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Valverde, el eslabón más débil

  • La continuidad del técnico queda en entredicho tras la debacle en Liverpool

  • Se le acusa de traicionar el estilo de fútbol control azulgrana

Valverde sigue el fútbol agachado en el estadio de Anfield durante el desastre de su equipo contra el Liverpool. Valverde sigue el fútbol agachado en el estadio de Anfield durante el desastre de su equipo contra el Liverpool.

Valverde sigue el fútbol agachado en el estadio de Anfield durante el desastre de su equipo contra el Liverpool. / EFE

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La continuidad en el banquillo del Barcelona de Ernesto Valverde, con contrato hasta 2020, vuelve a aparecer como un enorme interrogante, después de la debacle de los barcelonistas en Liverpool.

La profunda crisis que ha originado la eliminación, que se suma a una de similares características el año pasado contra el Roma, han puesto en el centro de la diana a algunos jugadores, pero especialmente a Valverde, cuyo respaldo en el vestuario y directiva es posible que se resientan por la erosión que ya ha empezado a producir este nueva hecatombe.

En el Barcelona no se espera que haya ningún movimiento brusco para evitar causar más males mayores con vistas a la final de la Copa del Rey, aunque todo queda a expensas de la reacción que pueda tener el aficionado este fin de semana en el Camp Nou, donde el Barça pondrá punto final a la temporada en su estadio.

El año pasado trascendió que un sector de la directiva había sentenciado a Valverde tras caer en Roma, donde los azulgrana acabaron eliminados por una derrota en Italia por 3-0 tras el 4-1. A pesar de aquel manifiesto malestar, ya que los argumentos se concentraban en que a Valverde le venía muy grande el banquillo del Barça, el conjunto azulgrana reaccionó de la mejor forma, al sentenciar la Liga y recoger un doblete en la final de la Copa del Rey contra el Sevilla. Pero el Madrid enlazaba su tercera Copa del Europa seguida en cuatro años.

Con el nuevo curso, más que Valverde y la directiva, acabó siendo el nuevo primer capitán del equipo, Lionel Messi, tras el adiós de Iniesta, quien marcó el camino del grupo en el presente campeonato, obtener la que denominó como "la linda Copa".

A Messi, que realizó un más que gris partido, poco o casi nada se le puede reprochar en la Liga de Campeones, pues ha empujado a los suyos y ha llegado con sus goles donde otros siguen estancados. Luis Suárez lleva un solo gol en dos años. Hasta el fatídico partido de Liverpool, el Barcelona había sido un equipo solvente en la Champions. Primero de grupo y llevándose con amplitud los octavos y los cuartos ante Lyon y Manchester United, respectivamente. Pero como contra la Roma, al Barça de Valverde se le ha achacado cobardía para medirse contra un Liverpool que amenazaba con ser un torbellino.

La apisonadora que pasó en Anfield sobre el Barcelona no fue ninguna sorpresa, ya que en la ida hace una semana en el Camp Nou pasó algo parecido, con la única diferencia que el Liverpool fue del todo ineficaz ante Ter Stegen y Messi acabó haciendo lo de siempre: echarse al equipo a la espalda.

Para la vuelta, Valverde repitió once y filosofía: "Tenemos que atacar. Pensar en tener el control es un error, porque es lo que ellos esperan", sentenció el preparador en la víspera. Se le volvía a dar una patada al libro de estilo del Barcelona. Valverde presumió que el Liverpool no iba a permitir que el Barcelona desplegase su juego de control, como habitualmente intenta la totalidad de sus rivales.

Igual que en la ida, dotó de músculo el centro del campo, con la alineación de Arturo Vidal, quien acabó siendo uno de los mejores del Barça en Anfield, y envió al banquillo a Arthur, un medio centro que sabe darle pausa al fútbol azulgrana con el que pretende tener el control desde la medular. Así, Valverde propuso un pulso contra un especialista en este estilo de fútbol intenso de ida y vuelta, como es el Liverpool de Klopp.

En la ida, sólo se salvó el resultado, mientras que en la vuelta, al grupo de Valverde no le valió de nada pretender igualarse en músculo con su rival, e intentar a la desesperada recuperar el control del partido con la incursión en el último tramo de Arthur. No obstante, el Barça tuvo casi media docena de claras ocasiones de gol. A Valverde se le ha tachado de haber traicionado el estilo y el método del Barça y contar con la complicidad no sólo de la directiva, sino del responsable de la confección del primer equipo, Pep Segura.

Los resultados lo han aguantado todo, especialmente gracias a Messi, pero ahora en el segundo tropiezo en Europa, el dolor por la humillación del 4-0 parece que no se va a quedar sólo en otro mal día.

El técnico del Barça aparece como el eslabón más débil en la decepción que abraza a la entidad, al achacársele cobardía en partidos de mucha altura y por alejamiento de la filosofía futbolística azulgrana. En esta tesitura, Valverde no se encuentra solo, pues la directiva con su elección y renovación ha avalado al técnico como un preparador capaz de llevar al club a las más altas cotas de éxito.

Hace media docena de temporadas, una grave crisis en el vestuario padecida por Luis Enrique llevó al entonces presidente en funciones Josep Maria Bartomeu a atajar la oleada de indignación en el club con el adelantamiento de elecciones. Al final, el Barça hizo un triplete y Bartomeu barrió con una mayoría absoluta inapelable. Concurrió el ex presidente Joan Laporta, que ya anunciaba ayer su deseo de que haya comicios para presentarse de nuevo.

Ahora, a Bartomeu sólo le quedan dos temporadas, sin poderse presentar a la reelección, y deberá calibrar cómo reconduce la crisis, pues tiene visos de ser bastante más rotunda que la del año pasado, tanto la que observe en el exterior como en su junta.

El manual de supervivencia de una directiva siempre apunta a cortar por el eslabón más débil, pero a su favor también están algunos golpes de efecto de Bartomeu que han acabado por convencer a la mayoría de la parroquia azulgrana, sin llegar a sacrificar al entrenador.

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