Donde tiembla la tierra

Una noche en Torreperogil, el pueblo de Jaén que vive con pánico la maldición de estar sobre un polvorín geológico que ha provocado 2.000 terremotos en 90 días

La grieta abierta por los terremotos en la torre del castillo de Sabiote.
La grieta abierta por los terremotos en la torre del castillo de Sabiote.
Pedro Ingelmo Torreperogil

17 de febrero 2013 - 05:04

En la última noche de carnaval en Torreperogil, un pueblo de 7.000 habitantes asentado en los cerros de Úbeda, los niños saltan sobre bengalas centelleantes en una carpa tristona y sin público instalada en la plaza de El Prado. Por los altavoces se escucha una canción que unas pocas adolescentes corean en los pubs de una calle cercana: antes muerta que sencilla. prefieren. De la fiesta sólo quedan restos y una penumbra que alivian las luces de los puestos de fritangas ya sin clientes. Los disfraces de los jartibles están arrugados tras la parranda de otro fin de semana de temblores. Un joven va vestido de grieta y otro se ha construido un traje de cartón que emula la furgoneta de la Red Sísmica Nacional que acampa junto al cementerio desde mediados de diciembre, cuando la escala Richter midió por encima de tres la sacudida número 500 que zarandeó al pueblo. Los muros se resquebrajaron. Llegó el miedo. A estas alturas, la web del Instituto Geográfico Nacional ya contabiliza cerca de 2.000 seísmos. Si se mira el apartado dedicado a terremotos de los últimos diez días, el nombre de Torreperogil aparecerá cincuenta veces.

Las letrillas de las agrupaciones carnavalescas dedican cariños al alcalde en funciones, que habla mucho de terremotos, pero que se va a dormir a Úbeda. El humor es pasajero. Dura lo que dura el descanso de la corteza, que no suele ser mucho. "¿Intranquilos? Estamos acojonados", resume el vigilante de las dos explanadas de zona azul del pueblo. En el centro de salud, con las paredes pintadas de salmón adornadas de caprichosas grietas, cifran la sensación del vigilante: "La demanda de ansiolíticos ha crecido un 40% desde que se iniciaron las series sísmicas. Las crisis de ansiedad se han disparado". Junto a la farmacia los vecinos dan otro dato técnico: "Y se ha hundido el uso de preservativos".

En el cercano pueblo de Sabiote una grieta serpentea a lo largo de la torre del homenaje del castillo del siglo XVI. "Antes no estaba, han sido los terremotos. Unos cuantos más como los de la pasada semana y la torre se viene abajo", afirma uno de los pensionistas que pasa las horas junto al mirador que da a los cerros. "Cuando tiembla la tierra se puede ver desde aquí los olivos zarandearse. A mí el más grande me pilló acostado. Fue como si me subiera una culebra por la cama".

Hay una fecha marcada en la memoria del terror de este pueblo: el 5 de febrero. Belén, que regenta el único hostal de Torreperogil, explica qué sucedió: "Volvió ese ruido, pero más fuerte que nunca. Ese día ya habíamos tenido unos cuantos, conocíamos ese ruido, pero no con esa potencia. Es un ruido que, cómo lo explicó, viene de abajo y va creciendo, como un tren, entonces ya esperas el golpe. Sabes que tras el ruido viene el golpe. Serían las diez y pico. Yo creo que todos en el pueblo nos quedamos paralizados. Y llegó el golpe. Fue tremendo. Creíamos que se venía el pueblo abajo". 3,7, intensidad 5, registró la Red Sísmica Nacional, "pero yo creo que fue más", dice la madre de Belén, que como todos los habitantes del pueblo es una experta en sismografía y maneja términos complejos de geología como basamento o deslizamiento.

Tras el brutal golpe subterráneo el pueblo se echó a la calle con lo puesto, sacaron a los niños en pijama y todos cumplieron escrupulosamente el plan de emergencia previsto en el boletín de terremotos publicado por el Ayuntamiento y que se encuentra en todas las casas. En este boletín hay un mapa con los lugares de encuentro, lugares abiertos: el Prado, la era, el campo de fútbol. Pese al intenso frío, muchos pasaron la noche al raso, metidos en sus coches. Otras, como Mónica, la joven que regenta Libra, un pub en donde no para de sonar música electrónica, decidieron "dormir en el sofá con el abrigo puesto".

Paco, el pastor, se dio cuenta de que algo "gordo" iba a pasar antes de que el bramido sísmico se hiciera audible. "Los perros empezaron a aullar y a moverse intranquilos". "¿Y las ovejas?" "No, las ovejas son tontas". Sebastián, el veterinario del centro de salud, sabe que los animales son los primeros que notan los terremotos. "Pero no se da el caso. Les pilla igual de improviso. Aquí, los terremotos no son como los habituales. Las lámparas no se zarandean, no hay un vaivén. Es un puñetazo".

