La biblioteca de los libros rechazados | Crítica Fabrice Luchini realza una buena historia

Fabrice Luchini, en una escena de la película. Fabrice Luchini, en una escena de la película.

Fabrice Luchini, en una escena de la película. / D. S.

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Un argumento divertido y original con agradable perfume a libros, bibliotecas poco comunes, manuscritos misteriosos e investigaciones casi detectivescas sobre autores improbables. En una biblioteca escondida en el corazón de Bretaña que guarda originales rechazados por las editoriales, una editora encuentra un manuscrito fascinante que convierte en un best-seller. El problema es que su fallecido autor era un modesto pizzero que jamás escribió una línea. Y que un famoso crítico literario con programa televisivo de éxito olfatea una impostura.

Esta buena historia es el argumento de una novela (publicada en España por Alfaguara) del escritor francés David Foenkinos, autor de una obra ya considerable que ha alcanzado sus mayores éxitos y reconocimientos con La delicadeza, Los recuerdos o Charlotte, en la que recuperó la interesante figura de la pintora judeo alemana Charlotte Salomon, gaseada en Auschwitz en 1943 a los 26 años.

Por fortuna esta buena historia de la novela de Foenkinos ha sido convertida en un buen guión y dirigida con elegante ligereza por Rémi Besanzon –autor de la estupenda El primer día del resto de tu vida– y muy bien interpretada por Fabrice Luchini y Camille Cottin. Un amable, divertido e irónico canto de amor a los libros. Todo muy francés: con Truffaut en cabeza, ninguna cinematografía ha dedicado tantas películas a la bibliofilia como la francesa. Sin que falte una crítica divertida al mundo editorial y a los críticos.

El acierto mayor de la película, lo que la hace ser algo más que un agradable e inteligente entretenimiento, es el buen y matizado trabajo de Fabrice Luchini, actor más de teatro que de cine porque los escenarios le han permitido expresar su pasión por la literatura: fue el primero y durante muchos años el único actor que se atrevió a llevar a escena Viaje al fin de la noche de Celine y ha llevado otros textos literarios no teatrales –entre ellos Un corazón sencillo de Flaubert o textos de Hugo, Péguy, Nietzsche, Rimbaud o Baudelaire– al escenario.

A quien conozca y admire a Luchini no le sorprenderá verlo tan cómodo en esta amable comedia casi detectivesca de libros. Y a quien no lo haya visto en alguna de sus películas estrenadas en España –En la casa, Moliere en bicicleta o El juez– esta película se lo descubrirá.

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