Opositar entre toma y toma
Ley de igualdad La Junta aplica la norma a las pruebas de acceso al empleo público
Dos opositoras embarazadas y otra que acababa de parir se han examinado en casa para no perder la convocatoria
Años de estudio pueden irse al traste si se tiene la mala suerte de ser opositora y justo en la recta final del embarazo o a punto de entrar en el paritorio, las oposiciones, que llevan años o meses retrasándose, se convocan. Y claro, las fechas coinciden. Dos son las alternativas. La primera es aparcar la posibilidad de entrar en la Administración pública hasta nueva convocatoria. El problema: durante los meses siguientes, maternidad y estudio son una combinación harto difícil. La segunda: examinarse. Pero, cómo y dónde, si la barriga no entra en los pupitres, si se tiene un embarazo de alto riesgo y de reposo absoluto, ni qué decir si se acaba de parir y aún se está en el hospital. Esta pregunta no es raro encontrarla en foros y blogs de opositores. En Andalucía ya hay respuesta: se puede hacer.
Dos opositoras embarazadas y otra recién dada a luz fueron las primeras andaluzas que se examinaron a domicilio el pasado 14 de noviembre. La Ley autonómica de Igualdad de Género avala este derecho al que la Junta dio cumplida respuesta desplazando a sus funcionarios para que las tres realizaran la prueba en mismo tiempo y forma que los otros 4.000 aspirantes, en este caso, a las pruebas para acceder al cuerpo de élite que son los administradores generales.
El protocolo se activó desde el Instituto Andaluz de Administración Pública (IAAP). Seis funcionarios vigilaron el examen en Sevilla, Málaga y Algeciras, siguiendo un esquema similar al que de los casos de discapacidad. "Llegaron a casa con su sobre sellado y empecé a la hora señalada como el resto de opositores", explica Noelia, que con una barriga de ocho meses y medio hizo la prueba entre sorbo y sorbo de una bebida de limón, lo único que le calma las nauseas de un embarazado de alto riesgo. No obstante, pudo hacerlo mejor que Rocío, incorporada en la cama, con las grapas de una cesárea recién puestas, décimas de fiebre por la subida de la leche, con entradas y salidas de la habitación de médicos y pediatras, y mirando de reojo a una niña. La suya, a la que mentalmente pedía "ayuda" y que le diera "fuerzas" para un examen que "no fue tan difícil" como temía. Por las preguntas y, como reconoce, porque los funcionarios le dieron un trato exquisito, algo que también valora la opositora algecireña -la candidata de Málaga no quiso ser entrevistada.
Tanto Rocío como Noelia no quisieron en ningún momento tirar la toalla. El calendario les jugó una mala pasada y llevaban demasiado tiempo preparándose como para dejar pasar la oportunidad. Ambas, de 33 y 31 años, respectivamente, tenían claro que era posible estrenarse como funcionaria y madre y que, tal vez, sus bebés en vez de un pan bajo el brazo, les trajeran una plaza. Conocedoras de sus derechos, solicitaron examinarse en condiciones especiales.
"Estudié Económicas en la Universidad de Sevilla y sabía de sobra que tal y como iba a estar por estas fechas no entraría en las bancas, y pedí una mesa y sillas especiales. Sin embargo, el obstáculo al final fue la glucosa, que me ha llevado a estar todo el embarazo tumbada en la cama y tuvo que ser en casa", explica Noelia.
Hizo su examen y días después, plantilla en mano, supo que suspendió. Va a intentarlo en las dos convocatorias siguientes para categorías inferiores. Ayer fue la primera, y no hubo problema, porque iba a repetir en casa. Pero el 13 de diciembre no será así. Sale de cuentas el día 7. "Ésa es la que más me preocupa, si he dado a luz y está todo bien, tendré que hacerlo con el bebé", dice, aunque no se imagina respondiendo entre toma y toma.
Sin embargo, eso es lo que ya ha experimentado Rocío, primeriza como opositora y madre. A sólo dos días de examinarse en esta segunda convocatoria, estaba hecha un manojo de nervios -los ha tenido durante todo el embarazo, porque no dejó de acudir a la academia, y llegó incluso a perder peso-. A los que ya entraña de por sí enfrentarse a una oposición, se suma tener que hacerlo dando el pecho a una recién nacida que, como asegura, cada dos horas o menos demanda con llanto su derecho a mamar.
Esta es la experiencia piloto del IAAP -el año pasado hubo otro caso pero se aplazó la prueba de un concurso-oposición-. Su director, José Antonio Soriano, se muestra satisfecho de cómo salió el proceso, pero teme qué pasará cuando coincidan más embarazadas en pruebas donde el número de candidatos sea de más de 15.000 personas. Esa es la cifra de los convocados para optar al cuerpo de auxiliares administrativos el próximo 13 de diciembre. "Para hacer la oposición así hay que mover toda una infraestructura. No se trata sólo de que vayan los funcionarios de carrera, hay todo un proceso detrás para que todo salga bien y con la máxima seguridad jurídica", argumenta, y recuerda que esto no se hace a la ligera. Desde el primer paso. Que pasa por verificar médicamente, con informes, que es real la situación del solicitante. Ya ha habido quien ha querido aprovechar su condición de embarazada, argumentando un estrés inexistente.
Pero no es la picaresca lo que más inquieta de esta experiencia conciliadora. Puede dar pie a la polémica. Algún opositor enfermo podría sentirse discriminado o agraviado en unas pruebas en las que la competencia es feroz; un trabajo estable en la Administración vale mucho en estos tiempos de despido. Pero esto está bien amarrado en la legislación vigente: un embarazo no es una enfermedad. Si un hombre es padre el mismo día de un ejercicio, pueden presentarse; algo imposible para una mujer. Aparte de las normas, hay jurisprudencia y las recomendaciones del Defensor del Pueblo andaluz. "Nos hemos mojado y ha salido bien", se congratula Soriano, que además resalta que los funcionarios han estado tan "encantados" de ser pioneros en esta medida de igualdad "tan bonita" que "no les importaría repetir".
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