LOS ESTADOS UNIDOS CONTRA BILLIE HOLIDAY | CRÍTICA Billie merecía mucho más

La convincente interpretación de Andra Day es lo mejor de esta cinta fallida. La convincente interpretación de Andra Day es lo mejor de esta cinta fallida.

La convincente interpretación de Andra Day es lo mejor de esta cinta fallida.

Billie Holiday (1915-1959), la que para mí es la reina del jazz junto a la tan distinta Ella Fitzgerald, hizo breves apariciones en el cine -Symphony in Black (1935), New Orleans (1947)- y muchas en programas televisivos -excepcional su Fine and Mellow para la CBS en 1957 acompañada por Lester Young, Coleman Hawkins, Ben Webster y Gerry Mulligan- entre 1947 y 1959. Pero a la hora de que su dura vida y su genial creatividad sean llevadas a la pantalla no ha tenido suerte. En 1972 Sidney J. Furie, un mediocre todoterreno, filmó la endeble Lady Sings the Blues interpretada por Diana Ross, gran cantante de soul -recuerden su etapa con The Supremes- que poco tiene que ver física y vocalmente con Billie: su presencia se debió a que su discográfica, la Tamla Motown, coproducía la película con Paramount.

Medio siglo después el cine vuelve a errar el tiro. Porque, al igual que sucedió con Sidney J. Furie, Lee Daniels no da la talla para enfrentarse a la gigantesca figura de Billie. Ser un influyente productor y director afroamericano no es un aval. Haber producido la Monster Ball (Foster, 2001) que le valió a Hale Berry su Oscar o dirigido la interesante y tremendista Precious (2009) prometieron cosas después no cumplidas por El chico del periódico (2012) y El mayordomo (2013), planas denuncias de la situación de los afroamericanos. La interpretación de Andra Day es más convincente que la de Diana Ross. Ella es lo único positivo en esta película. Su rostro, su cuerpo y su voz (aunque hay que poner reparos a las orquestaciones) evocan la figura de la genial cantante que no tenía una gran voz, sino algo mucho más importante: una voz única y una forma desgarradora de utilizarla. Pero el guión de Suzan Lori-Parks, basado en un libro de Johann Hari, es torpe y la dirección de Daniels es floja cuando narra y grosera cuando se mete en alardes subjetivos con la imagen.

Imposible no acordarse de 'Bird': Charlie Parker tuvo más suerte al caer en las manos de Clint Eastwood

Billie Holiday no fue quién fue ni es quien es porque su vida fuera una larga sucesión de desdichas, abusos e injusticias que probablemente la indujeron a autodestruirse drogándose (aunque, circunstancias aparte, es sabido el estrago que la droga causó entre muchos jazzistas desde muy temprano). Tampoco porque fuera una decidida y valiente defensora de los derechos civiles cantando Strange Fruit, una canción de denuncia escrita por el activista judío y comunista Abel Meeropol cuya escalofriante letra, refiriéndose a los linchamientos de negros, dice: "Los árboles del sur dan frutos extraños. / Sangre en las hojas y sangre en la raíz. / Cuerpos negros balanceándose en la brisa del sur / Extraña fruta colgando de los álamos". Una negra cantando la canción de un judío comunista que denunciaba los linchamientos era un regalo para Edgar Hoover. Pero fue la interpretación de la canción por Billie Holiday en 1939 lo que la convirtió en una leyenda más allá de los reducidos circuitos de la canción protesta en los que se había difundido.

Esta película fallida insiste demasiado en la lucha de Billie y en su adicción a la heroína y poco en su genio único. Imposible no acordarse de Round Midnight del recientemente fallecido Tavernier y sobre todo de Bird: Charlie Parker, también genial, también destruido por las drogas, tuvo más suerte al caer en manos de Eastwood que Billie Holiday al caer en las de Daniels. 

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