Puñales por la espalda | Crítica Delicioso homenaje a Agatha Christie

Daniel Craig y Ana de Armas, en 'Puñales por la espalda'. Daniel Craig y Ana de Armas, en 'Puñales por la espalda'.

Daniel Craig y Ana de Armas, en 'Puñales por la espalda'.

Las damas del crimen que reinaron en los años 20 y 30 se han impuesto a la crítica que las trató con condescendencia como literatura menor y superficial casi de usar y tirar, entretenimiento ligero para un viaje en tren, cosas de mujeres y de salón. Pues ahí siguen, reeditadas y leídas casi un siglo después. Me refiero, naturalmente, a Dorothy L. Sayers, Annie Haynes, Josephine Tey o la reina Agatha Christie. Junto a los caballeros del crimen, con Conan Doyle en cabeza pero también Sax Rohmer o Edgar Wallace, estas damas han definido un género y creado personajes y situaciones canónicas que han tenido multitud de imitadores. Entre ellos se cuentan quienes les rinden homenajes en forma de parodia admirativa, nunca crítica, planteando juegos detectivescos de salón llenos de referencias a estas clásicas modernas de la mejor literatura popular.

El cine ha jugado también este juego en películas como Un cadáver a los postres, basada en una obra de Neil Simon en la que, invitados por Truman Capote a una mansión, se concentran los más famosos detectives de la historia; o El último de la Lista, dirigida por John Huston y basada en una novela de Philip MacDonald, en la que además todos los famosos que intervienen –porque estas películas, como los originales cinematográficos que parodian, están llenas de estrellas– aparecen maquillados e irreconocibles.

A este juego se entrega con un divertido y contagioso placer Rian Johnson, como guionista y director. Un crimen, un escenario cerrado, varios sospechosos y un detective, la fórmula que consagró Christie en Diez negritos o Asesinato en el Orient Express, pero también otras autoras como Haynes en Asesinato en Charlton Crescent, son el punto de partida. En una mansión se celebra el 85 aniversario de un famoso autor de novelas de misterio, se comete un asesinato (o tal vez un suicidio), todos los invitados son sospechosos porque también son herederos y, como no, aparece un detective… Lo clásico tratado con humor inteligente y, también en la ya referida tradición de estas historias y sus parodias, interpretado por un gran reparto, encabezado por el venerable Christopher Plummer, que incluye la sorpresa de un Daniel Craig renacido como buen actor de comedia y las presencias de Michael Shannon, Jamie Lee Curtis, Toni Colette, un Don Johnson convertido en icono pop por Tarantino y su entorno, M. Emmet Walsh, ese veteranísimo actor de carácter que en los 70 figuró en la troupe de Bogdanovich, o ese encantador y polivalente actor, director y marionetista que es Frank Oz, el de los Teleñecos, Cristal Oscuro o la estupenda versión musical de La tienda de los horrores.

Rian Johnson, autor de muy buenas (Brick, Looper) películas negras pero también de cansinos y cansados mamotretos (Star Wars: Los últimos Jedi) demuestra estar en buena forma y ser digno de los ilustres precedentes detectivescos, sean o no paródicos, a los que homenajea. Toda para disfrutarse en una tarde de invierno.

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