El caso del director de los Salesianos de Cádiz divide a padres y alumnos
Dos concentraciones piden, por un lado, la libertad del cura y, por otro, la visibilidad de los denunciantes López Luna sigue en prisión
"Cuando empezó el segundo trimestre, mi hijo dejó de dormir en su cuarto . Le horrorizaba la oscuridad y no se podía cerrar la puerta. Se despertaba a las dos de la mañana y se iba al salón. Cuando le preguntábamos, decía que se veía entrando en un agujero negro y que él se sentía muy pequeño". El hijo de la persona que habla ante la puerta de los juzgados, mientras se escucha al fondo la concentración a favor de la libertad del ex director de Salesianos al grito de "Javi, amigo; estamos contigo", nunca relató a la familia que pasara nada raro en el colegio cuando venía con magulladuras y la ropa sucia. Su padre se quedó boquiabierto al escuchar a su hijo contar a los psicólogos de la Policía hace una semana que había un juego por el cual iban al despacho del director, echaban una partida en el iPad y el que perdía, que casi siempre era él, recibía patadas.
A unos pocos metros de esta narración, hay otra bien distinta. Mientras que en la tarde de ayer unas 50 personas se concentraban sin pancartas y sin niños frente a los juzgados, "para demostrar que no hay una única denuncia, que somos más, que somos ya 16", una muchachada realizaba una concentración mucho más colorida y alegre frente al colegio. Había pancartas con distintos lemas pidiendo la libertad para Javi Luna. El portavoz de este grupo era Daniel, el hermano del sacerdote que desde el pasado viernes duerme en Puerto 2. Ante las cámaras de televisión nacionales aseguraba: "El juez no ha dicho nada y a mi hermano se le está crucificando".
En uno y otro lado parecía haber personas muy razonables. Una madre de un alumno de salesianos entendía que "a este hombre se le ha arruinado la vida sin saber todavía ni de qué se le acusa. Yo no tengo ninguna queja, estoy muy contenta de la educación que recibe mi hijo". A unos pocos metros, en la concentración en la que se coreaba "los niños son los inocentes", otro padre reflexionaba: "Esto es muy delicado. Deberíamos dejar actuar a la Justicia, pero esto ha existido. Nuestros hijos han sido golpeados". Casi todos los niños que forman parte del atestado están en casas de familiares.
En las redes sociales no hay comentarios tan razonables. En Tuenti se profieren amenazas que ya están en comisaría, denunciadas. Alguien promete venganza contra los niños que han declarado. La locura se alimenta de una ira que crece entre bandos opuestos. Unos niños de unos 15 años acuden a la manifestación de enfrente a provocar, insultan. Todavía queda cordura. "Dejadlos -dice un adulto-, son unos críos".
Mientras, la instrucción continúa. El juez Marchena siguió tomando ayer declaraciones a los niños del atestado. El sacerdote Francisco Javier López Luna, que ya ha sido destituido de su cargo por la inspectoría salesiana, seguirá en prisión mientras no finalice este capítulo del proceso. La investigación se está centrando en hechos muy concretos. Es decir, lo que se pregunta a los niños es en qué consistían los juegos. Si los niños declaran, como hicieron ante la policía, que el director participaba en el juego de las palizas, como ellos mismos lo denominaban, estamos hablando de agresiones. Mucho más delicado es el caso de los tocamientos superficiales, sobre lo que también se está preguntando en los interrogatorios.
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