Eso que tú me das | Crítica

Lo de Évole y Donés

Pau Donés y Jordi Évole en pleno Valle de Arán. Pau Donés y Jordi Évole en pleno Valle de Arán.

Pau Donés y Jordi Évole en pleno Valle de Arán.

Vayan por delante mi escasa simpatía por el entrevistador y mi tibio entusiasmo por el entrevistado, unos Jordi Évole y Pau Donés, líder de Jarabe de Palo y compositor de éxitos pop como La flaca o Depende, reunidos en el Valle de Arán para grabar la última entrevista-confesión en los días previos a la muerte de segundo como consecuencia del cáncer.

Evidentemente, no estamos ante Wim Wenders y Nicholas Ray, y esta charla no está inserta en ningún contexto crepuscular sobre el arte musical. Es más, nos cuesta imaginar las verdaderas motivaciones del encuentro, sobre todo teniendo en cuenta que Donés ha expuesto abiertamente su vida privada y su enfermedad en los medios y redes sociales y que Évole no ha perdido nunca la oportunidad de acudir a las citas más jugosas para conseguir un punto más de audiencia. Ambos pertenecen al mundo del espectáculo y ambos conocen y controlan sus reglas perfectamente.

Sentados uno frente a otro en constante plano-contraplano y pudoroso escorzo tras un prólogo con preaviso, un Donés demacrado y con un tenue hilo de voz y un Évole con sonrisa boba parecen responder siempre a la dinámica de la entrevista pactada (y por tanto, siempre negada ante la cámara) y el mensaje positivo y vitalista, en un dispositivo que borre las evidencias físicas y el sufrimiento en una evocación verbal de instantes e imágenes (de la relación paterno-filial a la idealización de la naturaleza como último refugio) que fijen una despedida plácida, redentora y, como se dice ahora, inspiradora.

Filmar a un moribundo y evitar la muerte son dos acciones contradictorias que este bienintencionado documental, un programa especial de hora y cinco en realidad, intenta anudar en una misma operación de despedida preludiada por los logos de Warner y Atresmedia, si acaso reveladores de que todo aquí había de venir acolchado y protegido de cara a un último y postrero gesto (auto)promocional.