CHRISTIAN BOLTANSKI | OBITUARIO Boltanski y la condición del individuo

  • Fallece a los 76 años en París el polifacético artista francés que experimentó con el cine, la fotografía y la escultura

Christian Boltanski en 2010 en el Grand Palais de París ante una de sus instalaciones sobre el Holocausto.

Christian Boltanski en 2010 en el Grand Palais de París ante una de sus instalaciones sobre el Holocausto. / Horacio Villalobos (Efe)

La Expo 92 nos permitió ver, indagar en los espacios de la antigua Estación de la Plaza de Armas. Era un modo de apreciar un rasgo de la cultura moderna de Sevilla que exploraba los límites entre la arquitectura y la ingeniería. El recorrido por los espacios de la antigua estación lo potenciaba una exposición, la de la Colección de la Fundación La Caixa.

El acontecimiento era particularmente fértil: despertaba la memoria de algunos ilustres saint-simonianos de Sevilla, conectaba ingeniería y arquitectura historicista, dejaba a la vista el revés de una estación tantas veces transitada y conectaba esas pequeñas y grandes experiencias con el arte contemporáneo.Entre las obras expuestas, destacó para muchos la de Christian Boltanski, fallecido el pasado 14 de julio en París. El espectador, apenas iniciado en las sutilezas del apropiacionismo y que intentaba a duras penas saber si la obra que tenía delante era minimal o conceptual, se encontraba de repente ante una porción de fotos (300), todas de igual formato (60 x 50 cm) que cubrían como enorme retablo el muro de fondo de la sala. El conjunto apenas lo realzaban 16 lámparas, no demasiado potentes, que formaban una orla entre lo fúnebre y lo policial.

La obra era también difícil pero aquellos rostros, desencajados unos, fotografiados otros con excesivo contraste, todos con cierto aire forense despertaban ecos de quioscos de prensa. Las fotos procedían en efecto de un semanario conocido de todos, El Caso, consagrado a la crónica de sucesos desde 1952. Aunque la publicación se inscribía en la más pura tradición moderna (como señaló Baudelaire) era con frecuencia ridiculizada aunque sus 100.000 ejemplares de venta decía mucho que cómo era el país.

La obra de Boltanski consistía en reproducir en igual formato las fotos (víctimas, verdugos, cómplices) publicadas en El Caso, a lo largo de 1984 y formar con ellas un gran archivo que colocaba ante el espectador. Era un encargo de la Fundación La Caixa.

El primer efecto de esta obra era el intento de recuperar doblemente la identidad del individuo. Recuperar tal identidad, deshaciendo la que había adquirido por su publicación en la crónica negra. La foto sacudía, por así decir, las adherencias que eran tan fuertes que reducían al hombre o la mujer a un mero esquema social. Pero además la fotografía recuperaba del anonimato a ese individuo y hacía que el espectador se interrogara sobre quien era aquel que tenía ante los ojos.

'La reserva de los muertos' de Boltanski, una instalación con 2.580 cajas con efectos personales de las víctimas del Holocausto, expuesta en el IVAM. 'La reserva de los muertos' de Boltanski, una instalación con 2.580 cajas con efectos personales de las víctimas del Holocausto, expuesta en el IVAM.

'La reserva de los muertos' de Boltanski, una instalación con 2.580 cajas con efectos personales de las víctimas del Holocausto, expuesta en el IVAM. / J. C. Cárdenas (Efe)

La fotografía se antoja un elemento personalizador. Antes en el álbum familiar o en la cartera, ahora en los inacabables archivos del móvil, la foto guarda la memoria vivida de las personas a las que estamos vinculadas. Pero ¿se agotan aquí nuestra semblanza, nuestros rasgos individuales? Hay muchos otros rostros perdidos, inexpresivos, útiles sólo a efectos de control. El rostro, como el nombre en el registro civil, no quedará sino como sedimento del Estado.

Recuperar de esas zonas de extravío a hombres y mujeres, apenas dotados de nombre, ha sido una de las líneas de trabajo de Boltanski. Esas imágenes están sin duda conectadas con la muerte. Pero el empeño de Boltanski es el de alguien que niega que con la muerte desaparezca la memoria, las relaciones, el aura que en vida despierta cada individuo.

Christian Boltanski nació en París en septiembre de 1944, apenas un mes después de la liberación de la ciudad. Era hijo de un médico judío de origen ruso y de una madre francesa y escritora, que ocultó a su marido después de divorciarse de él para poderlo salvar. Christian rechazó cualquier enseñanza reglada. Autodidacta, comenzó a pintar a los 14 años, más tarde descubrió la fotografía y el cine. Ha trabajado en muchas claves pero su obra, a mi juicio, es sobre todo una prolongada reivindicación, no exenta de melancolía, sobre la suerte del individuo. 

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