Hoy comienza el futuro

Trascendental. Habrá un antes y un después a partir de estas elecciones, que van mucho más allá de servir para configurar nuevos gobiernos en los ayuntamientos y en las comunidades

Pilar Cernuda

24 de mayo 2015 - 01:00

RAJOY, Sánchez, Iglesias, Rivera, Díez, Díaz, Garzón… los hombres y mujeres que han protagonizado la vida política española en los últimos tiempos se juegan todo hoy. Su futuro depende de los resultados de unas elecciones que van más allá de lo que supone configurar nuevos gobiernos municipales y autonómicos. El 24-M es un antes y un después para dirigentes que hasta ahora nadie cuestionaba; puede convertir en flor de un día, o de unos meses, a personajes que en muy poco tiempo han alcanzado tanto protagonismo que ellos mismos se veían como seguros presidentes de Gobierno a medio -o incluso a corto plazo-, y puede enviar a casa a dirigentes del máximo nivel.

Los sondeos son claros: la campaña ha supuesto un impulso para PP y PSOE, disminuyen las expectativas iniciales de Podemos y Ciudadanos, IU queda en una situación crítica y UPyD podría desaparecer del mapa. Y aunque ni Cataluña ni País Vasco celebran autonómicas, tanto al PNV como a CiU y ERC les importa mantener su influencia en los más destacados ayuntamientos si pretenden seguir pisando fuerte en sus comunidades.

Pero lo que hace atractivas a estas elecciones es detectar si los españoles quieren o no mantener el sistema que se ha impuesto en estos 40 años de democracia: un bipartidismo sólidamente asentado, con gobiernos alternativos de PSOE y PP, y media docena más de partidos menores, entre los que destacaban PNV y CiU porque servían de soporte al PP y PSOE cuando se encontraban en minoría… a cambio de beneficios para sus respectivas regiones. Ahora se verá si se ha puesto punto final al predominio de las dos fuerzas tradicionales y, como ocurre en otros países europeos, los dirigentes de los partidos ganadores se verán obligados a formar gobiernos de coalición.

Es un hecho que debe ser aceptado que con la irrupción de las nuevas siglas es muy difícil que puedan repetirse mayorías absolutas en el Gobierno central, en los autonómicos y en los municipales. Pero si hasta ahora el PP sólo podía gobernar allí donde alcanzara mayoría absoluta, pues en caso contrario todos los demás partidos se unían contra él, ahora cabe la posibilidad de que Ciudadanos se incline en unos casos por apoyar al PP y en otros al PSOE en función de las distintas circunstancias, en las que más que ideologías van a jugar papel importante las simpatías personales. Una de las razones por las que Rajoy dudó antes de designar a Esperanza Aguirre candidata a la Alcaldía de Madrid fue porque los informes coincidían en que era la persona que lograría mejor resultado… pero la que provocaba mayor rechazo en las restantes fuerzas políticas susceptibles de negociar un futuro Gobierno. Que no era el caso de Cristina Cifuentes, que mantiene buena sintonía con dirigentes de partidos que se encuentran en las antípodas del PP.

Hasta hace apenas un mes, existía la convicción de que Rajoy y Sánchez se jugaban en estas elecciones su continuidad como candidatos a la Presidencia del Gobierno. Rajoy ha echado abajo esa idea al reiterar que piensa ser candidato. Además se ha volcado en la campaña electoral y ha demostrado que cuando quiere sabe mostrarse cercano e incluso provocar entusiasmo en la militancia. Hoy, no se le cuestiona. También Sánchez está en mejor situación que tiempo atrás, pues Susana Díaz ha perdido puntos al no lograr el resultado que buscaba con el adelanto electoral, y sobre todo al no llevar con suficiente buena mano las negociaciones para despejar el camino a su investidura. Su distanciamiento público respecto a Sánchez deja mal sabor de boca. En apenas unas semanas ha provocado que nadie hable ya a sus aspiraciones nacionales.

A Rajoy se le exige que mantenga los feudos tradicionales del PP, Madrid y Valencia. A Sánchez, que el PSOE quede por encima de Podemos, que es fundamental y, segundo, que recupere el Gobierno de Extremadura. Si además consigue arrebatar Castilla-La Mancha a Cospedal, Sánchez saldrá catapultado hacia las alturas y sin que nadie le cuestione. Para el PP es importante mantener la presidencia de esta comunidad, por ser candidata la secretaria general. A Cospedal le afecta negativamente compaginar su cargo con la secretaría general del partido. No por un problema de agenda o de tiempo, sino porque la secretaría la ha convertido en la persona que ponía la cara ante los numerosos problemas del partido, desde la corrupción -encarnada fundamentalmente en Bárcenas- hasta la dureza de algunas de las medidas aprobadas por el Gobierno. Lo que ha sido aprovechado por la oposición para tratar de restarle votos en su territorio.

Para analizar los resultados es necesario partir de una base que pocos tienen en cuenta: cómo quedaron PSOE y PP en anteriores elecciones autonómicas y municipales. La diferencia en votos se ha movido siempre en un porcentaje de décimas, menos de 1 punto, lo que indica que las fuerzas han estado siempre muy igualadas. Con una excepción, 2011, cuando el PP se colocó 9 puntos por encima del PSOE.

El morbo está en los dos partidos emergentes. Pablo Iglesias, que tras su éxito europeo llegó a decir que abandonaría la política si no era presidente la próxima legislatura, retoma ahora esa idea y, además de quejarse del cansancio que provoca la campaña electoral, empieza a admitir abiertamente su decepción con la política y anuncia que no piensa dedicarse a ella definitivamente, que le gusta su profesión de profesor universitario. Por otra parte el giro hacia la moderación ha provocado no sólo que Monedero se haya quedado en el camino sino que los más afines al 15-M y los antisistema se han quedado sin referente. Quienes le conocen bien hablan abiertamente de una posible "espantá" si no consigue ser tercera fuerza, y anuncian que se quedaría como eurodiputado, pues además de un importante salario ha encontrado que le gusta la política del Parlamento Europeo.

Rivera por su parte, en función del resultado del día 24, decidirá si mantiene o no su proyecto nacional, que ha creado tan precipitadamente que ha nacido con algún que otro problema serio, porque muchos de sus candidatos no presentan la trayectoria adecuada. Su principal problema ha sido la imagen de "marca blanca" del PP, de la que ha intentado despegarse en el último tramo de la campaña incluso advirtiendo que se siente más cerca del PSOE que del PP.

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