Jorge Herralde | Fundador de Anagrama "Editar significa intervenir a través de los libros en la vida cultural y política"

  • En 'Un día en la vida de un editor' rememora los principales hechos que han convertido el sello Anagrama, que este mes celebra sus primeros 50 años, en un referente de las letras europeas

Jorge Herralde (Barcelona, 1935). Jorge Herralde (Barcelona, 1935).

Jorge Herralde (Barcelona, 1935). / Marta Pérez (Efe)

Jorge Herralde (Barcelona, 1935) despliega a sus 84 años una energía envidiable y los 4.000 títulos de un catálogo que es referencia de la mejor literatura contemporánea en español y traducida le brindan numerosos argumentos para celebrar el primer medio siglo de Anagrama con orgullo. Cedió el testigo de la dirección editorial hace dos años pero continúa trabajando en su despacho y desde allí contesta, a vuelta de correo electrónico, esta entrevista que concluye con una lista de algunos de sus libros favoritos y en la que repasa las vivencias que aborda en su ensayo Un día en la vida de un editor.

-¿Qué pulsión le hizo querer ser editor y en qué modelo se inspiraba en sus inicios?

-El virus editorial me atrapó muy joven, aunque tardé años, no fue nada fácil empezar Anagrama. El impulso era compartir entusiasmos y alentar inquietudes heterodoxas, claro. Tuve muchos y diversos inspiradores: Janés, Barral, Maspero, Minuit. Einaudi, Grove Press, et., etc.

-Anagrama, como recuerda en Un día en la vida de un editor, nació en 1969 centrada en el ensayo. ¿Por qué optó por este enfoque? ¿En qué medida la Ley Fraga de 1966 fue un estímulo para las editoriales independientes?

-Sí, lo fue para las nuevas editoriales politizadas, obviamente antifranquistas. Debido a dicha ley, publicamos libros antes totalmente impensables. Eso sí, a costa de secuestros y procesos en el Tribunal de Orden Público. Doy fe.

-"El catálogo de Anagrama, entre 1973 y 1980, refleja las dos etapas más diferenciadas del proceso de la Transición, la euforia hasta el 77 y la posterior decepción", asegura en su último ensayo. ¿Qué títulos ejemplificarían ese viraje del entusiasmo al desencanto de la política por quienes deseaban cambios más radicales?

-Dos títulos simbólicos. Antes del desencanto Libertad, Libertad, Libertad (estrofa final de la letra en la versión antifranquista del Himno de Riego) de Juan Goytisolo y, después, A la rica marihuana y otros sabores de Terry Southern.

"Yo escogería a dos grandísimos autores de Anagrama para el Nobel: Claudio Magris y Richard Ford”

-Su catálogo ha ejercido una profunda influencia en la conciencia lectora de varias generaciones. ¿Editar es una forma de hacer política?

-Editar significa (o debería significar) intervenir a través de los libros en la vida cultural y política. Una modesta contribución para enriquecer la vida de los lectores y querer contribuir a una mayor felicidad, y para que la sociedad sea algo menos injusta.

-Beatriz de Moura, también de aniversario, confiesa que editar a García Márquez fue decisivo para salvar Tusquets cuando llegó la primera gran crisis. ¿Cuánto debe Anagrama a La conjura de los necios, la obra de Patricia Highsmith y el underground americano? ¿Cuáles son hoy sus long-sellers?

-Los tres primeros títulos de Patricia Highsmith, protagonizados por Tom Ripley (y luego todos los demás) y La conjura de los necios fueron fundamentales en 1982 para reflotar y consolidar la editorial. El fondo de Anagrama es pródigo en longsellers. Encabezan la lista La conjura de los necios de J.K. Toole y Seda de Baricco. Como saben los libreros, nuestro fondo editorial está muy vivo y las reediciones son constantes.

Conferencia de Jorge Herralde en la Universidad Católica de Chile, con Roberto Bolaño al fondo. Conferencia de Jorge Herralde en la Universidad Católica de Chile, con Roberto Bolaño al fondo.

