Román ampara a Roca en el 'pelotazo' de Crucero Banús
Uno de los hombres fuertes de Gil en Marbella desvincula al supuesto cerebro de Malaya de un millonario negocio
La memoria es voluble y Pedro Román es su mejor ejemplo. El primer teniente de alcalde de Jesús Gil en el Ayuntamiento de Marbella, el hombre que asumía las riendas del gobierno municipal durante las habituales ausencias del creador del gilismo, exhibió ayer durante su declaración en el caso Malaya una asombrosa capacidad para recordar detalles precisos dirigidos a desvincular a Juan Antonio Roca de cualquier manejo oscuro en la operación Crucero Banús, al mismo tiempo que unas lagunas formidables cuando se trataba de explicar cómo fue aquel negocio en el que se obtuvieron plusvalías superiores a 6 millones.
Román explicó ante el tribunal que le juzga por delitos fiscales y blanqueo de capitales en el caso Malaya que puso en manos de Juan Germán Hoffmann, al que Anticorrupción considera el creador del armazón societario de Juan Antonio Roca en el exterior, 3,3 millones de euros para comprar la parcela Crucero Banús al sirio Yassin Dogmoch. La finca costó cuatro millones y el resto del dinero lo aportaron su compañero de colegio en Salamanca y comisario retirado de Policía, Florencio San Agapito, el propio Hoffmann y Juan Antonio Roca.
A partir de ahí, el ex primer teniente de alcalde de Marbella, de acuerdo con su versión, se desentendió del asunto. Por eso ayer dijo que no sabía quién se había ocupado de negociar con el Ayuntamiento un convenio esencial para que el negocio cobrara categoría de pelotazo porque convirtió un suelo comercial en residencial, elevó el techo edificable de 532 metros a 11.400 y rebajó la superficie que le correspondía al municipio de 5.400 metros a 2.400, aprovechamientos que además compraron por 240 millones de pesetas, aunque sólo entregaron 40 millones, cantidad que ayer reclamó al Ayuntamiento porque en la parcela nunca se pudo edificar después de que la Junta impugnara la licencia de obras.
A pesar de que afirmó no saber quién se encargó de negociar un trato tan jugoso, sí admitió que se ocupó de llamar a Jesús Gil y a Juan Antonio Roca para que le confirmaran que la operación se podía cerrar en esas condiciones.
En agosto de 2002, diez meses después, los suelos fueron vendidos al promotor Ávila Rojas por 10,3 millones de euros.
Poco más pudo recordar Pedro Román ayer. Mientras el foco de atención lo acapara Juan Antonio Roca, a quien casi cinco años de prisión, con una única salida de nueve días en 2008, no le han mermado un ápice en su capacidad para manejarse en cualquier circunstancia. Cada receso y cada final de sesión se convierte en el centro de un círculo humano compuesto por abogados y procesados. No se sabe si por su papel primordial en este caso o por el riesgo de que pudiera hablar más de la cuenta, dado el continuo rumor de pacto con la Fiscalía que planea sobre el inicio de Malaya. Así, ayer fue a presentarle sus respetos el ex alcalde Julián Muñoz, a pesar de la confesada enemistad que presumiblemente los separa. También Pedro Román.
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