Esos puñetazos han abierto una grieta en la fachada del colegio que es claramente visible en el exterior y que se hunde hasta el interior del aula. En la puerta del colegio una de las maestras se disculpa e informa que la delegación provincial ha prohibido la entrada en el colegio a la prensa. Preguntamos que cómo están los niños. "Se están acostumbrando. Cuando escuchan el ruido se alteran, como en un juego, y se dicen nerviosos mira, mira, ya viene otro, a ver cómo es".

Sor Lourdes es la madre superiora del asilo de las Hermanitas de los Abuelos Desamparados, la encargada de tranquilizar a los 87 ancianos que están acogidos en una inmensa casa adosada a la ermita, muy cerca del cementerio en el que la camioneta de los geólogos mide el electrocardiograma subterráneo. "Hay mucho miedo en el pueblo, pero aquí lo asumimos como una prueba que nos manda Dios. Cuando llegan los temblores, salimos todas las hermanas, encendemos las luces y les decimos a los ancianos que no pasa nada, que estamos con ellos y ellos nos dicen con ustedes estamos más cerca de Dios".

Por si acaso, los párrocos de Torreperogil y de Sabiote, que comparte estrés con sus vecinos, cerraron las iglesias tras los terremotos de diciembre y suspendieron la celebración de la Virgen de las Nieves. Las fieles que visten a la Virgen se encogen de hombros al quitar la corona a la imagen que no procesionó: "No le demos vueltas. Será lo que quiera el Señor".

Es una versión espiritual de lo que psicólogos contaron el pasado miércoles en el salón cultural, abarrotado de vecinos. Van a tener que aprender a convivir con ello. Clara Sainz, que dirigió la atención psicológica en Lorca tras el terremoto de mayo de 2011, recomendó ejercicio físico y hábitos relajantes. "Lo que sentís es normal, pero no puede dominar vuestras vidas. Cuando uno tiene mucho miedo hace cosas perjudiciales. Hay que saber qué hacer si pasa y mientras no pase seguir la vida normal", les dijo Sainz antes de que los asistentes iniciaran prácticas de control de la respiración.

Pero ¿qué es lo que está pasando en un lugar con un historial sísmico nulo hasta el pasado octubre? "Aquí hay una guerra entre científicos y al pueblo lo que le desconcierta es esa incertidumbre", explica Antonio Rosillo, responsable de la emisora municipal La Loma. En el Ayuntamiento se han recogido 2.200 firmas para que se haga un estudio serio que revele las causas después de meses de "abandono institucional".

Lo primero fue señalar como causante a las prospecciones de gas que la Junta autorizó a la empresa Oil & Gas en la zona. El agresivo método del tracking puede causar este tipo de movimientos telúricos, pero la empresa ha negado que estuviera haciendo nada por el estilo, que esa maquinaria no es fácil de esconder. En un pueblo en el que los grupos políticos municipales usan las cabinas telefónicas como tablón para afearse sus políticas en subvenciones de caminos o en rotaciones de empleo entre los parados, todos se pusieron de acuerdo, pese el desmentido de la empresa, en declarar el término municipal como libre de tracking. El miedo no entiende de siglas.

Descartado el tracking, el pabellón municipal, en un caso inédito en Andalucía, se llenó el pasado enero con dos mil personas para escuchar a ¡dos científicos! Miguel de las Doblas y Antonio Aretxabala, dos eminencias en geología, ofrecían su teoría: hidrosismicidad. El acuífero que fluye bajo el pueblo habría variado bruscamente su caudal por las lluvias cambiando la presión de los poros y el volumen de la tierra. El llenado a gran velocidad del cercano embalse de Giribaile, a 16 kilómetros, contribuiría e este proceso. La buena noticia era que esto ni provocaba grandes terremotos y en cuanto se ajustara el nivel del agua, la tranquilidad volvería.

El estudio conjunto de las universidades de Jaén y Granada descartaba la hidrosismicidad. Para ellos, las causas habría que buscarlas en el Mioceno Medio, cuando la corteza en la cuenca del Guadalquivir se flexionó y hundió. Ahora esa corteza estaría iniciando la reconquista de su espacio con un levantamiento, lo que haría bailar la falla situada bajo el pueblo. Eso no era muy tranquilizador.

Suena lejana en el exterior del hostal Plaza la música de verbena que proviene de El Prado en la última noche de carnaval. El bar del establecimiento tiene una clientela aceptable. Se habla bajo. En la televisión se suceden imágenes mudas del Papa dimitido. Es extraño. Llevan horas sin escuchar un temblor. "Si tiembla porque tiembla y si no se oye nada porque ya veremos la que se está preparando", dice un parroquiano exhibiendo un tercio de cerveza. Asegura Belén que hay gente en el pueblo que afirma que si se pega el oído al suelo y se presta atención se puede escuchar el rumor de la tierra revolviéndose. En el silencio absoluto de la madrugada cualquier chasquido puede ser el precedente del puñetazo de la tierra. No sucede nada. Por primera vez en mucho tiempo se duerme en Torreperogil sin temblores. La tregua será breve. El informe de la Red Sísmica Nacional vuelve a dibujar el epicentro del último terremoto en la Loma de Úbeda diez horas después, mientras los vecinos de Torreperogil aprenden a vivir donde la tierra tiembla.

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