Conferencia de Jorge Herralde en la Universidad Católica de Chile, con Roberto Bolaño al fondo.

-En los mismos años en que Madrid vende al mundo su apertura cultural y su Movida, en Barcelona, sin apenas reconocimiento institucional, editores, cineastas, fotógrafos, arquitectos y escritores del Boom alumbran la capital de la edición española. ¿Qué imagen recurrente tiene de esos años y esa energía?

-La curiosidad permanente y los estímulos mutuos, el incorporar al paisaje editorial español de la época, en general anticuado y convencional (y con la amenaza constante de la censura), un tipo de obras más estimulantes y arriesgadas.

-No ha publicado muchos ensayos sobre arte pero cuando lo ha hecho ha tenido grandes aciertos, como ocurrió con los textos de Félix de Azúa, El rosa Tiepolo de Calasso o el reciente Con los ojos bien abiertos de Julian Barnes. ¿No hay público para incrementar esta línea y traducir a autores como James Elkins que no tienen nada en español?

-En la colección Biblioteca de la Memoria, iniciada en 1991, han aparecido biografías muy valiosas de artistas como Dalí, Duchamp, Barceló o las memorias del arquitecto Oriol Bohigas y, recientemente, una biografía de Sert, reivindicación de uno de los grandes arquitectos españoles del siglo XX.

-Publicó en España el primer libro de cuentos del entonces desconocido Ian McEwan, Primer amor, últimos ritos, y en poco tiempo selló su amor con el dream team británico, relación que está sobreviviendo incluso al Brexit. ¿Quiénes son hoy para usted McEwan, Amis, Barnes, Ishiguro, Kureishi... y cómo logró su fidelidad al catálogo?

-Los publicamos desde sus primerísimos libros en los años 80 (ahora ya son una suerte de clásicos), los invitamos a menudo a Barcelona para la promoción de sus libros, también a América Latina y están encantados con nuestras ediciones y reediciones y con nuestra total y entusiasta fidelidad.

-Tampoco le falta un Nobel entre los autores franceses que ha editado en los últimos años. ¿Están Modiano, Houellebecq, Echenoz, Michon, De Vigan... a la altura de los británicos citados en sus logros artísticos?

-Así lo he escrito en varias ocasiones. En la lista debería figurar también Emmanuel Carrère, claro.

Con Lali Gubern y Carlo Feltrinelli en la Fondazione Feltrinelli, en construcción. Con Lali Gubern y Carlo Feltrinelli en la Fondazione Feltrinelli, en construcción.

Con Lali Gubern y Carlo Feltrinelli en la Fondazione Feltrinelli, en construcción.

-La polémica de la Academia Sueca no le dejará indiferente. ¿A qué autores le daría los dos premios Nobel de literatura que han de fallarse en octubre, correspondientes a 2018 y 2019?

-Los criterios de la Academia Sueca son notoriamente imprevisibles (y, en los últimos años, "mafiosos"). Yo escogería dos grandísimos autores de Anagrama: Claudio Magris y Richard Ford. Ambos han recibido el Premio Príncipe de Asturias, llamado en su día, por sus aciertos, la antesala del Nobel.

-¿Qué firmas de su catálogo diría que han modelado el estado actual de la literatura en español, aquí y en América Latina?

-Innumerables. Pero más que modelar, que resulta demasiado enfático, diría que han sido muy influyentes.

-En este medio siglo, ¿ha sido más difícil lidiar con la censura franquista, con la concentración editorial, la piratería, la crisis o la competencia desleal?

-Ninguna lidia ha resultado precisamente fácil. Pero Anagrama sigue, pese a algunas previsibles magulladuras.

"Feltrinelli es una gran potencia por su editorial, sus librerías y su Fundación, motor cultural de Milán"

-¿Por qué decidió vender Anagrama al sello Feltrinelli?

