El conductor declara que intentó esquivar a la víctima cuando huía
El joven reconoce que bebió alcohol y fumó porros, pero niega que embistiera varias veces contra Manuel Alías · Se fugó porque creía que si paraba "le iban a matar"
Juan Francisco Gámez Durán, el conductor del Seat Ibiza que en la madrugada del pasado domingo mató a Manuel Alías García, al que atropelló a la salida de una cena de Navidad, aseguró ayer al juez que intentó esquivar al peatón pero no lo vio porque conducía "mirando hacia atrás" para salir huyendo de un grupo de jóvenes con los que había tenido un enfrentamiento previo.
El joven, que fue enviado a prisión sin fianza, imputado por un delito de homicidio o asesinato y otros dos contra la seguridad vial, reconoció en su declaración que aquella noche había estado bebiendo -tres horas después del accidente arrojó una tasa de 0,38- y fumando porros.
Según Juan Francisco Gámez, el origen de la pelea que mantuvo con otras personas que se hallaban de cena de Navidad en los salones Badía del Polígono Store, fue que le robaron los dos retrovisores de su coche. Tras la discusión con las personas del grupo al que responsabilizaba del hurto, él y su acompañante tuvieron que salir huyendo del establecimiento porque les perseguían 15 personas "con intención de agredirles" y que portaban "botellas rotas y sillas".
El conductor se subió al coche y se marchó del lugar, y en esa huida tuvo que realizar dos maniobras de marcha adelante y atrás, pero en ningún momento intentó arrollar a nadie, afirmó el detenido. Después de estas maniobras, salió del aparcamiento y continuó hacia delante. "Iba mirando hacia atrás porque el grupo me perseguía y fue en ese momento cuando una persona salió a la derecha, entre dos coches", relató al juez el imputado, que añadió que cuando vio al peatón, a unos diez u once metros del lugar donde estaba aparcado el vehículo, "intentó desviarse a la izquierda para no golpearlo". El joven cree que le alcanzó "de refilón" y sólo le dio con el faro del turismo.
Frente a esta versión exculpatoria del imputado, todos los testigos han manifestado que le vieron cómo realizaba un giro brusco, dando un "volantazo", con la presunta intención de arremeter contra el peatón. La Policía Nacional, que ha investigado los hechos, también ha confirmado que el vehículo embistió en varias ocasiones a la víctima, una versión que contradice radicalmente a la que ayer defendió el conductor en su comparecencia en el juzgado.
El joven insistió en su declaración en negar con rotundidad que realizara un giro con el coche para atropellar a la víctima y añadió que si no se detuvo tras el atropello fue por "temor al grupo que le perseguía arrojando objetos".
Juan Francisco Gámez añadió que creía que "si se paraba las personas que le perseguían le iban a matar o a golpear", por eso se marchó sin detenerse. En su huida, Juan Francisco dijo que le siguieron dos coches y admitió que pudo llegar a alcanzar la velocidad de 100 kilómetros por hora.
El detenido también le contó al juez que colisionó con otro vehículo y que después se marchó a casa de su novia, porque esa noche "no pensaba conducir en ningún momento" y tenía previsto llamar a su pareja para que le recogiera y condujera ella. Según el conductor, su acompañante, Juan Manuel Cárdenas, de 24 años, no le dijo en ningún momento que detuviera el vehículo, sino todo lo contrario, que "siguiera porque veía que le perseguían otros coches".
En su declaración, Juan Manuel Cárdenas, aseguró igualmente que el atropello fue algo "fortuito". Según este joven, que ha quedado en libertad con cargos -imputado por un delito de omisión del deber de socorro-, el atropello tuvo lugar cuando intentaban "huir" de la pelea con los comensales de la otra cena de Navidad.
El abogado Francisco Torres, que defiende a Juan Francisco Gámez, reiteró que el atropello de la víctima fue fortuito y no se debió a un acto "voluntario". El letrado explicó que los hechos "no se han debido a una actuación voluntaria" de su cliente que, según dijo, "no es un delincuente, sino una persona honrada, que trabaja en una panadería y que cobra un salario de 1.066 euros". Francisco Torres confió en que su cliente "no sea linchado y se convierta en el chivo expiatorio de sucesos similares que se han producido en Sevilla".
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