Andrea Melendo, Millennium Butterfly

Natación

La sevillana de 14 años irrumpe con fuerza en la natación española y acude a los I Juegos Europeos.

Andrea Melendo da una brazada de mariposa en uno de sus entrenamientos en el Club Natación Mairena.
Andrea Melendo da una brazada de mariposa en uno de sus entrenamientos en el Club Natación Mairena.
M. Lozano · J. De La Huerga

14 de junio 2015 - 05:02

Paola, chica buena, aguarda a su hermana en el borde de la piscina del CN Mairena. Ella, recién hecha la primera comunión, también nada y verá en la mayor un modelo al que seguir. Andrea Melendo Romero (26-07-2000, Sevilla) nació con el siglo en este nuevo milenio y va camino de convertirse en una mariposista de época, aunque en una edad tan temprana toque también los otros tres estilos. Millennium Butterfly (La mariposa del Milenio) podía titularse un relato sobre la precoz y brillante carrera deportiva de esta risueña deportista que habla con desparpajo en la cafetería de su club mientras la tímida Paola la escucha sin pestañear, absorta.

Antes de la sesión fotográfica, una tropa de infantería se entrena en la pileta junto a una de las grandes promesas de la natación nacional; después, toma el relevo otro regimiento de chavales en esta piscina anexa al Polideportivo Marina Alabáu, ilustre vecina de la localidad aljarafeña -aunque residente desde hace tiempo en Tarifa- y primer oro olímpico sevillano. Un pueblo acuático: vela y natación.

Andrea es un portento no sólo deportivo. "No bajo de notables y sobresalientes", afirma orgullosa sobre su expediente académico de Tercero de la ESO. Pero, sobre todo, tiene sobre los hombros un coco privilegiado, fuera de lo común a los 14 años. "Mi padre tiene una cabeza bien amueblada y es él quien me guía y me enseña", prosigue esta sirena conocida por su entrenador, Emilio García, por el apodo de canija por su complexión física. Sus virtudes llegan al punto del estajanovismo a la hora de estudiar y nadar: "Me levanto a las seis de la mañana, vengo a la piscina y entreno de 06:45 a 08:00, voy de 08:30 a 15:00 al instituto, almuerzo de 15:00 a 15:30, vuelvo al club para nadar de 16:00 a 18:00, de 18:30 a 19:15 estoy en el gimnasio, llego a mi casa cerca de las 20:00, estudio, ceno a las 21:30 y me acuesto alrededor de las 22:30". Cae rendida en la cama.

Habitual en las concentraciones de la Federación Española en Sierra Nevada y en Sant Cugat, Andrea acude con el equipo nacional a Bakú para los pioneros Juegos Europeos que comenzaron el viernes. Competirá el 23 en 200 mariposa y el 25, en 100, junto a su amiga y referencia a corto plazo, la malagueña Carmen Balbuena, un año mayor y con unas marcas que asombran y que tienen sitio en la parte noble del ranking nacional absoluto. "Tenemos muy buena relación. Cuando no la conocía, me daba vergüenza por si pensaba que qué hacía hablándole, pero es muy buena persona y nos llevamos fenomenal", asegura la hispalense, quien por supuesto tiene en un pedestal a Mireia Belmonte, "aunque en las distancias cortas se agobia cuando muchos niños le pedimos autógrafos", y a Judit Ignacio, que en su día también irrumpió con fuerza en la mariposa siendo una cría.

Al contrario que otros niños, Melendo no ha catado el alcohol -"¡qué asco!", suelta haciendo una mueca con la cara-, ni ha pasado aún un control antidopaje, pero sabe que en su categoría, júnior, ya los están haciendo en citas importantes. Tampoco, pese a los golpes de la vida y a la exigencia del deporte de alto nivel, ha visitado nunca a un psicólogo, "aunque resulte extraño".

En Azerbaiyán, donde España viajará para competir en natación con dos equipos promesas (chicos nacidos en el 97 y el 98, y chicas del 99 y de 2000), Melendo vislumbra que "hay opciones de meterme en la final y acercarme a las medallas, pero para subir al podio tengo pocas posibilidades". Sueña con los ojos abiertos con "ir al Mundial júnior de Singapur en septiembre y por supuesto con los Juegos, pero para Río queda muy poco y hay que pensar en Tokio, entonces tendré 19 o 20 años".

No es ninguna locura que lo consiga por sus marcas como mariposista: "En 50 tengo 28,6; en 100, 1.02, y en 200, 2.15". El sacrificio lo lleva por bandera y no sólo por nadar 80 kilómetros de lunes a sábado, sin contar las mañanas, cuando los entrenamientos son de volumen -50 cuando las semanas son más tranquilas-, sino por su capacidad de trabajo, un sello que lleva adscrito al ADN: "Trabajando aquí me veo como el resto, pero en algunas series me da la sensación de que a la gente no le gusta trabajar de verdad y yo en cambio si no lo hago me siento mal después. No me gusta ir mal en las sesiones de trabajo. Soy una curranta".

También el estrés pasa factura: "Hay veces que me agobio porque cuando vengo de concentraciones largas con la selección, vuelvo a clase y no me entero de nada; también estudio inglés porque la lié en Israel cuando me entrevistaron y no me enteraba. Y he tenido malos momentos en la piscina. Además de cuando me quitaron el oro en Israel al descalificarme por un mal viraje, una de las primeras veces que nadé un 200 mariposa en un Nacional (Cádiz 2012), no lo tenía muy controlado, quería medalla, y me pegué mucho a una chavala que me sacaba un montón. A falta de 100 metros no podía más, me dio un ataque, llamaron al médico y todo, lo pasé muy mal".

Muchos piensan que para crecer, mejorar, alcanzar la élite, hay que emigrar a sitios con centros de alto rendimiento. Ni por asomo está de acuerdo la joven de Mairena del Aljarafe: "Estoy segura de que no es necesario, a no ser que mi club me diga que no tiene más medios para que yo progrese. Aquí tengo más que en Sant Cugat o que en Granada porque el apoyo de los compañeros no es el mismo y no me siento sola. Incluso con el entrenador, con otro no sería igual".

En su cuenta de Twitter proliferan los mensajes de motivación: "Cuando estoy concentrada con la selección, me gusta leerlos y no pensar uy, cuánto me queda, me estoy muriendo. Se me hace muy largo estar fuera, lo llevaba muy mal y eso me ayudaba a salir adelante". Un clásico de los nadadores es ir con cascos antes de competir... "Escucho de todo, pero suelo poner alguna de chunda chunda, como dice mi padre, porque motiva, el reggaeton está bien", apunta la sevillista Andrea, que usa el cerebro como un ordenador en las pruebas: "Si es un 200 voy pensando que tengo que dar 25 brazadas si salgo desde la pared y 23 o alguna menos si es desde arriba".

Stop a la grabadora y la educada Andrea devuelve la cortesía del agradecimiento por la entrevista. Paola, que no ha abierto el pico en este rato, sonríe al ver que se marchan ya y zanja la cita: "Es muy buena hermana".

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