-En un momento de sensatez, pensé en el futuro de Anagrama que es y era una editorial muy sólida, pero Lali y yo no tenemos hijos. Y pensé, naturalmente, en Feltrinelli: se unían el recuerdo de la mítica editorial fundada por Giangiacomo, mi gran amistad con Inge desde 1968 hasta su muerte, y mi afecto y confianza con su hijo Carlo, también amigo de años. Me pareció una solución más imaginativa y anagramática que el previsible destino de las editoriales independientes. Confío también en que sea acertado, las dificultades de estos tiempos son bien conocidas. Con Carlo llegamos rápidamente a un acuerdo de esta autovoladura por etapas y, en 2017, a mis 82 años, pasé el testigo de la dirección literaria a Silvia Sesé. con quien tenemos gran sintonía. La Feltrinelli es una gran potencia italiana por su editorial así como más de un centenar de librerías, y su espléndida y ejemplar Fundación, motor cultural de Milán. En resumen, un ejemplo de amor absolutamente prioritario a los libros y la cultura.

El editor junto a la escritora Sara Mesa. El editor junto a la escritora Sara Mesa.

El editor junto a la escritora Sara Mesa.

-Supongo que ha leído el libro de Martí Gómez sobre los Lara. ¿Se reconoce en el relato que se hace de su relación con el fundador de Planeta y sus herederos?

-Todavía no lo he leído. Pero sí me reconozco, claro, en mi libro Un día en la vida de un editor, donde hay un texto titulado "Homenaje a José Manuel Lara Bosh: un editor que era ante todo el constructor de un imperio".

-A veces da la sensación de que los autores cuando se reúnen hablan sobre todo de dinero. ¿De qué hablan los editores cuando están solos?

-De muchas cosas, algunas impublicables. Y también, con pasión, de sus autores y sus libros. Y entre mis muchos colegas amigos, la idea es que vengan "llorados", por utilizar una famosa frase de Manuel Vicent.

-¿Qué título de Anagrama sigue pensando años después que merece una mejor recepción y qué obra le hubiera gustado incorporar a su catálogo?

-Como en todos los catálogos de buena literatura, demasiados libros excelentes. Y me hubiera gustado poder incorporar las Obras Completas de Borges.

Firmando libros junto a Marta Sanz. Firmando libros junto a Marta Sanz.

Firmando libros junto a Marta Sanz.

-Mucho antes de que habláramos de cuotas y listas cremallera, Anagrama demostró una intuición acusada por la literatura escrita por mujeres. ¿A qué se debió ese interés?

-En efecto, desde los años 70 publicamos autoras feministas, empezando por Juliet Mitchell, un auténtico icono de la época. Y en literatura, en nuestro catálogo hay muchas y excelentes autoras. Por ejemplo, entre los 10 primeros títulos de Panorama de narrativas, figuran cinco títulos de escritoras: Dos damas muy serias de Jane Bowles, Batallas de amor de Grace Paley, A pleno sol y La máscara de Ripley de Patricia Highsmith, y La mujer oculta de Colette.

-Ha encontrado un filón al sur, con nombres como las andaluzas Sara Mesa, Cristina Morales, Marina Perezagua o el murciano Miguel Ángel Hernández, que conviven con los autores que como Marta Sanz o Milena Busquets se dieron a conocer en las grandes capitales. ¿Qué tendencias observa entre esas nuevas firmas, algunas permeables a la herencia realista de Chirbes?

-Pueden rastrearse huellas, en efecto, de Rafael Chirbes o de Emmanuel Carrère o de Françoise Sagan, por ejemplo, en algunos casos. Sin embargo, todas ellas poseen una cualidad nada fácil: una voz propia.

-Ahora que tiene más tiempo, ¿piensa dar el salto a la ficción?

-Excepto algún cuento poco memorable escrito en mi tierna juventud, luego sólo he publicado textos sobre la edición y nuestros autores y colegas.

-¿Qué será la fiesta del 50 cumpleaños que dará el 26 de septiembre en Barcelona?

-Un encuentro feliz con tantos autores, colaboradores, editores, libreros, periodistas y amigos.

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