), llevada a cabo en 1976 por el presidente Carlos Andrés Pérez. Para esta venezolana, "fue el origen de los problemas que llevaron a Chávez al poder".

"Desde entonces los gobiernos que se han sucedido en Venezuela han estado marcados por la corrupción. A mí no me importa que Trump gestione nuestro petróleo, siempre que el dinero que con él saque se invierta en la educación y sanidad del país, servicios básicos deficitarios y muy restringidos con Maduro. Es lo mínimo a lo que podemos aspirar tras tanto tiempo de calamidad".

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